domingo, 19 de diciembre de 2010

Novio a la vista: Verano del 14

A principios del siglo XX, en España, las familias adineradas se iban de veraneo a la playa con la intención de disfrutar de las vacaciones, alternar con otras familias de su misma condición social, cotillear y criticar, e intentar buscar buenos partidos para sus hijas casaderas. En 1914, en la playa de San Sebastián, la madre de Loli, una joven de 15 años, le pone un bonito vestido de “persona mayor” y la lleva a las fiestas de sociedad para intentar emparejarla con Fernando, un prometedor ingeniero. Pero Loli prefiere seguir jugando a los espías con su pandilla de todos los años, en especial con su amigo Enrique, un chico de su edad, también de buena familia, que tiene que estudiar para los exámenes de septiembre. Novio a la vista es una de las primeras y menos conocidas películas del gran Luis García Berlanga, uno de los realizadores más importantes e influyentes en la historia de nuestro cine, recientemente fallecido, como todos sabéis. Se estrenó en 1954, dos años después de la emblemática ¡Bienvenido, Míster Marshall!. El cine de Berlanga siempre ha retratado con gran ironía la sociedad española a lo largo de todo el siglo XX, con guiones llenos de ingenio (tuvo que sortear la censura franquista en muchas ocasiones) y humor negro, contando frecuentemente con la colaboración del hiperrealista Rafael Azcona, fallecido hace dos años. Sus películas suelen ser comedias corales y enloquecidas o tragicomedias costumbristas. A pesar de reconocer su gran calidad y su maestría en el manejo de la cámara y los diálogos, he de confesar que su estilo me agobia. Me marean sus escenas características con tanta gente hablando al mismo tiempo y saliendo y entrando de habitaciones, sin que aparentemente ocurra nada relevante. En realidad, por debajo de todo esto hay una sutil e inteligente crítica social, así que mi opinión es totalmente subjetiva y no hay que tenerla en cuenta para nada. Las únicas pelis de Berlanga que me gustan son ¡Bienvenido, Míster Marshall! (geniales José Isbert y Manolo Morán), y Novio a la vista (no, no me gusta El verdugo, y no he visto Plácido ni Calabuch), cintas en las que se aprecian todas las características de este director, pero no de una forma exagerada, y su humor en apariencia es bastante blanco e ingenuo, tal vez por eso me gustan, porque no me va mucho el humor negro. Novio a la vista presenta también una crítica a la sociedad española de principios del siglo pasado, a su puritanismo e hipocresía, en plan de comedia ingenua y en mi opinión bastante divertida. La fotografía, la ambientación y el carácter en cierto modo infantil e incluso ñoño del guión nos trasladan con gran acierto a la época que retrata. A mí me parecía estar viendo un film de los años 30, y no de 1954. Es como un viaje en el túnel del tiempo en clave cómica y burlesca. También hay escenas muy corales, con interpretaciones de grandes actores como Julia e Irene Caba Alba o José Luis López Vázquez. Son geniales los diálogos cómicos de los personajes adultos, como la crítica de las señoras a una bañista a la cual se le ven las rodillas o a un veraneante que se ha metido en el agua ¡antes de cumplir las 6 horas de digestión! (en mi época mis padres nos hacían guardar 2 horas de digestión y ya me parecía mucho, jajaja). Atención a la familia Peláez, genial también. La pareja de jóvenes protagonistas, Loli y Enrique, está interpretada por Josette Arno y Jorge Vico, que también están muy acertados, aunque se nota que su edad es mayor que la de sus personajes. Creo que Novio a la vista es una película a reivindicar, poco conocida dentro de la filmografía de un maestro, un viaje a otra época y un retrato nostálgico y melancólico de lo que constituye el paso de la infancia a la adolescencia, a una edad ambigua, los 15 años, aunque hoy en día esa transición en nuestros niños-jóvenes se produce mucho antes, creo yo. Pues eso, ved esta película si podéis, perdonadme por criticar a Berlanga, y no hagáis caso de mis opiniones, que ya sabéis que son muy raras.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Las vidas posibles de Mr. Nobody: Paradojas temporales

En el año 2092, el mundo ha experimentado grandes revoluciones a nivel científico. Una de ellas es la regeneración celular (o algo así), que provoca que la gente siempre se mantenga joven y nadie pueda morir de vejez: es la casi inmortalidad. Sólo queda un hombre en todo el mundo que está a punto de morir de viejo: Nemo Nobody, que va a cumplir 118 años y pasa sus días en una clínica, donde es atendido por un psiquiatra para estudiarle e intentar ayudarle con sus lagunas de memoria. Un día, un periodista se cuela en su habitación con la intención de entrevistarle. Nemo empieza a contarle su vida, desde que nació, en 1975, pero no es una existencia normal y corriente, ya que se compone de varias vidas paralelas que han ido cambiando continuamente, según las decisiones que tomase en cada momento. Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr. Nobody), es el tercer largometraje del director belga Jaco Van Dormael, tras Totó el héroe (1991) y El octavo día (1996), bonita película sobre la amistad entre un ejecutivo estresado, interpretado por el gran Daniel Auteuil, y un hombre con síndrome de Down (inmenso Pascal Duquenne). El cine de Van Dormael está lleno de imágenes oníricas y realismo mágico. En Mr. Nobody esta ambientación fantástica está presente en todo el metraje, envolviendo nuestros sentidos y nuestro entendimiento (bueno, nuestro entendimiento más bien lo nubla, porque llega un momento que no te enteras de nada), con cambios continuos de lugar, tiempo y vida, historias que no sabemos si son reales, ficticias o soñadas, mucho romance y mucha ciencia ficción. Las decisiones que Nemo adopta ya desde pequeño, influirán en los distintos caminos que tomará su vida siendo adolescente y adulto, pero se nos presentan todos estos caminos, y no sabemos cuál es real, o si lo son todos. A lo largo de estas vidas paralelas le acompañan sus tres posibles parejas: la rebelde Anna, la atormentada Elise y la dulce Jeanne, interpretadas, respectivamente, por Diane Kruger, Sarah Polley y Linh Dan Pham (en su versión adulta, porque también aparecen de pequeñas y de adolescentes). Y Nemo en su versión adulta es el guapísimo Jared Leto, que además de guapo, es muy camaleónico, y que ha sido secundario en grandes producciones como Alejandro Magno o El señor de la guerra y prota en films más indie como Réquiem por un sueño o El asesinato de John Lennon, donde engordó 20 kilos por lo menos para interpretar al desquiciado Mark Chapman. El argumento de Las vidas posibles de Mr. Nobody, con tantos saltos y dimensiones, es una gran paranoia, pero a mí esas rarezas me encantan, así que me gustó mucho la peli, con su fotografía luminosa, sus escenas oníricas e hipnóticas, y su ambientación de una sociedad futura surrealista en plan Un mundo feliz. Hay viajes a Marte, expansión y contracción del tiempo y el Universo, ángeles en el limbo de los niños… fantasía y ciencia ficción en estado puro. Recomendada para los que les gustaron El efecto mariposa y Olvídate de mí.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Héroes: Aquel verano de los 80

A veces, ves una película que sabes que no es especialmente buena, pero que te produce emociones, te hace soñar, y sales del cine con otra visión de la vida, pensando que has visto una obra maestra, aunque nadie la calificaría así, pero te da igual, la magia del cine te ha hecho, no sólo evadirte, sino que te ha removido algo por dentro. Eso me pasó hace 2 semanas cuando vi Héroes, una cinta española, concretamente catalana, yo diría que cien por cien catalana, ya que ha sido rodada en catalán y por aquí la hemos visto doblada al castellano. Su director es Pau Freixas, que realizó en 2004 Cámara oscura, thriller juvenil ambientado en un barco, con Silke y Unax Ugalde, y que la verdad es que me pareció muy aburrido. También es uno de los directores de Los misterios de Laura, serie de tv donde María Pujalte interpreta a la versión femenina-hispana del detective Colombo, y que nunca he tenido el gusto de ver. Con estos antecedentes del director, la verdad es que era un poco para echarse a temblar, menos mal que no sabía quién era antes de ver la peli (en realidad fui atraída por el trailer, como tantas veces). La acción comienza en una carretera por la que va conduciendo un ejecutivo estresado, que tiene que llegar a una reunión de trabajo, y no hace más que hablar por el móvil con su secretaria. Tras un incidente bastante cómico, se ve obligado a recoger a una chica que va andando tan tranquila con su mochila, y con ella tendrá que continuar el viaje por un tiempo, un viaje lleno de peripecias y contratiempos. Paralela a esta historia, sucede otra, sin nexo aparente entre las dos; es la historia de Xavi, un chico de 12 años que se va con su familia a pasar el verano, como acostumbran, a un pequeño pueblo en la costa de Cataluña. Allí vuelve a reunirse con sus amigos, su pandilla de las vacaciones. Es un verano de los 80, y los chicos van a participar en una carrera de vehículos, contra otras bandas del pueblo, para conseguir el trofeo más preciado: la cabaña que concede los deseos. Lo malo es que sólo son 4 en el grupo, y necesitan uno más para participar en la prueba. En torno a este argumento tan infantil se desarrolla una historia de amistad, problemas familiares, primeros amores, y nostalgia, mucha nostalgia ochentera. Hay referencias y guiños a películas juveniles de aquel tiempo como Los goonies, Cuenta conmigo, ET, y también se inspira mucho en Verano azul, esa serie que a todos nos encantaba en mi época y que empezamos a odiar cuando nos dimos cuenta de que no paraban de reponerla en Tve. En la bso destacan las dos canciones más emblemáticas de Alphaville, Big in Japan y Forever young, que ya sé que es muy típica, pero que me hace flotar cada vez que la escucho. Los actores niños están todos fabulosos. Yo destaco a Marc Balaguer, que interpreta a Colo, un personaje absolutamente genial, cómico y carismático, y que además es clavado a Corey Feldman, uno de mis ídolos ochenteros. En el reparto hay nombres conocidos, como Emma Suárez, Lluís Homar, Nerea Camacho (a la que vimos sufrir tantísimo en Camino, y cuyo personaje recuerda a la Bea de Verano azul), y también están Eva Santolaria y Àlex Brendemühl (qué trabajito me ha costado escribir el nombre). Estos últimos interpretan a los dos viajeros de la historia que sucede en la actualidad. Es muy divertida la relación entre estos dos personajes, debido a sus caracteres opuestos y a la inevitable química que se desarrolla entre ellos. El guión está escrito por el propio Pau Freixas y por Albert Espinosa, guionista y dramaturgo especialista en retratar personajes con minusvalías físicas y psíquicas de una forma totalmente natural, sin hacer hincapié en sus discapacidades, y de hecho, hay un personaje con síndrome de down, Roth, que cumple estas características y que también está fantástico. La película tal vez no sea nada del otro mundo; tal vez sea sólo un film simpático, con protagonistas entrañables, y a ratos una historia bastante ñoña. Pero a mí me ha emocionado, me ha tocado la fibra sensible y me ha hecho soñar. Quizá es por la época que retrata, porque yo soy hija de los 80, y claro, la nostalgia siempre te puede. No sé muy bien por qué, pero me ha encantado esta cinta con estilo de film teen ochentero americano, con influencias de Verano azul, de road movie, y algunos giros en el guión. Para mí es toda una joyita inesperada en la cartelera.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Agnosia: Luces, sombras y desenfoques

En la Barcelona industrial de finales del siglo XIX, un importante fabricante de lentes ópticas, llamado Prats, ha inventado un sistema que podría ser revolucionario para la industria del armamento, pero decide no usarlo por los peligros que conlleva. Su hija, Joana, tiene una extraña enfermedad llamada agnosia, que consiste en que su mente no interpreta bien la información visual y auditiva que recibe, así que, aunque ve y oye, la información le llega “distorsionada”. Unos conspiradores intentan aprovecharse de este trastorno, confundiendo los sentidos de la joven en un complot para averiguar el secreto del invento de su padre. Agnosia, como Los ojos de Julia, la última peli que comenté, es el segundo trabajo de su director; en este caso el realizador es Eugenio Mira, cuya ópera prima, The birthday, estrenada en 2004, es toda una rareza dentro del cine español. Es una mezcla de comedia y film de terror surrealista, con reparto casi enteramente anglosajón o americano, y donde la acción sucede dentro de un hotel. Yo la vi en dvd, ni siquiera sé si en España llegó a los cines, y tampoco recuerdo que me gustara demasiado, pero sí que se sigue con curiosidad. Lo mejor es que el prota es el muy carismático Corey Feldman, vieja gloria del cine juvenil ochentero (Los goonies, Jóvenes ocultos)…, al que me alegré de volver a ver después de tanto tiempo. Volviendo a Agnosia, me he dado cuenta de que tiene más puntos en común con Los ojos de Julia: las dos son thrillers oscuros en los que la heroína es vigilada y perseguida y sufre lo suyo con su discapacidad visual-sensorial. Pero ahí termina el parecido, porque Agnosia no es tan claustrofóbica ni asfixiante como Los ojos de Julia. A pesar de ser un dramón de misterio gótico, me pareció bastante luminosa y romántica; supongo que es por la ambientación de época, por la protagonista, la maravillosa Bárbara Goenaga, que siempre hace de heroína frágil (su primera aparición en la película es totalmente de princesita Disney), y porque uno de los pilares del argumento es el triángulo amoroso entre la joven heredera, su prometido y un criado recién llegado a la mansión. El prometido de Joana, Carles, está interpretado por Eduardo Noriega, uno de los actores más odiados del cine español, aunque a mí me parece muy creíble y convincente en sus papeles, pero mis opiniones son muy raras, como ya sabéis. Vicente, el joven sirviente y punto de discordia en la trama amorosa, es Félix Gómez, actor que me encanta desde que lo vi hace unos 10 años en el culebrón juvenil Al salir de clase. A mí me gustó bastante la peli, aunque no sé si recomendárosla porque al parecer no le ha gustado a nadie. Se nota su factura televisiva (está producida por Tele 5), pero a mí eso no me importa; pasé un buen rato de evasión en una Barcelona decimonónica y oscura, con malos que conspiran en la sombra y amores ocultos. Eso sí, no sé si está muy bien reflejado el trastorno de la agnosia. Hay un documental muy interesante de 2006, Más allá del espejo, de Joaquín Jordá, que habla sobre esta enfermedad, entrevistando a personas que la padecen, pero yo sigo sin entenderlo muy bien.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Los ojos de Julia: Adentrándose en la oscuridad

Julia presiente que algo malo le ha ocurrido a Sara, su hermana gemela. Hace seis meses que no habla con ella, pero decide viajar hasta su casa, acompañada por Isaac, su marido, para ver cómo se encuentra. Cuando llegan allí, descubren que Sara se ha ahorcado. Sara tenía una enfermedad degenerativa que la había dejado ciega, y había sido operada, pero al parecer la operación había salido mal y no había podido recuperar la vista. Tal vez por eso se suicidó. Pero Julia no cree que su hermana se suicidara, piensa que la han asesinado, así que se pone a investigar para averiguar la verdad. Lo malo es que Julia tiene la misma enfermedad que Sara, y también está perdiendo la visión. Y mientras intenta averiguar qué le pasó a su hermana, se va adentrando literalmente en un mundo de sombras… Los ojos de Julia, película producida por Guillermo del Toro, es la segunda obra de Guillem Morales, director que en 2005 sorprendió con su ópera prima, El habitante incierto, en círculos más o menos alternativos, que la consideraron una obra innovadora e inquietante. A mí me pareció un plomo absurdo. El protagonista es un hombre al que un día se le cuela alguien en la casa, y tiene la impresión de que se ha quedado viviendo dentro, pero no puede encontrarlo. Después, él hace lo mismo con la casa de los vecinos, se cuela dentro y se queda allí escondido, espiando, pero sin motivo ninguno, y así todo el tiempo (claro, es que son casas de dos plantas, en mi casa lo encontraría rápido…) Luego pasan más cosas, pero ni siquiera me acuerdo. Los entendidos dicen que es muy buena. Opino que Los ojos de Julia es mucho mejor, afortunadamente, y que Guillem Morales ha evolucionado bastante. Eso sí, te tiene que gustar Belén Rueda, porque está hecha para su total y absoluto lucimiento, en un papel muy habitual últimamente en ella: el de heroína doliente y sufridora. A mí no me vuelve loca Belén Rueda, pero me parece que lo hace bastante bien; en ocasiones está un poco sobreactuada, pero la verdad es que te la crees y llegas a pasar miedo y sufrir con ella. La película es bastante efectista, se apoya mucho en los sustos y abusa un poco de las escenas de tensión super-emocionantes. Creo que eso es un defecto del cine actual, sobre todo del cine español, lo he visto en series de tv recientes: todas las escenas no pueden ser super-emocionantes, a veces hay que bajar un poco el ritmo, porque si no, te acabas cansando de tanta adrenalina. Una de las mejores secuencias es la del momento en que Julia descubre a su hermana muerta, estás todo el tiempo en tensión aunque ya sabes lo que va a pasar. Hay otras escenas que, en mi opinión, son demasiado macabras; todo el mundo habla de la parte del vestuario femenino, pero yo creo que es demasiado de peli de terror sin venir mucho a cuento. Hay momentos de claro homenaje a El silencio de los corderos, y eso está muy bien, pero no cuando esos momentos se repiten unas cuantas veces. Por otro lado, el film tiene un arranque muy potente; te mantiene hipnotizado y con la intriga: ¿qué pasará?, ¿se quedará ciega Julia?, ¿quién la persigue?, ¿quién será el malo? Lo malo es que luego todo va decayendo, hasta convertirse en un thriller normal y corriente de… no puedo decir la palabra, sería un spoiler tremendo, qué pena. Nuestra heroína está secundada por muy buenos actores, como Lluís Homar, que interpreta a Isaac, su marido, y que está magnífico. Este hombre siempre hace totalmente creíbles sus papeles, da igual que haga de marido sufridor, de escritor melancólico, o de Papa histórico siniestro. También sale Julia Gutiérrez Caba, que interpreta a Soledad (nombre muy apropiado), vecina de Sara. Hay otros vecinos siniestros cuyas intervenciones parecen de película setentera de serie b. Y también un tal Pablo Derqui, que para mí es el más flojillo, no le veo ningún carisma. De todas formas, a pesar de sus altibajos, merece la pena ver este thriller claustrofóbico, agobiante, con aire de melancolía y soledad, pasarlo mal con Julia, y entrar en su mundo de tinieblas.

sábado, 30 de octubre de 2010

La cinta blanca: El pueblo de los niños siniestros


En 1913, justo antes de que estalle la Primera Guerra Mundial, en un pequeño pueblo en el norte de Alemania, empiezan a ocurrir una serie de extraños accidentes a algunos de sus habitantes. Nadie sabe quién los ha podido provocar. La voz en off del Maestro del pueblo nos va contando toda la historia. La vida en esta comunidad se rige por una estricta educación basada en la doctrina luterana, propia del lugar y de la época. El que manda allí es el Barón, que vive con su mujer, hijos y criados, en su palacio, en torno al cual se estructura toda la vida del pueblo, en plan sociedad feudal. Otras personalidades importantes son el Administrador, el Médico y por supuesto el Pastor, o Reverendo, o como se diga, la autoridad moral del lugar. Los demás son campesinos en su mayoría, que viven bajo la sombra y la protección del Barón. En las familias, casi todas numerosas, claro, los niños son sometidos a una férrea disciplina, en especial en la familia del Pastor, en la que vemos a sus seis hijos sufriendo esta dura educación. A veces llevan una cinta blanca como recordatorio de la pureza y la obediencia que tienen que alcanzar, pero aquí no hay nada de pureza. Todo el tiempo se respira un ambiente de represión y violencia contenida. Ves a los niños andando en grupo por la calle, todos rubios y silenciosos, e inmediatamente te acuerdas de la peli El pueblo de los malditos o Los chicos del maíz. Son niños siniestros, y algunos están muy desquiciados, sobre todo los hijos del Pastor (no me extraña, con ese padre), y sobre todo la hija mayor, todo un ejemplo de niña diabólica. También vemos en las mujeres los efectos de esta sociedad represora, asfixiante y machista; todas vestidas de negro, con el pelo recogido y apariencia austera, excepto la Baronesa, que curiosamente es el personaje más libre, el que más puede decidir sobre su destino. La cinta blanca es una película de Michael Haneke, director austríaco, y fue nominada a los últimos oscars en la categoría de Película extranjera. Éste es el único motivo por el cual decidí verla, porque la verdad es que el cine de Michael Haneke no me atrae mucho. En sus films suele criticar el modo de vida de la sociedad actual, a través de personajes atormentados e insatisfechos, con un estilo crudo y seco, y con violencia, no explícita, pero muy desasosegante. Una de sus obras más conocidas es Funny games, de la que él mismo hizo el remake americano, y dicen que es tremendamente dura y agobiante, aunque no se muestre la violencia directamente. Hay muchos espectadores a los que les fascina este tipo de cine. A mí tanto sufrimiento no me mola, pero he de decir que me llevé una grata sorpresa con La cinta blanca. Me pareció una película muy buena, donde se muestran la represión, odio y venganza de una forma muy, muy sutil, a través de los diálogos y también de los silencios. Recuerda mucho al cine clásico nórdico (además está rodada en blanco y negro), siempre tan austero, minimalista y tenebroso. Hay todo tipo de maltratos y castigos físicos y psicológicos, y nunca los vemos, pero la violencia verbal es tremenda; yo me quedé sobrecogida con algunas de las frases que se dicen en determinados momentos. Los únicos personajes buenos y de mente sana son el Maestro y su prometida, la joven e inocente Eva. Su relación es como un soplo de aire fresco en medio de tanta corrupción oculta. Todos los demás son personas oscuras, débiles o con secretos inconfesables. Cuando salta la noticia de que ha empezado la Gran Guerra (la Primera Guerra Mundial), parece como si todos los pequeños dramas cotidianos hubieran explotado en un gran desastre mundial. Los críticos y espectadores dicen que esta película describe el germen del nazismo. A mí no me sugiere exactamente eso, sino más bien el odio reconcentrado producido por una forma de vida tan castradora que sólo podía conducir a una cadena de venganzas, y en la que todos, hasta los personajes más terribles, son también víctimas. Aunque no tengo intención de ver el resto de la obra de Michael Haneke, sí que os recomiendo esta peli, ya que es bastante fascinante, aunque se pase un poco mal viéndola.

martes, 12 de octubre de 2010

West Side story: Romance, música y bandas callejeras

Nueva York, años 50 ó 60. En la zona del West Side, hay una lucha constante entre dos bandas por el dominio de las calles: los Sharks, emigrantes puertorriqueños, y los Jets, nativos anglosajones del lugar. Sus líderes son Bernardo y Riff, respectivamente. Las dos pandillas se odian a muerte y todos son jóvenes pendencieros delincuentes. Un día, en un baile, se conocen y se enamoran María, la hermana de Bernardo, y Tony, gran amigo de Riff y antiguo líder de los Jets, que dejó la banda y ahora vive integrado en la sociedad. Se avecina la tragedia. Y todo esto entre bailes y canciones, porque West Side story es un drama romántico musical, estrenado en 1961 y dirigido por Robert Wise y Jerome Robbins. Robert Wise fue un prolífico realizador cuya obra se extiende desde los años 40 hasta el mismo año 2000, abarcando todo tipo de géneros, con películas como Ultimátum a la Tierra, The haunting, Sonrisas y lágrimas, La amenaza de Andrómeda o Star Trek. Jerome Robbins, bailarín y coreógrafo, se encargó de las escenas de música y baile, ya que además fue el creador del musical de Broadway en el que se basa. Todos dicen que la historia está inspirada en Romeo y Julieta, por eso de los enamorados pertenecientes a familias o grupos enemigos. Yo diría que es un dramón clásico romántico, con un tema universal pero actualizado para la época en que se rodó la peli, en un entorno de delincuencia juvenil, inmigración y denuncia social, una denuncia muy hollywoodiense, porque lo más destacado en la peli es la parte musical, que es fantástica. Los números de baile se suceden a lo largo del argumento y son muy variados: unos recuerdan a los musicales de los 50, como Cantando bajo la lluvia o Siete novias para siete hermanos, con saltos y acrobacias. Otros son más latinos, en las escenas en que cantan los puertorriqueños (sí, el famoso “I like to be in America”), con mucho vuelo de faldas. Otros bailes son de estilo muy vanguardista para la época, muy de los 60. Las canciones de la pareja romántica son más clásicas, en plan Julie Andrews (de hecho, hay una, “I feel pretty”, que la canta María, y yo creía que era de Sonrisas y lágrimas), y son también muy famosas: “María”, “Tonight”… Los enamorados, Tony y María, están interpretados por Richard Beymer, actor poco conocido, y la guapa Natalie Wood, la única estrella de la cinta. Su historia es la base del argumento, y los dos están muy convincentes, con sus miradas profundas, pero me parecen una pareja un poco ñoña, debe ser por sus canciones, que son algo cursilonas, la verdad. Por cierto, al cantar les doblaron, bueno, a ellos y a todos. Ésta es una película para el lucimiento de los secundarios, cuyas intervenciones tienen mucha fuerza y colorido. Bernardo, el jefe de los puertorriqueños, es George Chakiris, galán guapo y moreno de los 50 y 60 (a mi madre le encanta). La novia de Bernardo, Anita, es Rita Moreno, otra morena de carácter. Ambos se llevaron el oscar a actor y actriz secundarios. Riff, el líder de los Sharks, es Russ Tamblyn, fantástico bailarín y actor con carisma, que también salía en Siete novias para siete hermanos. Todos los secundarios realizan escenas de baile realmente impresionantes. El film barrió en los oscars de 1961, llevándose diez, entre ellos el de mejor película y mejor director. West Side story es un musical clásico y moderno a la vez, con una banda sonora que se queda en la memoria, bailes espectaculares y ambientación urbana, oscura o colorista, según el momento. A mí me gusta mucho y la recomiendo, pero sólo para los que les gusten los musicales. Si odiáis cuando los personajes dicen tres o cuatro frases y se ponen a cantar, ésta no es vuestra peli.

viernes, 1 de octubre de 2010

Black rain: Mafia japonesa

Nick Conklin es un rebelde y duro policía de Nueva York que no está en su mejor momento: se acaba de divorciar y los de Asuntos Internos le están investigando por corrupción. Él y su compañero, Charlie Vincent, presencian un asesinato por parte de un miembro de la mafia japonesa, y cuando le capturan, se les encarga escoltarle de vuelta a Japón. Pero cuando llegan a Osaka, el criminal, Sato, ayudado por sus compañeros mafiosos, se escapa. Ahora Nick y Charlie tendrán que trabajar con la policía japonesa para capturarle, para lo cual se enfrentarán a la yakuza, la peligrosísima mafia de este país, que encima en ese momento está sacudida por una lucha entre bandas rivales. Contarán con la ayuda de Masahiro, un recto y serio policía, que es de los pocos allí que habla inglés, y de Joyce, una mujer americana que dirige un selecto club nocturno. Black rain es una película de 1989, dirigida por Ridley Scott, realizador británico que tiene obras muy variadas: cintas ya míticas, como Alien, el octavo pasajero, Blade runner, Thelma y Louise (películas que soy la única persona del mundo a la que no le gustan), cintas casi míticas como Gladiator (ésa sí me gusta), pelis que no le gustan a nadie pero a mí sí, como 1492, la conquista del Paraíso, La teniente O’Neill, El reino de los cielos, American gangster, o bodrios como Hannibal o Un buen año. La última fue la nueva revisión del personaje de Robin Hood, con el madurito Russell Crowe. En el cine de Ridley Scott es tan importante el ambiente y la estética como la historia, y sus primeras películas se caracterizan por tener un ambiente oscuro, así que Black rain no iba a ser menos. Es básicamente un thriller de diseño, con una historia normalita, pero que destaca sobre todo por su atmósfera, su fotografía y su música. El prota, Nick, es Michael Douglas, que está bastante bien en su papel de héroe-antihéroe-chulesco. Su amigo Charlie es Andy García, en una de sus primeras actuaciones, con un personaje secundario, simpático, a veces un poco cargante, pero bastante carismático. Es el contrapunto al siempre cabreado Nick. Masahiro, el honrado policía japonés, es Ken Takakura, un actor por lo visto muy conocido en Japón (aquí no mucho), y su papel, sobre todo dándole la réplica a Michael Douglas, es bastante decisivo en la trama. Joyce es la guapa Kate Capshaw, que era la prota femenina de Indiana Jones y el templo maldito, y después se casó con Steven Spielberg. Aquí no es que tenga mucho papel, está más bien de florero, pero bueno, las pocas escenas que interpreta las hace bien. El malo malísimo, Sato, es Yusaku Matsuda, al que tampoco conocemos de nada, claro. No es el único malo de la cinta, este papel recae en todos miembros de la yakuza, mafia violenta y brutal con métodos de castigo tan “sutiles” como cortar los dedos a sus enemigos para limpiar su honor. Ésta tampoco es una peli para el lucimiento de los villanos, que son bastante planos, lo único que vemos de ellos es que son muy brutos y hablan en japonés (normal). A mí la verdad es que me gustó la película, y es una de las que pienso que merece la pena conservar, más que nada por la estética, la fotografía de un Japón de diseño, exótico, nocturno y decadente, el ambiente oscuro, propio de la primera época de Ridley Scott, y sobre todo la banda sonora, poderosa y pegadiza, de Hans Zimmer (yo siempre he creído que era de Ryuichi Sakamoto, he estado un montón de años engañada, jo), con ritmos orientales y también con temas vocales en inglés variados, unos tecno y otros más pop. Hay escenas de acción bastante impactantes, sobre todo una que no voy a decir cuál es, que luego siempre me dicen que pongo muchos spoilers, pero todos los que hayan visto el film la recuerdan, sin ninguna duda. Aunque no hay mucha gente a la que le guste esta peli, yo la recomiendo; sí, es un thriller normalito, pero su ambientación, estética y sonido la convierten, en mi opinión, en una obra interesante y original, y tampoco está mal de vez en cuando ver a un actor como Michael Douglas en sus tiempos mozos en persecuciones de motos y repartiendo mamporros a los malos. Para evadirse un rato en plan nostálgico.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Toy story 3: Juntos hasta el final

En 1995 se estrenó Toy story, el primer largometraje realizado por Pixar, productora de animación fundada por John Lasseter, antiguo empleado de Disney. Supuso una revolución porque fue el primer largo de animación realizado enteramente por ordenador. Contaba las aventuras de unos juguetes, pertenecientes a un niño, Andy, que en presencia de los humanos no podían moverse, pero cuando estaban solos podían andar, hablar, pensar, totalmente como si fueran personas. La peli fue un gran éxito, y desde entonces Pixar ha seguido produciendo cintas de animación digital, creando mundos fascinantes cuyos protagonistas son insectos, monstruos, peces, superhéroes, coches, ratas, robots, y personas solitarias. Son películas muy comerciales y también de una gran calidad, emocionantes, entrañables e innovadoras. Pixar nunca decepciona, y ha demostrado estar a la cabeza de la animación mundial, junto con Ghibli, la productora japonesa del genial Hayao Miyazaki. En 2006, los de Disney, que saben mucho, compraron Pixar, y ahora todas sus producciones llevan el sello Disney-Pixar (encima el nombre de Disney va primero, lo que hace la pasta), pero el mérito sigue siendo de Pixar. Toy story 3 es el tercer film y el que cierra la saga de los juguetes. Su director, Lee Unkrich, uno de los realizadores de Monstruos, S.A. y Buscando a Nemo, toma aquí el relevo de John Lasseter, que dirigió Toy story 1 y 2. Andy, el dueño de los juguetes, ha crecido, tiene 17 años, pronto irá a la Universidad, y claro, ya no está en edad de jugar. Su madre, como todas nuestras madres han hecho alguna o muchas veces, le dice que tiene que ordenar y decidir qué hacer con los muñecos. Tras algunas peripecias, nuestros amigos terminan en Sunnydale, una guardería donde conocerán a otros colegas que han sido donados y podrán jugar con más niños. Pero, ¿es Sunnydale un lugar tan idílico como parece? Toy story 3 es una peli magnífica, yo creo que la mejor de la saga. La primera es muy buena porque es la de la idea original, la segunda me pareció bastante más floja, pero aquí tenemos una auténtica joyita, un equilibrio perfecto entre emoción, comicidad y sentimentalismo (no sensiblería). Volvemos a encontrarnos con los personajes conocidos: el vaquero Woody, líder del grupo, su amigo el astronauta Buzz Lightyear, la vaquera Jessie (que no está tan sobreactuada como en Toy story 2, afortunadamente), el cerdito Hamm, el perro Slinky, los señores Potato, Rex, el tiranosaurio neurótico… y también aparecen personajes nuevos. Los muñecos están muy humanizados y son carismáticos. Hay una fuerte amistad y compañerismo entre el grupo de juguetes protagonistas; también hay relaciones de pareja entre Buzz y Jessie, el matrimonio Potato, y sobre todo es genial la relación entre Ken y Barbie, dos de los roles más conseguidos de la película. Hay personajes con traumas psicológicos, otros que no son lo que parecen, y otros bastante espeluznantes. Hay escenas muy, muy conmovedoras, escenas hilarantes (las transformaciones de Buzz y las pérdidas de distintas partes del cuerpo de los señores Potato), terror, venganza, luchas de poder, y guiños a La gran evasión. Como es lógico, la ambientación es fantástica, se han cuidado los detalles al máximo, y es un prodigio visual y técnicamente; pero lo que convierte a esta cinta en un peliculón es el hecho de que unos dibujos digitales logren transmitirnos tantas emociones, o más, que si fueran actores de carne y hueso. Pixar ha vuelto a maravillarme.

domingo, 29 de agosto de 2010

Que el Cielo la juzgue: Amor posesivo, amor destructivo

Ésta es la historia de una mujer muy, muy celosa, patológicamente celosa. Richard Harland, un joven y famoso escritor, se dirige en tren a pasar unos días en el rancho de un amigo, cuando conoce a Ellen Berent, una mujer de buena familia y belleza cautivadora, y hay un flechazo por parte de los dos. Cuando llegan a su destino, resulta que ambos están invitados al mismo rancho (a ella la espera allí su familia, compuesta por su madre y su hermana adoptiva, Ruth). En los días que pasan juntos, descubren que se han enamorado y deciden casarse rápidamente. Ellen está fascinada con Richard, que tiene gran parecido con su fallecido padre, al que adoraba (ahí ya se nota algo raro, porque era una especie de Electra). Está tan segura de su amor, que rompe el compromiso que tenía con Russell Quinton, un político de carrera prometedora. Después de su boda relámpago, se instalan en el hogar de Richard, pero antes deciden pasar unos días en una bucólica casita que él tiene en el campo, en una propiedad llamada La otra cara de la luna. La vida les sonríe, son felices, ricos y están enamorados. Pero pronto empiezan los problemas. Con ellos está Danny, el hermano pequeño de Richard, al que está muy unido; un muchacho cariñoso, de salud débil y con problemas para caminar. Después Richard invita a la familia de su esposa, pensando que le hará ilusión. Pero Ellen no lo soporta: es tan posesiva que quiere estar sola con su marido, no quiere que haya nadie más con ellos. Está celosa de Danny, de Leick, el encargado de la finca y amigo de Richard, y sobre todo de su joven y guapa hermana Ruth. Su amor es asfixiante y destructivo, y para mantenerlo será capaz de hacer cualquier cosa. Que el Cielo la juzgue (Leave her to Heaven) es una película de 1945, dirigida por John M. Stahl, famoso realizador de melodramas en su época, de los años 20 a los 40. La verdad es que no conozco ninguna de sus otras películas, la única que me suena es Imitación de la vida, dramón de los estados del Sur con tintes raciales que conoció un remake de Douglas Sirk en 1959. Que el Cielo la juzgue es un dramón en technicolor, clásico y psicológico, con componentes de thriller. La estrella de la función es la guapísima Gene Tierney, que está fantástica en el papel de Ellen (fue nominada al oscar), un personaje muy atormentado y complicado, porque es la mala, pero al mismo tiempo nos da mucha pena: cautivadora, fría, desquiciada, obsesionada, psicópata. Richard es Cornel Wilde, galán de la época, y también está muy acertado en su rol de sufrido esposo, un personaje también con una evolución psicológica: hechizado, enamorado, preocupado (cuando descubre lo loca que está su mujer), y también atormentado. Otros personajes importantes son Ruth, la chica buena de la peli, interpretada por Jeanne Crain, y el inquietante y ambicioso Russell Quinton, el ex-novio de Ellen, interpretado por el emblemático Vincent Price, en un papel breve, pero importante en la parte final de la cinta. Como es habitual en el cine de esta época, la peli tarda un poco en ir al grano. Comienza como un feliz melodrama romántico, con la descripción de la despreocupada vida de la gente con dinero, con reuniones familiares, paseos idílicos a caballo y bonitos paisajes. Pronto se convierte en thriller y drama psicológico, aunque con un guión algo ingenuo; me hubiese gustado algo más de misterio, pero a Ellen enseguida se le ve el plumero, y a veces el comportamiento de los demás personajes es un poco tonto, la verdad. Pero no deja de ser una peli muy interesante y una joyita para conservar, sobre todo por la fascinante y compleja protagonista-villana. Hay dos frases en el film, pronunciadas por otros personajes, que son las que mejor la definen: “Ellen siempre gana” y “Eres la persona más digna de lástima que conozco”. Lo tenía todo para ser feliz, lo malo es que estaba muy loca.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Con faldas y a lo loco: Travestidos

Con faldas y a lo loco (cuyo sugerente título original es Some like it hot), es una comedia de 1959, dirigida por el prolífico maestro Billy Wilder, uno de los realizadores icono de las décadas de los 40, 50 y 60. Austríaco emigrado a USA, fue toda una institución en el mundo de la comedia clásica americana, sobre todo por sus films con la genial pareja Jack Lemmon-Walter Matthau (En bandeja de plata, Primera plana, Aquí un amigo…). También dirigió dramas románticos agridulces, como Sabrina, El apartamento, Irma la dulce, dramones como El crepúsculo de los dioses, o un drama-thriller judicial, Testigo de cargo, con las super-estrellas Charles Laughton, Marlene Dietrich y Tyrone Power. Muchas de sus películas son colaboraciones con el maravilloso Jack Lemmon, a quien dio uno de sus primeros papeles importantes en Con faldas y a lo loco. Ésta es una comedia de enredo y de confusión de identidades ambientada en los glamourosos años 30, en plena época de gangsters. Los protas son Jack Lemmon y el guapísimo Tony Curtis, que interpretan a Joe y Jerry, dos amigos, músicos de jazz aficionados al juego y a buscarse la vida, que van por todo el país tocando en distintas orquestas. Un día son testigos involuntarios de un tiroteo entre bandas rivales en Chicago, y huyendo de los gangsters, que les han descubierto, encuentran trabajo en una orquesta que va a tocar en Florida. Pero resulta que es una orquesta femenina, así que se tienen que disfrazar de mujeres; a partir de ahora serán Josephine y Daphne. Como es lógico, pasarán grandes apuros para ocultar su verdadera identidad entre tantas chicas guapas, sobre todo cuando Joe-Josephine se enamora de Sugar Kane, la solista de la orquesta, interpretada nada menos que por Marilyn Monroe. Encima, cuando llegan a Florida, tierra de millonarios solteros, uno de ellos, el maduro y simpático Osgood Fielding III, comienza a cortejar a Jerry-Daphne, y Joe, en sus ratos libres, se hace pasar por Junior, un joven adinerado, propietario de un yate y con problemas sexuales, con la única intención de ligar con Sugar. La peli es muy divertida, con diálogos ágiles, típicos enredos, confusiones, alocadas persecuciones, y el humor elegante e ingenuo de la época. El guión, adaptación de una peli alemana, fue hecho por I.A.L. Diamond. Bajo este nombre lleno de iniciales se oculta uno de los mejores guionistas de la época, rumano de nacimiento, que colaboró en muchas obras de Wilder. Pero la cinta también se beneficia mucho de la fantástica interpretación de sus actores. Jack Lemmon lo borda, siempre fue un actorazo en todo, tanto comedia como drama, y aquí está genial haciendo de señorita, a veces recatada, a veces desmelenada. Tony Curtis, uno de los hombres más guapos de todos los tiempos (me enamoré de él en Espartaco), está bastante convincente disfrazado de mujer, y no resulta ridículo, debido a su belleza de rasgos ambiguos, varonil y femenino a la vez. Marilyn también está muy bien en un papel hecho a su medida, glamourosa, guapísima, sexy, ingenua y atormentada por su adicción a los amores frustrantes; parece que se está interpretando a sí misma. Tiene escenas con Tony Curtis subiditas de tono para la época, y se ha hablado mucho de lo tormentoso que fue el rodaje por las depresiones y problemas psicológicos de la actriz, pero viendo la peli no lo parece; resulta todo tan alegre y brillante, como si encajase a la perfección. Otro personaje muy divertido es el millonario Osgood, interpretado por Joe E. Brown, un actor que no conozco de nada, pero sólo con verle la cara ya te partes de risa (es un elogio, es que tiene una cara muy graciosa). Tiene las mejores escenas cómicas de la peli con Jack Lemmon, realmente hilarantes. El mundo de los gangsters está retratado de forma también divertida e ingenua, con los jefes de las bandas rivales, que se llaman (en la traducción al español, que siempre nos resulta más entrañable) Botines Colombo y Pequeño Bonaparte. Botines y Mulligan, el detective que lo persigue, están interpretados, respectivamente, por George Raft y Pat O’Brien, dos de los actores más conocidos del cine negro de los 30-40. Con faldas y a lo loco es una comedia de gags chispeantes, agradable de ver, yo diría que un clásico inolvidable, con una de las frases más famosas de la historia del cine (no hace falta que os diga cuál es, ¿verdad?). Tal vez sea un tipo de humor ya pasado de moda, y hoy en día no nos haga reír a carcajadas, sino sólo sonreír, pero lo prefiero millones de veces al humor grueso y escatológico de las comedias americanas actuales (yo es que tampoco soy muy de comedias, la verdad).

martes, 24 de agosto de 2010

Origen: La arquitectura de los sueños

El domingo 8 de agosto vi en el cine Origen (Inception), de Christopher Nolan, uno de los realizadores más singulares y exitosos del momento, que ha sabido captar el interés del gran público con sus atmósferas oscuras y guiones complejos y enrevesados. Saltó a la fama con Memento, thriller genial y paranoico sobre la amnesia (aunque empezó con Following, film que nadie conoce, yo tampoco); después dirigió Insomnio, con Al Pacino y Robin Williams haciendo de psicópata, El truco final, thriller de magos con Hugh Jackman y Christian Bale, y las dos últimas entregas-precuelas de Batman (tiene previsto rodar más, afortunadamente), Batman begins y El caballero oscuro, las mejores de la saga con muchísima diferencia, con el maravilloso Christian Bale en el papel del héroe murciélago y el fallecido Heath Ledger como un impresionante y desquiciado Joker. Con Origen, Christopher Nolan vuelve al thriller paranoico con un puzzle enrevesado y surrealista, rozando lo paranormal, sobre el mundo de los sueños. El principal prota, Dom Cobb, es un profesional en infiltrarse en el subconsciente de otras personas cuando están dormidos y soñando, y trabaja para empresas que le contratan para, con esta técnica, robar ideas de ejecutivos de empresas rivales. Uno de esos ejecutivos, Saito, le contrata a él y a su colega Arthur para una difícil misión que consiste en hacer lo contrario: implantar una idea en el cerebro del heredero de una poderosa corporación. Es un trabajo muy arriesgado porque, al parecer, no se ha hecho nunca y puede tener consecuencias peligrosísimas en la mente de todos los implicados. Pero, si lo consiguen, además de mucho dinero, Cobb obtendrá lo que más quiere en el mundo, y a lo que no puede acceder por el momento (no voy a decir lo que es, que siempre cuento demasiado de las pelis). Cobb reúne un equipo de especialistas por todo el mundo para realizar la complicada misión, en la que tendrán que descender a los niveles más profundos del subconsciente y se encontrarán con inesperados enemigos. La película me pareció fascinante, con un guión diabólicamente enrevesado, como un rompecabezas o un cubo de Rubik (en mi época, como éramos todos muy naif, le llamábamos el cubo mágico, pero ahora hay que decir “cubo de Rubik”). Es una escalera de caracol que desciende y desciende y gira sobre sí misma. La infiltración en los sueños produce imágenes bastante espectaculares e hipnóticas. La peli es una maravilla para la vista. Hay diseños arquitectónicos que me recordaban a los dibujos del genial MC Escher (no, no es un rapero, buscadlo en internet, flojillos). Cobb, el prota principal, es Leonardo DiCaprio, que ya está consiguiendo que lo vean como un actor serio 13 años después del fenómeno Titanic (yo siempre lo he visto como un actor serio, la gente no sabe que antes de Titanic hizo películas indie poco conocidas). El magnate Saito es el japonés y muy carismático Ken Watanabe (El último samurai, Memorias de una geisha). También está Marion Cotillard, que ganó el oscar haciendo de Edith Piaf en La vida en rosa; aquí interpreta a Mal, una de las principales pesadillas de Cobb. La otra chica de la peli es Ellen Page, la joven sabihondilla de la tremenda Hard Candy y de la comedia Juno, que aquí hace de joven sabihondilla arquitecta de sueños. También salen Joseph Gordon-Levitt, del cual sólo sé que es muy guapo y que era el prota de la comedia romántica 500 días juntos; Tom Hardy, actor que no conozco de nada; el camaleónico Cillian Murphy y sus increíbles ojos azules; el ya entrado en años (y en carnes) Tom Berenger; y en cortos papeles, Michael Caine, Lukas Haas y Pete Postlewaithe; ah, y Dileep Rao, a quien nadie conoce, pero que era el entrañable médium hindú de Arrástrame al infierno (y lo mejor de dicha peli). Origen es una cinta inteligente, fascinadora estéticamente, con un guión muy trabajado y que plantea temas inquietantes. Mucha gente la ha criticado diciendo que es muy comercial y que los sueños son demasiado lógicos, que se atienen demasiado a la estructura de un guión, y que prefieren el mundo onírico disparatado y caótico de David Lynch, donde los sueños no tenían reglas; yo, la verdad, prefiero que haya reglas y lógica, porque al fin y al cabo esto es un thriller y me gusta que me hagan pensar, no como en Carretera perdida o en Inland Empire (de David Lynch las dos), donde el argumento no había por dónde cogerlo, y salí con la sensación de que me habían tomado el pelo. De Lynch me encantan El hombre elefante, Corazón salvaje y Una historia verdadera (las más convencionales), pero es que tiene otros guiones que parece que ni él sabe lo que quieren decir, lo siento por sus múltiples seguidores, que seguro que son mucho más inteligentes que yo.

domingo, 8 de agosto de 2010

Mars attacks!: Divertida invasión alienígena

Mars attacks! es una película dirigida en 1996 por Tim Burton, genial e inclasificable realizador, con sus mundos personales y oscuros, del que no voy a hablar más porque seguro que todo el mundo lo conoce de sobra. Se trata de una comedia ácida e irreverente que narra el intento de invasión de la Tierra, nada menos que por los marcianos, que son unos hombrecillos verdes, cabezones y con muy mala leche. El look de estos extraterrestres está basado en una colección de cromos que se publicó en USA en 1962. La acción comienza cuando aparecen sobre el cielo americano unos platillos volantes (al estilo de los años 50). Los especialistas que trabajan para el Gobierno descubren que vienen de Marte y, tras entrar en contacto con ellos, les preparan un amistoso recibimiento, ya que opinan que llegan con buenas intenciones, para traer el progreso o realizar acercamientos entre razas; nada más lejos de la realidad. La intención de los marcianos es exterminar a todos los humanos y apoderarse de nuestro planeta. Así que en la Tierra se preparan para la lucha. Mars attacks! es una parodia del cine de ciencia ficción de los 50 y una sátira de todos los estamentos de la sociedad americana: políticos, militares, científicos, periodistas, pacifistas, especuladores… Todos son retratados con humor gamberro, corrosivo y en cierto modo infantil, algo que no le resta mérito, al contrario, forma parte del personalísimo estilo del director. A ello contribuye también un reparto de grandes y conocidos actores, que están todos brillantes, cómicos e histriónicos (pero sin pasarse), porque Mars attacks! también es una película de personajes, eso sí, reflejados de forma caricaturesca. El gran Jack Nicholson hace dos papeles, el del presidente de USA (en una interpretación paródica e hilarante) y el de un especulador de terrenos sin escrúpulos afincado en Las Vegas. Glenn Close es la superficial primera dama. Annette Bening es la mujer del especulador, al principio pacifista ingenua, pero después uno de los personajes más “normales”. Pierce Brosnan es el asesor científico de la Casa Blanca, algo ridículo y tontaina. Martin Short es el asistente de imagen del presidente, un personaje más ridículo todavía. Rod Steiger es un asesor militar, el único que desde el principio no se fía de los alienígenas y quiere declarar la guerra. Sarah Jessica Parker es una periodista de modas que parece una parodia anticipada de su personaje en Sexo en Nueva York. Los jóvenes Lukas Haas y Natalie Portman son dos de los personajes “normales” de la historia; Lukas Haas (muy guapo desde su adolescencia, con lo feo que era de niño en Único testigo) es el hijo menor y oveja negra (porque es el único con sentido común) de una familia desquiciada, en la que Jack Black es el hijo mayor, un marine deseando luchar por su patria. Y la siempre guapa Natalie Portman es la rebelde y sensata hija del presidente. Jim Brown (que fue un famoso jugador de fútbol americano antes que actor), es otro de los héroes, un ex-boxeador y ex-delincuente reintegrado en la sociedad. También salen, en cortos papeles, Danny de Vito, Michael J. Fox y Pam Grier. Lisa Marie, modelo de belleza gélida y extraña y en esa época novia de Tim Burton, es una alienígena infiltrada. Y también sale Tom Jones, interpretándose a sí mismo, pilotando, disparando y cantando “It´s not unusual”, genial. Un casting de lujo para una película de humor disparatado y efectos especiales surrealistas; no tiene precio ver cómo los marcianos se cargan a los terrícolas con armas y tecnología impredecibles o cómo se lo pasan en grande destruyendo los monumentos más emblemáticos de USA y el mundo. También es fantástica la banda sonora de Danny Elfman, colaborador habitual de Burton, con sus sonidos espaciales, y repleta de canciones horteras. Mars attacks! es una cinta divertidísima, una patada a la sociedad americana, mundial y extraterrestre, donde los héroes son los perdedores solitarios. Es el reverso oscuro de Independence day (que se estrenó por las mismas fechas); pocos hubieran podido derribar el sistema con tanta ironía y al mismo tiempo conseguir que lo pasemos tan bien.

miércoles, 4 de agosto de 2010

House on haunted hill: La mansión del miedo

House on haunted hill es una película de 1959, dirigida por William Castle, realizador que hizo varias originales y resultonas cintas de misterio y terror en las décadas de los 50 y 60. También fue un empresario que aportó novedosas ideas en el concepto del terror como diversión. Dos de sus películas más conocidas son Los 13 fantasmas y ésta de la que voy a hablar, House on haunted hill; son films de un terror muy naif, muy de serie b, con efectos especiales “caseros” y con la ingenuidad de los años 50. De las dos películas se hicieron remakes, en 2001 y 1999, respectivamente, versiones más elaboradas que las originales, pero que intentan respetar la esencia de éstas. En 1999, Robert Zemeckis, Joel Silver y Gilbert Adler fundaron Dark Castle Entertainment, compañía cuyo nombre es un homenaje a William Castle y que ha producido películas como los dos remakes mencionados, o Barco fantasma, otro film de terror con el mismo espíritu de serie b (por cierto, parece haber pocas personas en el mundo a las que les gusten estas tres películas, pero a mí me encantan). El actor más conocido de House on haunted hill es el gran Vincent Price, todo un icono en el cine de terror de los 50 y 60. Interpreta a Frederick Loren, un excéntrico millonario que decide alquilar la mansión en cuestión para celebrar la fiesta de cumpleaños de su mujer, pero lo hace de una forma muy especial, porque los invitados son cinco personas que no le conocen ni se conocen entre sí, y a los que ofrece diez mil dólares (un pastón para la época) si son capaces de pasar (mejor dicho, si sobreviven) toda la noche en la casa, que tiene un pasado oscuro de asesinatos y fama de albergar espíritus malignos. Vamos, que Frederick Loren está como una cabra, pero peor están los invitados, que aceptan la propuesta, unos por el dinero y otros porque son escépticos y así pueden demostrar la teoría de que los fantasmas no existen. Así que se reúnen todos allí con Loren y Annabelle, su mujer; a las 12 de la noche se cierran las puertas y ya nadie podrá salir. ¿Lograrán sobrevivir a los espectros de la casa encantada? La película es una mezcla de thriller y terror de espíritus, con efectos especiales muy, muy artesanales: esqueletos de plástico, fantasmas que se pasean sobre raíles… Los personajes están muy definidos, cada uno con sus peculiaridades. Loren y su esposa se odian a muerte (literalmente), y sus diálogos cínicos y corrosivos son de lo mejor de la cinta. Hay una pareja medio romántica, compuesta por la chica buena, a la que le dan los peores sustos y hay que rescatarla todo el tiempo, y el valiente y atractivo galán. Hay un personaje bastante desquiciado, que es el dueño de la casa y uno de los invitados a la extraña fiesta, y que está todo el tiempo relatando crímenes de los que ha sido testigo en la mansión, entre ellos el de su propia esposa. También hay un psiquiatra escéptico, que quiere demostrar la teoría de la histeria, o algo así, y una periodista que quiere escribir un artículo sensacionalista. La peli es ingenua, simplona, y cutre técnicamente, pero tiene el encanto y la originalidad de lo antiguo. Yo me lo pasé muy bien con los esqueletos de juguete y los fantasmas de atracción de feria (atención al tanque de ácido que está en el sótano de la casa, que da pie a escenas macabras y delirantes). Los actores, exceptuando a Vincent Price, no son muy conocidos (aunque me suena el nombre de Elisha Cook), pero destaco a la guapísima Carol Ohmart, que interpreta a Annabelle y está fantástica en su papel de esposa-enemiga. El remake que se hizo 40 años después, en 1999, parte del mismo argumento, pero tiene más elementos en la trama y resulta más compleja y perversa. El papel del millonario (de apellido Price, en honor a Vincent Price), y su mujer, llamada aquí Evelyn, lo interpretan magistralmente Geoffrey Rush y Famke Jansen. Más que un remake, se puede considerar un homenaje, con carácter de serie b y estética de los 90, una película que me parece genial, pero de eso ya hablaré otro día.

viernes, 30 de julio de 2010

Eclipse: Triángulo adolescente sobrenatural III

El 10 de julio vi en el cine Eclipse, la tercera entrega de Crepúsculo (Twilight), una saga tan odiada por el público normal como amada por los adolescentes y por mí (y dos o tres amigos cuarentones como yo con alma de adolescentes). Crepúsculo es una serie de libros de fantasía y romance, escrita por Stephenie Meyer, que ha hecho furor entre el público juvenil. Cuenta la historia de amor entre la humana Bella y el vampiro Edward; los dos tienen 17 años, pero Edward tiene 17 años desde 1917, la fecha en que fue convertido, así que se mantiene igual de joven y, como todos los vampiros, es inmortal y guapísimo (sólo hay una forma de matar a los vampiros, pero creo que a estas alturas todo el mundo lo sabe, así que no lo voy a explicar otra vez). La saga literaria consta de cuatro novelas: Crepúsculo, Luna nueva, Eclipse y Amanecer. Las tres primeras ya han sido adaptadas al cine y sólo queda Amanecer, que como es un libro bastante extenso, se va a dividir en dos partes (la segunda, que me parece magistral, va a ser especialmente complicada de adaptar, tengo unas ganas tremendas de ver cómo lo hacen). En Eclipse vuelve a cambiar el director: en Crepúsculo era Catherine Hardwicke, en Luna nueva Chris Weitz, y aquí es David Slade, quien anteriormente realizó dos oscuras cintas: la vampírica 30 días de oscuridad y la sorprendente y muy inquietante Hard Candy. Eclipse, al igual que las dos entregas anteriores, y para deleite de los fans, refleja muy fielmente la novela. Hay algo más de acción que en Crepúsculo y Luna nueva y es aún más romántica y melosa que éstas. Se refuerza el triángulo amoroso entre Bella, Edward y el tercero en discordia, Jacob, el joven indio licántropo. Bella y Edward están tan enamorados como siempre, pero hay algún punto de desacuerdo entre ellos porque lo que más desea Edward es casarse con Bella, y lo que más desea Bella es que Edward la convierta en vampira, y luego está por ahí Jacob metiendo cizaña y sembrando un poco de duda en Bella. Un culebrón, vamos. También está la amenaza de Victoria, la malvada vampira pelirroja, que quiere vengarse de Bella porque la considera responsable de la muerte de James, su también malvado compañero vampiro, muerte que sucedió en la primera parte cuando Edward y su familia salvaron a Bella del ataque de James; total, que Victoria está creando un ejército de jóvenes vampiros para matar a nuestra heroína. Al igual que en el libro, hay varios flashbacks que relatan las historias de Rosalie y Jasper, dos de los hermanos adoptivos vampiros de Edward, y de la tribu de indios licántropos, los quileute. La familia de vampiros de Edward y los indios hombres lobo se unen para proteger a Bella, aunque son enemigos desde hace siglos. La peli tiene acción y fantasía, pero no nos engañemos, más que nada es una historia romántica para muchachas adolescentes. La mayoría de las escenas son conversaciones entre dos o más de los tres miembros del triángulo amoroso, fundamentalmente para decirse lo mucho que se quieren y para que Bella se decida entre el pálido vampiro o el super-musculoso hombre lobo. La peli llega a ser un poco pesadita en este aspecto, incluso para mí, que soy fan, así que para los no fans debe resultar insoportable (supongo que los no fans que la hayan visto habrán ido arrastrados por sus novias y los pobres lo habrán pasado fatal). Reconozco que me parece la parte más flojita de todas, pero como es igual que la novela, tampoco me decepcionó. Sigo pensando que hay un error de casting en los protagonistas masculinos. Edward es demasiado hierático y acartonado, y eso que Robert Pattinson es un actor muy guapo, pero en su caracterización se han pasado con los polvos de talco; y con Jacob (Taylor Lautner) simplemente se han pasado con los anabolizantes. Como siempre digo, la mejor es Bella, que en el libro resulta un personaje un poco cansino en su languidez, pero en la pantalla Kristen Stewart refleja su carácter con gran naturalidad, sin sobreactuar (aunque nadie estará de acuerdo conmigo, claro). También es muy buena la parte en que hacen acto de presencia los Vulturis, los guardianes del mundo vampírico, que tienen tanto poder como mala leche. En Eclipse sus apariciones son breves (sólo en dos escenas) pero intensas. No sale, como en Luna nueva, el fantástico Michael Sheen, pero sí la maravillosa Dakota Fanning, que borda todo lo que hace. También sale, en un breve papel, Jodelle Ferland, la inquietante niña de Tideland y Expediente 39. No creo que el film decepcione a los seguidores de la saga, pero los no seguidores, mejor absteneos, ¿para qué vais a pasar un mal rato? Espero con impaciencia Amanecer, sobre todo la segunda parte, porque la primera, francamente, también es muy romanticona.

sábado, 24 de julio de 2010

La niebla: Horror en el supermercado

Imagínate que vas un día a comprar al Mercadona y no puedes salir porque afuera hay un montón de cucarachas gigantes y otros bichos rarísimos deseando comerte. Ésa es la premisa de La niebla (The mist), basada en una novela corta de Stephen King, el maestro de la literatura de terror (en España le pusieron a la peli el título de La niebla de Stephen King, que vende más). La película está dirigida por Frank Darabont, que tiene experiencia en adaptar a King, ya que dirigió Cadena perpetua y La milla verde, que no son obras de terror sino dramas carcelarios; aunque La milla verde tiene un punto fantástico, ambas son melodramas de estilo clásico y donde lo sentimental tiene mucho peso. Ahora Frank Darabont se atreve con una historia de puro terror, tanto físico como psicológico, ciencia ficción y denuncia contra el propio ser humano. La historia comienza un día cualquiera en un pequeño pueblo de Maine (Stephen King siempre sitúa sus novelas en esta zona de la América medio profunda, porque es de allí). Los protas principales, David Drayton, un exitoso dibujante, y su hijo Billy, de 9 ó 10 años, van a comprar al supermercado del pueblo; ha habido tormenta con rayos y truenos, y después aparece una densa niebla que lo cubre todo. David y Billy se quedan atrapados dentro del supermercado junto con todos los empleados y clientes que estaban allí en ese momento. El pueblo está en estado de emergencia y nadie puede salir de sus casas, porque afuera hay algo, algo que no se ve por la niebla, pero que si sales te mata. Pronto se descubre lo que es, así que esto no es ningún spoiler: son bichos gigantes, con antenas y tentáculos, que se comen a la gente. Así que la película juega primero con la ambigüedad, cuando no se conoce la naturaleza del peligro exterior, y después pasa directamente al horror de efectos especiales, cuando nos muestra a los extraños seres asesinos. Pero también hay un componente de terror psicológico, que viene dado por las propias personas que están dentro del supermercado, y que viene a reforzar la teoría de que los seres humanos pueden ser peores que cualquier amenaza externa. Los personajes se dividen rápidamente en buenos y malos; los malos están liderados por la señora Carmody, la gran villana de la historia, una fanática religiosa obsesionada con el Apocalipsis y el Dios del Antiguo Testamento. Está interpretada por Marcia Gay Harden, actriz siempre maravillosa, en papeles secundarios o principales, en cine independiente o comercial, y que aquí está absolutamente fantástica con los ojos desorbitados, hablando de castigo divino y de expiar los pecados de la humanidad. El protagonista, David, es Thomas Jane, actor también conocido en circuitos independientes, y que era el prota principal de El cazador de sueños, otra muy buena adaptación de Stephen King. Su hijo, Billy, es Nathan Gamble, un niño al que no conocemos de nada, pero que también lo hace muy bien. Después hay otra serie de personajes muy carismáticos, entrañables o siniestros. Destaco a Amanda, la otra heroína de la peli, interpretada por Laurie Holden, y a Ollie, el bondadoso encargado del super, encarnado por el maravilloso Toby Jones. Algunas críticas dicen que hubiera sido mejor no mostrar a los bichos directamente para así mantener el suspense y que no fuese una película típica de terror gore, pero yo no estoy nada de acuerdo. No creo que la trama se hubiese podido sostener tanto tiempo sólo con el suspense. Además, el hecho de que veamos a los monstruos nos permite presenciar un fantástico alarde de imaginación y efectos especiales, ya que son seres realmente aterradores y fascinantes. Otro elemento inquietante de la historia es la ambigüedad moral y en el destino de los personajes; otra de las obsesiones de Stephen King es la religión, y aquí se presenta de una forma intencionadamente sutil y ambigua, de tal forma que te hace incluso dudar de lo que al principio parecía tan claro. La niebla no es sólo un film de terror gore, aunque tenga algunas escenas impactantes en este aspecto, sino que también te hace reflexionar y plantea controversias ecológicas, sociales y morales. También tengo que destacar la melodía que se escucha al final, una hipnótica canción que sirve de apoyo a un final que me dejó clavada en el asiento.

lunes, 12 de julio de 2010

La mosca: El hombre insecto

La última peli de la colección de cine de terror de El País que me quedaba por ver es La mosca (The fly), de David Cronenberg, un realizador canadiense, autor de muy inquietantes cintas de terror y suspense, en las que plasma sus extrañas obsesiones, tales como la transformación física de los cuerpos, la visión de la carne humana y animal, y la fusión entre lo orgánico y lo mecánico (vamos, unas cosas muy raras). Es un cine bastante malsano y perverso, con obras que varían mucho en calidad (en mi opinión), ya que algunas son peliculones como La mosca, otras son films muy interesantes como la muy inquietante y psicológica Inseparables, y otras son bodrios sin sentido como ExistenZ, aburrida fábula futurista de realidad virtual, o Crash (no confundir con la que ganó el oscar a mejor película en 2004, que ésa está muy bien), una peli que a los entendidos y a las mentes retorcidas les encanta, porque hay que ser retorcido para que te guste una historia de personajes que se excitan sexualmente con ¡los accidentes de tráfico! (hay gente para todo). Como veis, Cronenberg es un director muy rarito, pero La mosca es una de sus películas más “convencionales”, dentro de lo que cabe, y yo creo que a todos los amantes del cine de terror nos resulta bastante fascinante y sobrecogedora, incluso hoy en día (la peli se estrenó en 1986). Cuenta la historia de Seth Brundle, un brillante científico que ha inventado una máquina para teletransportar objetos y seres vivos de una cápsula a otra. Tras algunos intentos fallidos de resultado espeluznante y otros ya con éxito, decide hacer la prueba con él mismo, y lo consigue, pero más tarde descubre que una mosca se había metido con él en la máquina, con lo cual, al realizar la teletransportación, su cuerpo se ha fusionado genéticamente con el del insecto. Seth sale de la máquina aparentemente normal, pero conforme pasan los días y las semanas vemos su transformación gradual en un extraño ser, una especie de monstruo con aspecto alienígena, tamaño humano y comportamiento de insecto, vamos, un bicho horrible. Cronenberg no se corta a la hora de mostrarnos la degradación del cuerpo del científico en su metamorfosis, así que veremos cómo se le caen los dientes, las orejas y el pelo, cómo anda por las paredes y el techo, y cómo come, vomita un líquido blanco y vuelve a comer (no sé si las moscas lo hacen así, la verdad es que no he tenido el gusto de observarlo). Son escenas bastante asquerosillas, pero el conjunto merece mucho la pena, porque Cronenberg nos transmite los sentimientos del protagonista, su obsesión con sus investigaciones, su euforia inicial, ya que al comienzo de su transformación se siente muy fuerte e hiperactivo, y sobre todo logra que empaticemos y sintamos pena por él al ver el monstruo en el que se está convirtiendo. También hay una historia de amor con Veronica Quaife, una periodista a la que conoce cuando le entrevista acerca de sus experimentos, y que le intenta ayudar; ella es la auténtica heroína del film. Un gran acierto de la peli es su actor principal, Jeff Goldblum, en uno de sus primeros papeles importantes. No podían haber encontrado un actor que se pareciera más a una mosca ya desde su apariencia humana, con sus ojos saltones y expresivos; además, al principio de su transformación está en la cumbre de su atractivo, luciendo músculos, cuando empieza a desarrollar su fuerza sobrehumana (después está horrendo con un fantástico maquillaje obra de Chris Wallas). Geena Davis (gran actriz, también de ojos saltones, que en aquella época era pareja del propio Jeff Goldblum) interpreta a Veronica, y también está muy acertada en su papel y muy guapa, por cierto. En la peli sólo hay tres personajes importantes; el otro es el tercero en discordia, Stathis Borans, jefe y ex-novio de Veronica, un personaje medio capullo y al principio medio villano, interpretado por John Getz, que también lo hace muy bien, porque logra que nos caiga fatal, que también es lo que se pretendía. La mosca es un remake de otra cinta del mismo título y de 1958, aunque lo único que tienen en común es la idea inicial, la de la teletransportación y la mosca que entra en la máquina al mismo tiempo que el científico, ya que el resultado de la fusión es distinto; en La mosca de 1958 la transformación se produce inmediatamente, y consiste en un intercambio de cabezas y brazos entre la mosca y el científico (también es una película impactante y fascinadora, aunque con la ingenuidad de su época). La mosca de Cronenberg es un film de terror físico y psicológico, con escenas gore y angustia existencial, opresivo, gótico y oscuro. Una alegoría sobre los peligros de la ambición y la ciencia sin control. Una joya del cine de terror de los 80 que resulta igual de impresionante en la actualidad.

The blind side: Meloso melodrama deportivo

The blind side, de John Lee Hancock, es uno de los 10 films que fueron presentados este año al oscar como mejor película, y ésa es la única razón de que yo haya ido al cine a verla, siguiendo mi absurda costumbre de ver todas las películas nominadas en esta categoría. Es también la cinta por la que Sandra Bullock ha ganado el oscar a mejor actriz, interpretando a un personaje real en este azucarado (melo)drama deportivo y familiar. Pues sí, ésta es una peli basada en hechos reales, algo que mola mucho a los americanos, y encima cuenta una historia de superación, que todavía les mola más. Es la historia de Michael Oher, apodado Big Michael por su gran tamaño, un joven afroamericano de origen marginal y familia desestructurada que es admitido en una escuela de alumnos de clase media-alta mediante un proyecto de integración, o algo así, pero lleva mucho retraso en su educación y el pobre no puede seguir los estudios, ni relacionarse con la gente, y vive prácticamente en la calle. Entonces conoce a Leigh Anne Tuohy, una diseñadora de éxito, madre de familia pija, rica, republicana y cristiana, que acoge a Michael en su casa; todos los miembros de la familia le aceptan como uno más y le ayudan para darle una oportunidad en su educación, en su vida y en su carrera como jugador de fútbol americano. Y ésta es básicamente la película: todos muy buenos, felices y perfectos, ayudando al pobre muchacho, que consigue integrarse en la sociedad, ir a la Universidad y convertirse en una estrella del deporte (el sueño de cualquier americano que se precie). El argumento es bonito y debería ser muy conmovedor, sobre todo teniendo en cuenta que es una historia real, ya que resalta el hecho de que todavía hay personas buenas en el mundo, que ofrecen su ayuda desinteresada y todo eso, pero yo es que soy muy cínica y tanta dulzura y bondad me empalagan. Las opiniones sobre esta peli están divididas: a algunos les ha encantado por ser una obra de interés humano, y otros opinan que es una película con buenas intenciones, pero que no impresiona y se olvida poco después de haberla visto. Yo, en cambio, sí que la recordaré: la recordaré por lo empalagosa que es. Aunque tal vez “empalagosa” no sea la palabra adecuada, ya que tampoco se recrea en la lágrima fácil ni en el drama, y eso es de agradecer, pero tiene unos cuantos toques de humor americano-amable-repelente que, en mi opinión, chirrían bastante. Chirría Sandra Bullock, como casi siempre. La mitad de la gente alaba su gran actuación y la otra mitad dice que simplemente está correcta; yo creo que está tan repelente como siempre y que le han dado el oscar porque tendrá muchas influencias en Hollywood y para agradecerle que esta vez no haya hecho una de sus horribles comedias románticas (como Loca obsesión, por la que ha sido nominada este mismo año al razzie). Sí, no hace muchas muecas, pone cara seria, y hace un cambio de registro con un papel de pija de carácter enérgico, y realiza una buena actuación en la escena en la que les canta las cuarenta a sus amigas sacadas directamente de Sexo en Nueva York, pero tanto como para darle un oscar… no sé yo. Chirría toda la familia: el padre bondadoso, la hija adolescente pero también bondadosa y que no se deja influenciar por sus amigas, y sobre todo el niño graciosillo y super-repelente. Son los Ingalls del siglo XXI (aunque La casa de la pradera me encantaba; yo es que soy así de contradictoria). También chirría Kathy Bates, que interpreta a la profesora particular de Michael, gran actriz pero a la que le tira mucho lo sentimental. El único que no me chirría es el prota, Michael, interpretado por un tal Quinton Aaron, que está muy acertado y bastante conmovedor en su papel de gigante maltratado por la vida, con cara de gorrioncillo abandonado y estatura de 1’90 m. (me recuerda a la también nominada Precious, aunque ésa es más dramón). En fin, que es fantástico que ocurran estas cosas en este mundo deshumanizado de hoy en día, y la verdad es que al final sales con buen rollito del cine, y es de agradecer que haya películas con historias felices en vez de las tragedias de siempre, pero este film es tan chirriante, tan… americano, que a ratos me resultaba un poco insoportable, qué le vamos a hacer.

lunes, 21 de junio de 2010

El retrato de Dorian Gray: Belleza perversa

El sábado 12 de junio vi en el cine El retrato de Dorian Gray (Dorian Gray), nueva versión de la novela del gran Oscar Wilde, archiconocido autor inglés del siglo XIX, famoso sobre todo por sus obras de teatro cómicas y románticas donde retrataba con gran ingenio e ironía la sociedad aristocrática de la época. El director de la película, Oliver Parker, ha adaptado en otras ocasiones a Oscar Wilde, en Un marido ideal y La importancia de llamarse Ernesto. El retrato de Dorian Gray, una de las obras de Wilde más conocidas, es una novela oscura y tenebrosa, con un fuerte componente filosófico y moral. El protagonista, Dorian Gray, es un joven aristócrata de belleza angelical que, tras haber vivido siempre en el campo, vuelve a su Londres natal tras haber heredado una gran mansión. Pronto entra en contacto con el círculo social más selecto y conoce a Lord Henry Wottom, un noble con una filosofía de vida bastante cínica y amoral, que le introduce en la vida más nocturna y decadente de la ciudad. Dorian pasa de ser un chico tímido e ingenuo a un vividor ávido de placeres y emociones fuertes, una especie de playboy victoriano. También conoce a Basil Hallward, un talentoso pintor que le hace un retrato; de alguna manera, por alguna especie de causa sobrenatural que no se llega a explicar, Dorian se da cuenta de que no envejece y mantiene siempre intacta su belleza, mientras que el retrato es el que refleja el paso de los años y las huellas de su estilo de vida corrupto y degradante. Vamos, que él es todo el tiempo joven y guapo, por muchos excesos que cometa y muy mala vida que lleve, mientras que el cuadro se va convirtiendo en un monstruo horrendo, así que Dorian lo tiene que esconder en el desván para que nadie lo vea.

Como de costumbre, todo el mundo ha puesto la película a parir, diciendo lo de siempre, que no se adapta ni refleja el espíritu del libro (esto me suena a dejà vu), y como siempre, a mí me ha gustado. No he leído la novela, así que supongo que no tengo ni idea de lo que estoy hablando, pero yo creo que éste es un Dorian Gray modernizado. Durante todo el metraje asistimos a la evolución del personaje, su corrupción, la pérdida de su inocencia, de orgía en orgía y de bacanal en bacanal (pero todo muy light, que esto no es Calígula de Tinto Brass), llegando incluso al asesinato, y también vemos la confusión de su alma atormentada. Después viene una parte que parece puro terror gótico de la Fantastic Factory, y eso no le gusta a la gente, pero a mí me parece muy bien. El punto más débil del film son algunos de sus actores, empezando por el protagonista, Ben Barnes, el príncipe Caspian de la segunda entrega de Las crónicas de Narnia. Es un chico guapísimo, muy adecuado para un papel secundario en una peli de aventuras, pero como protagonista absoluto en un papel que se supone que es complejo, ambiguo y atormentado, no da la talla, y no es capaz de reflejar todos los matices de su oscuro personaje. Los que están fantásticos son Colin Firth, en el papel del corrupto Lord Henry (este hombre está creíble en todo lo que hace) y Ben Chaplin como Basil, el atormentado pintor, dicen que alter ego de Oscar Wilde. La parte romántica la ponen la guapa Rachel Hurd-Wood y Rebecca Hall, que interpretan a las dos mujeres importantes en la vida de Dorian. Rebecca Hall es otro error de casting, no pega nada físicamente con Dorian Gray, y no hay quien se crea su historia de amor, aparte de que el personaje por lo visto no está en el libro, se lo han sacado de la manga. A pesar de los fallos de casting y de guión, me pareció una peli muy entretenida, con imágenes bastante hipnóticas, una moderna adaptación de un fascinante thriller psicológico de época.

sábado, 19 de junio de 2010

La heredera: Amor, lujo y tristeza

La heredera (The heiress), es una película de 1949, dirigida por William Wyler, uno de los realizadores estrella de las décadas de los 40-50, que hizo producciones de muy variados estilos: épico, dramático, romántico… Ésta es una cinta de género romántico y dramático; está basada en una novela de Henry James, Washington Square, y fue adaptada al teatro antes que al cine. La historia está ambientada a mediados del siglo XIX, en USA, y la protagonista es Catherine Sloper, una rica heredera, que está a punto de abandonar la juventud, y a pesar de codearse con la alta sociedad neoyorkina, no encuentra pretendiente, debido a que es muy tímida, poco agraciada y le cuesta relacionarse con los demás, a pesar de su carácter amable y bondadoso. Encima, su padre, un importante médico, la menosprecia porque no hace más que compararla con su esposa fallecida, a la que tenía idealizada, y claro, la hija siempre sale perdiendo en la comparación con la madre. Total, que la pobre no se halla en el mundo (me recuerda a mí en mi adolescencia). Una noche, en un baile, conoce a Morris Townsend, un atractivo joven, sin dinero ni trabajo, pero buscando un lugar en esa sociedad. Él empieza a cortejarla y la enamora. El padre de Catherine, lógicamente, no aprueba la relación y opina que Morris es un arribista y que sólo va por el dinero de su hija, pero ¿es así o está realmente enamorado? Ésta es una película con nombre propio: Olivia de Havilland, absolutamente fantástica en el papel de Catherine, con sus vestidos negros y tristes, sus peinados sobrios, y su mirada luminosa que refleja toda una gama de emociones: amor, ingenuidad, dolor, odio, satisfacción… Montgomery Clift interpreta al guaperas de Morris, y la verdad es que no me convence mucho; a este chico se le notaba demasiado en la cara la vida interior (y exterior) tan atormentada que tenía, y no creo que le vayan bien los papeles de galán seductor. Lo siento, sé que Monty Clift es un icono, pero yo creo que no da la talla frente al nivel actoral de Olivia de Havilland. El mayor acierto de su interpretación, y el de William Wyler, es la ambigüedad y sutileza del personaje, que no nos deja ver claramente sus intenciones, pensamientos ni sentimientos, sino que éstos se van desvelando mediante pequeños detalles. En Catherine, en cambio, todo es transparente, incluso sus cambios, quizá demasiado. Ralph Richardson interpreta al doctor Sloper, el padre de Catherine, un padre despótico, obsesionado con el recuerdo idolatrado de su esposa muerta y causante del complejo de inferioridad de su pobre hija. Un personaje antipático, ambiguo y desdichado. Un carácter débil en una época en que nadie osaba contradecir al cabeza de familia. Otro personaje importante es Lavinia Penniman, la tía de Catherine, interpretada por Miriam Hopkins, que al contrario que el padre, es un personaje simpático y bondadoso, y que, con toda su buena intención, ejerce un poco de alcahueta entre Catherine y su pretendiente. Un papel secundario, pero fundamental en la historia; ves cómo Morris se la camela para que le prepare el terreno con Catherine, pero luego le oyes decir una de las frases más trascendentales de la película, y yo creo que esa única frase constituye un punto de inflexión en la trama y actúa como catalizador en la evolución de la protagonista. Todos los personajes tienen matices, no son planos, sino que tienen sus motivaciones y traumas, sus luces y sombras, como la vida misma. La heredera es una película magnífica, un drama clásico, romántico y muy psicológico, con diálogos inteligentes, donde no todo está tan claro, y que no te deja indiferente.

sábado, 12 de junio de 2010

Legión: El Apocalipsis ya está aquí

El viernes 28 de mayo vi en el cine Legión (Legion), de Scott Stewart, otra película apocalíptica, pero esta vez no es un fin del mundo normal y corriente, provocado por un vulgar virus, ni una guerra nuclear, ni un desastre natural, sino que estamos hablando del mismísimo Apocalipsis, el bíblico, con los ángeles exterminadores enviados por Dios, harto ya de las tonterías de la humanidad. Pero como es un Apocalipsis muy moderno, acorde con los tiempos que corren, no hay ángeles con trompetas ni fuego cayendo del cielo, sino posesiones infernales que convierten a las personas en zombies enloquecidos, y así los propios hombres se matan entre ellos (lo que han hecho siempre, pero ahora más a lo bestia). Pero el arcángel Miguel se rebela contra los designios de Dios y decide intentar salvar a la humanidad. La única esperanza está en una estación de servicio perdida en medio de un desierto (no me acuerdo dónde estaba el desierto, pero era en USA, claro, que la peli es americana). Allí pronto nacerá un bebé que, por alguna razón, es el elegido para salvar el mundo. Miguel tiene que conseguir que el niño nazca y que los zombies enloquecidos y ángeles vengadores no lo maten. Para ello luchará junto con la futura madre, una camarera que no sabe que su hijo será el nuevo Mesías, y otro grupo de personajes que andan por allí, unos porque viven en el lugar, y otros porque son clientes que han quedado atrapados. El dueño de la cafetería, Bob, es el gran Dennis Quaid, actor que con el tiempo ha madurado pero que no lleva el peso de los años tan bien como su ex, Meg Ryan, gracias a lo cual está perfecto en un papel de pobre hombre desencantado de la vida y alcohólico rehabilitado. Su hijo, Jeep, interpretado por Lucas Black, es un joven enamorado de Charlie, la camarera futura madre, y es un personaje bonachón, antihéroe y todo el tiempo con cara de bobalicón, pero cuando empieza la acción se convierte en un luchador que no veas. Charlie es Adrianne Palicki, típica rubia americana de apariencia rústica, que al principio parece perdida y después también es una heroína. Todos los personajes son perdedores y antihéroes. El arcángel Miguel es el maravilloso y carismático Paul Bettany, un hombre que me da muchísimo morbo, además aquí está superatractivo en plan guerrero apocalíptico. También sale Gabriel, arcángel exterminador y antagonista de Miguel, interpretado por Kevin Durand, cuya mayor relevancia son sus escenas de lucha y de diálogo con Miguel, sus grandes alas negras y su cara de malo. Tengo que decir que a mí la peli me gustó, pero creo que soy la única persona del mundo que tiene buena opinión de ella. Todas las críticas y comentarios la ponen a parir; dicen que la realización está llena de tópicos, que el guión es un despropósito y que hay diálogos y momentos que son cómicos sin pretenderlo. El argumento recuerda a Terminator, y eso tampoco le gusta a la gente, aunque yo lo consideraría un homenaje. No es una película para tomársela muy en serio; yo diría que es pura serie b, entretenida y delirante. La mezcla de zombies, ángeles exterminadores y profecías bíblicas chirría un poco, pero eso la hace más original. Me gustó ver a los protagonistas acorralados, en la mejor tradición de John Carpenter, disparando las ametralladoras contra un ejército de poseídos con cabezas giratorias; me gustaron las frases cómicas de Bob dichas en los momentos más surrealistas. También me gustó la idea ambigua de un Dios vengativo y aniquilador en plan Antiguo Testamento, y que el héroe de la peli sea precisamente el que se rebela contra él. Y sobre todo me encanta Paul Bettany, luchando por la humanidad, con cara de duro y de sufridor, en plan Terminator, pero mucho mejor actor que Arnold Schwarzenegger. Yo me lo pasé muy bien viéndola, lo siento por el resto de la humanidad, que no opina como yo, vosotros os lo perdéis, chicos.

lunes, 7 de junio de 2010

Carrie: Pobre chica con poderes

Entre las pelis de terror de la colección de El país, algunas son extraordinarias, como Carrie, film dirigido en 1976 por Brian De Palma, y adaptación de una novela de Stephen King. Este maestro de la literatura de terror ha visto adaptados muchos de sus relatos a la gran y pequeña pantalla, con desiguales resultados. Brian De Palma también es un director muy irregular, capaz de crear obras buenísimas como Los intocables de Eliot Ness, bodrios como Femme fatal, productos interesantes como Misión a Marte o La dalia negra, y películas incomprendidas como En nombre de Caín. Pero Carrie es una obra maestra (en mi opinión, claro). La protagonista, Carrie White, es una adolescente muy tímida y marginada, que sufre bullying o acoso en el instituto por parte de todas sus compañeras, y la culpa de que la pobre sea así es de su madre, una fanática religiosa completamente ida de la olla. Carrie tiene habilidades de telequinesia, es decir, que puede mover objetos con la mente, aunque nadie lo sabe. Tras una serie de acontecimientos, la chica más mala malísima de la clase, Chris Hargensen, es castigada a no asistir a la fiesta de graduación, y como los acontecimientos estaban relacionados con Carrie, decide vengarse gastándole una macabra broma en la misma fiesta… Esta peli contiene una mezcla de géneros. El tramo final, rodado de forma magistral, es puro terror sangriento, pero también hay partes de drama, de cine teen, con el baile del instituto y el mundo adolescente, y un componente muy importante de terror psicológico. El terror psicológico lo trae Margaret White, la madre de Carrie, que sólo con su presencia da miedo, y más cuando habla, con sus citas bíblicas apocalípticas. Una de las madres más pavorosas que se han visto en la pantalla, una auténtica bruja fanática y oscura, interpretada magistralmente por Piper Laurie. Carrie es Sissy Spacek, portentosa actriz de los 70, que con su apariencia frágil y delicada transmite asombrosamente el dolor e ira del personaje. Porque Carrie es como un gorrioncillo, una chica desgraciada y dulce, necesitada de afecto y de integrarse en la sociedad, pero también capaz de manifestar la mayor de las furias vengadoras. La mayor parte de la peli me dio una sensación de gran tristeza. Pero la parte de la fiesta de graduación es la de terror propiamente dicha, y sólo por ella la cinta merece ser incluida entre las obras maestras del miedo. Es una larga escena rodada con técnicas propias de los 70, como la pantalla dividida, y con recursos muy característicos de Brian De Palma, como la acción a cámara lenta mientras suceden varias cosas al mismo tiempo. Una escena prodigiosa, porque los acontecimientos que suceden al mismo tiempo son de naturaleza muy distinta, y van acompañados de una música que refleja perfectamente esos cambios, creando un suspense tremendo, un viaje directo del cuento de hadas al infierno. Además de Carrie y su madre, hay otros personajes, interpretados algunos de ellos por jóvenes promesas de la época: Chris Hargensen, la mala malísima, es Nancy Allen, actriz habitual en los films de los 70 de Brian De Palma, y está perfecta interpretando a una memorable villana, caprichosa, vengativa y viciosa, una auténtica zorra. También sale John Travolta, antes de hacerse superfamoso con Fiebre del Sábado noche, en el papel de Billy Nolan, el novio de Chris, otro de los malos, chulo, macarra y de pocas luces. La chica buena y auténtica heroína de la peli es Sue Snell, interpretada por Amy Irving; y su novio, el bueno y guapo Tommy Ross, es William Katt, que después alcanzaría la fama con la serie El gran héroe americano. Otro personaje importante, el de la señorita Collins, la profesora de gimnasia, una especie de ángel protector o de hada madrina para Carrie, fue interpretado por Betty Buckley (Abby en la serie Con ocho basta). Carrie es una película muy setentera, pero no se ve envejecida hoy en día, y sigue siendo tan impresionante, conmovedora y brutal como entonces. Un macabro cuento de Cenicienta, una joyita irrepetible.

lunes, 31 de mayo de 2010

No profanar el sueño de los muertos: La máquina que fabricaba zombies

No profanar el sueño de los muertos (Non si deve profanare il sonno dei morti), es una coproducción hispano-italiana de 1974, con director español, Jorge Grau, y rodada y ambientada en Inglaterra. Esta mezcla es un poco para echarse a temblar, sin embargo, nos hallamos ante una rara joyita dentro del cutre y olvidable panorama setentero del cine fantástico español; una de esas pelis a rescatar, junto con unas pocas, como las de los templarios de Ossorio y Pánico en el Transiberiano, de Eugenio Martín. Es una cinta del subgénero zombie, y según confesó su propio director, un homenaje a La noche de los muertos vivientes, de George A. Romero. La localización inglesa le da un aire muy british y bastante cool para su tiempo. Además tiene una parte de denuncia ecologista, muy ligada a la mentalidad hippy de la época. La pareja protagonista son un chico y una chica que, sin conocerse, se ven obligados a viajar juntos por la campiña inglesa cuando el coche de ella choca contra el de él. En un ambiente de tranquilidad y bucólicos paisajes, empiezan a suceder cosas extrañas. La chica tiene un encontronazo con una especie de psicópata desquiciado que intenta agredirla, pero lo más terrorífico es que la descripción corresponde con un vagabundo que había muerto unos días antes. Los cadáveres se levantan de sus tumbas y tienen ansia de carne humana. El motivo de este cataclismo, como siempre, es la acción humana; resulta que en la zona están usando una nueva máquina para eliminar las plagas de insectos, que funciona con ultrasonidos, y eso tiene un “pequeño” efecto colateral: los ultrasonidos actúan sobre el sistema nervioso de los muertos recientes, resucitándolos y provocando una furia asesina en ellos. La delirante explicación es que, en los muertos, el sistema nervioso sigue funcionando primariamente por un tiempo. Pero es que ese efecto también se produce en los bebés, ya que su sistema nervioso es todavía rudimentario, o algo así. El argumento es muy surrealista y no hay por donde cogerlo, pero así son todas las pelis de zombies, ¿no? El suspense se va introduciendo de forma magistral en medio de la naturaleza tranquila y silenciosa. Pero cuando empieza la acción, no da mucho miedo que digamos; vista hoy en día, hay escenas cutres y divertidas sin pretenderlo. Reacciones un poco absurdas, persecuciones que parecen improvisadas, y los muertos vivientes van muy despacito, tanto que te preguntas cómo pueden coger a alguien, pero eso es lo normal en las películas de aquella época, también en las del maestro Romero. Recuerdo que echaron esta peli en la tv hace unos 30 años, en el espacio Mis terrores favoritos, de Chicho Ibáñez Serrador. Al día siguiente todo el mundo comentaba lo sangriento que era el film. Y la verdad es que hay algunas escenas gore, con los resucitados descuartizando y comiendo corazones e higadillos, que te revuelven un poco el estómago. El reparto, compuesto tanto por actores españoles como ingleses, está muy a la altura. La pareja protagonista está interpretada por Cristina Galbó, muy guapa y con aire británico, y Ray Lovelock, en un papel de joven hippy idealista. Hay un policía reaccionario y bastante borde, encarnado por Arthur Kennedy. La mejor es Jeannine Mestre, que interpreta a la hermana yonki de la prota, y que está genial con cara de alucinada y ojos desorbitados. En fin, que ésta es una película de culto, un clásico entrañable del género; no pasas mucho miedo viéndola, pero lo pasas bien.