martes 13 de marzo de 2012

Quark, la escoba espacial: Comedia galáctica



Año 2222. Esta vez estamos en un futuro tipo Star Trek, donde son habituales los viajes entre los distintos planetas y galaxias. La base espacial Perma Uno es la que coordina la comunicación interestelar y se ocupa del buen funcionamiento de la galaxia de nuestros protagonistas, encargando las misiones a todos los capitanes de su flota. Uno de estos capitanes es Adam Quark, que está a cargo de la United Galaxy Sanitation Patrol. La misión de esta nave es muy importante, pero no es que tenga mucho glamour, porque se trata de recoger la basura que arrojan los planetas al espacio, y que está por ahí flotando en bolsas gigantes. Vamos, que son los basureros de la galaxia. Pero a Quark le gustaría realizar misiones más peligrosas, para poder demostrar su valentía, y así convertirse en una especie de héroe interplanetario. Y claro, al final siempre se ve envuelto en innumerables (y surrealistas) aventuras, tanto él como su tripulación.


Los miembros de su tripulación son cada uno de un planeta y no tienen desperdicio (nunca mejor dicho): el ingeniero jefe de la nave se llama Gene/Jean, y aunque tiene apariencia de hombre, en realidad es un transmutado, lo cual quiere decir que tiene genes masculinos y femeninos; esto hace que a veces actúe como un machote guerrero, dispuesto siempre a luchar contra terribles enemigos como los gorgons, y otras como una chica coqueta y asustadiza, cuya mayor preocupación es lavarse el pelo. Encima, estos cambios de comportamiento se producen continuamente, provocando el desconcierto entre sus compañeros, que nunca terminan de acostumbrarse. También hay dos gemelas sexys que son las pilotos de la nave, y que responden al nombre de las Bettys, ya que son clónicas y las dos se llaman igual, así que no hay manera de distinguirlas; siempre están intentando ligar con Quark y discutiendo entre ellas, porque cada una dice que es la original y la otra el clon. En el episodio piloto aparecía el oficial científico Obeemud, un viejo impertinente, cascarrabias y con un parche en un ojo, ya que se quedó tuerto tras quedarse dormido mirando por el microscopio (qué gore). Obeemud era el creador de Andy, un robot muy cobarde, siempre preparado para salir huyendo, y construido con piezas de chatarra (uno de mis “personajes” preferidos, absolutamente genial). En el segundo capítulo de la serie ya no estaba Obeemud, aunque no se da ninguna explicación de su ausencia, siendo sustituido por Ficus Pandorata (otro de mis personajes preferidos), un rubito que pertenece a la raza de los vegetons, seres que tienen aspecto humano, pero que en realidad son vegetales. Al ser una planta, Ficus no tiene emociones, vamos, que ni siente ni padece; además, su cerebro almacena un montón de conocimientos (parece una enciclopedia andante más que una planta), y, como no comprende la forma de relacionarse de los humanos, siempre dice la verdad y conceptos como la “diplomacia” no van con él. El responsable de la base Perma Uno, encargado de coordinar todas las misiones de Quark y los demás oficiales, responde al extraño nombre de Otto Palindrome, y es el típico jefe pelota ante sus superiores, algo rastrero, dispuesto a endosarles los problemas a los demás, pero también a adjudicarse los méritos siempre que puede, un personaje tan repelente como divertido. Por encima de él en la cadena de mando espacial está el jefe supremo, la Cabeza, cuyo nombre no es nada metafórico, ya que es realmente una enorme cabeza sin cuerpo, que siempre aparece hablando a través de una pantalla, y en todos los capítulos se lamenta de sus terribles migrañas y termina sus conversaciones con la emblemática frase: “La Galaxia es infinita”.

Quark, que en España tenía el subtítulo de La escoba espacial, era una serie que se emitió en la tv en 1977. No me acuerdo si en España la pusieron ese mismo año, pero mucho más tarde no debió ser, porque la vi en algunas tardes de mi lejaníiisima infancia. Quark era una comedia de situación ambientada en el espacio, una parodia de las sagas de ciencia ficción que tanto éxito alcanzaron en aquella época, como Star Wars y Star Trek. Con sus personajes hilarantes y entrañables, sus “efectos” de cartón piedra, y su humor blanco y surrealista, el entretenimiento estaba asegurado. Entretenimiento en pequeñas dosis, porque los capítulos sólo duraban veintitantos minutos, y porque, desgraciadamente, la serie no alcanzó el éxito esperado y sólo se rodaron 8 episodios. Así que se puede calificar como una miniserie de culto. Yo tenía leves (y gratos) recuerdos de aquellos seres tan extraños y tan divertidos y aquellas historias delirantes, de las cuales, con 8 años, no entendía la mitad. Ahora he podido recuperarla más de 40 años después, y os la recomiendo para sumergiros en un viaje nostálgico al espacio más naif y setentero. Quark es sin duda una dosis de buen rollito, lo cual está muy bien en los tiempos que corren, ¿verdad?

lunes 5 de diciembre de 2011

Eva: Drama cibernético

Hola, amigos, después de todo este tiempo alejada del mundo de los blogs, aquí estoy, escribiendo sobre una de las pelis más originales y emotivas que he visto últimamente en el cine, y que, como muchas de las que me gustan, parece que no ha tenido mucho éxito de público. Esta vez estamos en el año 2041, en el futuro, pero no es un futuro apocalíptico, sino una sociedad como la de I.A. o Yo, robot. La tecnología permite construir robots de apariencia humana y animal, que acompañan a los humanos y realizan todo tipo de tareas. Álex, un brillante ingeniero cibernético, regresa a su ciudad, Santa Irene, después de diez años fuera, dedicado a la investigación. Ha sido contratado por la Facultad de Robótica para llevar a cabo un proyecto revolucionario: construir un niño robot. A su llegada se reencuentra con su hermano, David, que se ha casado con la antigua novia de Álex, Lana. Ellos también son ingenieros cibernéticos, pero no tenían tantas ambiciones como Álex y se “conforman” con dar clase en la Facultad. Álex necesita un niño que sirva de modelo para su proyecto, y elige a Eva, la hija de David y Lana, una niña muy especial con la que pronto surge una gran relación de amistad y complicidad.

Eva es el primer largometraje de Kike Maíllo. Se trata de una película española de ciencia ficción, un género apenas tratado en nuestro cine, así que se agradece que aparezca un título de estas características en el panorama patrio; yo pertenezco al grupo de espectadores que no odia el cine español, al contrario, me gusta bastante, pero a veces está bien descansar de dramas sociales, comedias descerebradas y relatos de la Guerra Civil. Además, es una de estas películas que no parecen españolas, a pesar de que su reparto, equipo y producción son de aquí. Tampoco parece una cinta hollywoodiense. No esperéis escenas de acción; sí hay efectos especiales e imágenes visualmente impactantes que nos muestran una sociedad de tecnología avanzada, con hologramas, superordenadores, y emociones fabricadas artificialmente. También hay bonitos paisajes nevados y un ambiente melancólico. Porque esta película, francamente, es un drama romántico y sentimental. Más que nada tiene estilo de cine europeo, con ritmo pausado (pero no lento ni aburrido, o a mí no me lo pareció), factura elegante y descripción de sentimientos. El prota, Álex, es el muy carismático Daniel Brühl, fantástico, como siempre, y muy creíble como un genio introvertido, melancólico y enamorado. Los otros dos vértices del triángulo amoroso, Lana y David, son Marta Etura, que se luce bastante en un papel de científica-brillante-madre-sufridora-heroína-atractiva y también enamorada, un personaje completito, aunque un poco secundario; y Alberto Amman, que por desgracia, aquí no tiene mucha oportunidad de demostrar su talento, ya que su personaje es un poco flojito, creo yo, y sirve más que nada de apoyo para la trama sentimental. También se agradece la presencia de Lluís Homar, uno de los actores más camaleónicos que hay en el cine español, genial en el rol de un entrañable robot-mayordomo (o algo así), y que incluso llega a eclipsar al mismísimo Daniel Brühl en las escenas que comparte con él. La que no me convenció mucho fue Eva, no porque la actriz que la interpreta, Claudia Vega, lo haga mal, al contrario, está muy acertada, sobre todo en las escenas dramáticas. Lo que no me convence es el propio personaje; se supone que tiene que ser una niña con una personalidad magnética, arrolladora, compleja, y muy madura para su edad, pero a mí me pareció una cría un poco repelente, y entonces me costó más trabajo empatizar con ella. Esta peli no está durando mucho en los cines (en Madrid o Barcelona no sé, pero en mi modesta ciudad provinciana sólo ha estado unas dos semanas). Yo os recomiendo que la veáis, si queréis sumergiros en un relato futurista, intimista, con fotografía espectacular, ambiente gélido y paisajes invernales, máquinas que son más humanas que las personas, y un gato robot. Muy bonita.

sábado 24 de septiembre de 2011

Juego de tronos: Mundos medievales

Esta historia transcurre en una época indefinida, que se parece mucho a la Edad Media, y en un lugar llamado Poniente, un continente formado por siete reinos, donde las estaciones pueden durar años y el invierno es muy crudo y terrorífico. Poniente está separado de los territorios del Norte por un enorme muro de hielo, vigilado por la Guardia de la Noche, para proteger a sus habitantes de los peligros del exterior. Se dice que al otro lado viven los Otros, unos seres espectrales y feroces que caminan por la nieve y devoran a todo el que pillan a su paso (una especie de zombies de leyenda), y que cada vez están más cerca del muro. Pero no es esa la única amenaza que se cierne sobre Poniente. Se avecina una guerra por el gobierno de los Siete Reinos y el poder de sentarse en el Trono de Hierro. Hace 15 años, en una guerra civil, Robert Baratheon expulsó a la familia real, los Targaryen, y se proclamó rey de Poniente. Ahora, el heredero exiliado Viserys Targaryen, prepara un plan para recuperar el trono. Para ello, ha casado a su hermana, la joven y angelical Daenerys, de largos cabellos plateados, con Khal Drogo, el líder de los Dothrakis, una tribu de bárbaros muy bárbaros y muy brutos, para formar una alianza y conquistar Poniente. Al mismo tiempo, dentro de los reinos, se desarrollan numerosas intrigas, luchas de poder, y conspiraciones, en un ambiente de política y violencia, donde para que no te maten se necesita saber manejar la espada tanto como usar el cerebro y medir las palabras.

Juego de tronos es la adaptación a la pequeña pantalla de la primera novela de Canción de hielo y fuego, una saga literaria escrita por George R. R. Martin, que contará con siete libros, de los cuales se han publicado cinco por el momento. Lo que hemos visto hasta ahora es la primera temporada, compuesta por diez capítulos. En abril del año que viene, al parecer, se estrenará en USA la segunda, Choque de reyes, y mientras tenga éxito, se seguirá haciendo una temporada por cada novela, supongo (en el mundo de las audiencias nunca se sabe). Esta primera etapa ha tenido mucho éxito, y no es para menos; las palabras con las que mejor puedo definir esta serie son dos: adictiva y fascinante. Desde el principio me enganchó (a mí y a casi todo el mundo que la ha visto, creo yo), esta historia épica y de fantasía, un relato de caballeros y princesas donde la mayoría de los personajes muestran su naturaleza más oscura y ambigua. Porque la ambigüedad es lo que domina en el comportamiento de los protagonistas (como en la vida misma). Aquí no hay maniqueísmo y cada personaje tiene su historia, traumas y secretos confesados o inconfensados; hay patriarcas honorables, guerreros salvajes, reyes lujuriosos, reinas maquiavélicas, chicas que quieren ser princesas, niñas que juegan con espadas, príncipes psicópatas, prostitutas y damas valerosas. Hay un bastardo atormentado (y muy guapo, todo hay que decirlo), un enano cínico y carismático y una chica dragón. Hay héroes oscuros, muchos personajes ambiciosos, y algunos totalmente perturbados. Entre los protas yo destacaría a Lord Stark, que se come la pantalla con su imponente presencia; Viserys Targaryen, odioso, irascible y guapísimo; Joffrey, el niño príncipe más hijo de puta que se haya visto en la pantalla, impresionante; y el que todos estabais esperando: Tyrion Lannister, el Gnomo, interpretado por el maravilloso Peter Dinklage.














El estudio de los caracteres es tan importante como las escenas de acción y los paisajes de leyenda. Los diálogos son tan poéticos como contundentes. La fotografía, espectacular, y la música te envuelve desde los títulos de crédito iniciales. Pero aún hay más. ¿Queréis violencia, sexo y palabras malsonantes pronunciadas en los momentos más oportunos? También los hay. ¿Queréis una historia inteligente, con conspiraciones, fantasía y aventuras? Estáis de enhorabuena. Esta vez no llevo la contraria a la mayoría y me uno a las legiones de fans de Juego de tronos. Bienvenidos a Invernalia.

lunes 5 de septiembre de 2011

Cisne negro: La bailarina obsesionada

Nina Sayers es una brillante bailarina de una compañía de ballet de Nueva York, que vive totalmente obsesionada con la perfección. La compañía va a representar una nueva versión de El lago de los cisnes, y el director, Thomas Leroy, está buscando una sustituta para la bailarina principal, Beth Macintyre, que se va a retirar porque tiene ya una cierta edad (y no es que lo acepte muy bien, precisamente). Nina trabaja sin descanso para conseguir el papel protagonista, el de la Princesa Cisne, que tiene la dificultad añadida de que es un doble personaje: el Cisne Blanco, toda candor y pureza, y su reverso oscuro, el Cisne Negro. La disciplina de la bailarina es infinita y su técnica perfecta, pero Thomas opina que le faltan la pasión y la espontaneidad necesarias para interpretar al Cisne Negro, un personaje lleno de sensualidad y lujuria. Sin embargo, Lily, otra bailarina recién llegada a la compañía, sí que parece poseer dichas cualidades, por lo cual se convierte en la principal rival de Nina. Sometida a tanta presión y a la difícil convivencia con su dominante madre, la mente de Nina comienza a jugarle malas pasadas…

Cisne negro (Black swan) es el quinto largometraje de Darren Aronofsky, realizador que, hasta ahora, no sigue reglas muy comerciales y que tiene su estilo propio, por lo cual se ha convertido en director de culto para todos, o casi todos, los cinéfilos. Mi opinión sobre sus obras está dividida: algunas de las películas que he visto de él me han gustado y otras no. Cisne negro pertenece al grupo de sus películas que no me han gustado, junto con Réquiem por un sueño (sí, su obra maestra). Las dos son cintas de gran calidad, con brillantes actuaciones (Ellen Burstyn está inmensa en Réquiem por un sueño), que narran historias duras, sin concesiones, y transmiten emociones radicales y extremas. Y por eso mismo no me gustan: demasiado sufrimiento para mí, demasiado recrearse en el morbo y el drama de forma un poco gratuita (o no). Es cine de alto nivel, pero hay espectadores que no están preparados para esas dosis de la realidad más sórdida, y yo soy una de ellos. Cisne negro tiene un estilo muy parecido a Réquiem por un sueño: ambas comparten una atmósfera claustrofóbica y obsesiva y relatan el descenso a los infiernos, o más bien, la caída en picado, de sus protagonistas, a través de un sendero de locura. La forma de narrar los hechos hace que los espectadores nos veamos inmersos (demasiado inmersos para mi gusto), en ese mundo alucinado de pesadillas, sin posibilidad de vuelta atrás. Réquiem por un sueño nos muestra la caída de sus personajes en el mundo de la drogadicción, en lo que se convierten y a lo que son capaces de llegar por seguir en ese paraíso artificial. En Cisne negro, la autodestrucción de Nina se produce por el deseo de tener éxito y ser la mejor, en un ambiente de estrés y competitividad. Todo eso, unido al carácter autoexigente, autodestructivo y obsesivo-compulsivo de la bailarina, hacen de su cerebro una bomba de relojería que la lanza a la paranoia total. Y en eso se convierte la película a medida que va avanzando el metraje: en una paranoia donde no sabemos lo que es real y lo que es fruto de la mente perturbada de Nina. La cinta está plagada de pesadillas, alucinaciones, alguna escena de sexo morbosillo, otras escenas con autolesiones y objetos punzantes, junto con momentos de gran belleza y estética (sí, también hay bonitas escenas de ballet). Elementos todos que se unen para que el espectador lo pase muy bien y/o muy mal sintiendo la angustia y el desequilibrio de la pobre Nina. Natalie Portman, como sabemos, es la actriz protagonista, y como sabemos, ganó el oscar este año. La verdad es que realiza una actuación impresionante, tanto en el registro de pobre chica nerviosa, disciplinada y reprimida, como en el de alma atormentada, desequilibrada y paranoica. También aparecen Vincent Cassel, Mila Kunis y la ya vieja gloria Barbara Hershey, en papeles que les van como anillo al dedo, pero el alma de la película y la que lleva todo el peso, desde luego, es Natalie. También es de destacar la intervención de otra antigua gloria, Winona Ryder, en el personaje de Beth, la bailarina que se ve obligada a retirarse; un papel breve, pero intenso, que parece guardar algún paralelismo con su propia carrera.

Bueno, pues si queréis disfrutar, sufrir y sumergiros en los desvaríos y excesos de la mente de una pobre chica torturada por la búsqueda de la belleza, os recomiendo que veáis Cisne negro, si no la habéis visto, que seguro que sí. A mí, personalmente, estas cosas no me van, pero reconozco que la peli es original, impactante y no deja indiferente a nadie.


domingo 14 de agosto de 2011

El origen del planeta de los simios: La rebelión de los monos

Will Rodman, un joven científico, ha fabricado un compuesto químico que cree que puede curar el alzheimer, enfermedad que padece su padre. Al probar el producto con los monos con los que está investigando, comprueba que éstos experimentan una notable evolución en su inteligencia. Ante el escepticismo de Steven Jacobs, el administrador del laboratorio para el cual trabaja, que quiere cancelar los experimentos, Will decide llevarse a su casa a Caesar, un bebé simio nacido en el mismo laboratorio, para protegerlo, y lo adopta como mascota. A medida que pasa el tiempo y Caesar va creciendo, su dueño se da cuenta de que su inteligencia es muy superior a lo normal en su especie.

El origen del planeta de los simios (Rise of the planet of the apes), segunda película dirigida por Rupert Wyatt (la primera, The escapist, no la conozco de nada), es una especie de precuela-remake de El planeta de los simios, la famosísima película de 1968 protagonizada por Charlton Heston y realizada por Franklin J. Schaffner. Este film, adaptación de una también famosa novela de Pierre Boulle, dio lugar, en los 70, a una saga con tres secuelas, dos series de tv (una de ellas de animación), y un remake, dirigido por Tim Burton, en 2001. La peli buena es la primera, según dicen todos; yo no he visto ninguna de las tres secuelas, cuyos originalísimos títulos son: Regreso al planeta de los simios, Huida del planeta de los simios y Batalla por el planeta de los simios (después de todo, ¿cómo se iban a llamar?), pero me imagino que serán de serie B, o Z. En cuanto al remake de Tim Burton, creo que coincido con casi todo el mundo en que es bastante horroroso y aburrido.

El origen… nos cuenta cómo se produjo el salto evolutivo de los primates y cómo comenzó su revolución contra los humanos. Estos acontecimientos les convertirán más adelante en la raza dominante y más inteligente, y a los hombres en una especie de esclavos embrutecidos, tal como se narra en El planeta de los simios. Pero la explicación de estos hechos difiere un poco de la que se da en la peli original y en sus secuelas, por eso pienso que es una precuela-remake.


La cinta ha tenido muy buena acogida, tanto en público como en crítica. Casi todos tienen grandes elogios para ella, y tienen razón: es una película de calidad, en su técnica y su guión. Hay escenas muy emocionantes, en las que vemos cómo Caesar evoluciona psicológicamente, le vemos sufrir, razonar, convertirse en jefe de su grupo, y en lider de su revolución. A mí, aunque la película me gustó, no me ha provocado tanto entusiasmo como a la mayoría, por dos motivos: el primero es que, en mi opinión, hay demasiados momentos de clímax, demasiadas escenas en las que parece que va a explotar la acción, hasta que finalmente explota. Eso hace que no decaiga el ritmo, pero a mí, personalmente, me llegó a cansar un poco. El segundo motivo, la verdad es que es muy estúpido teniendo en cuenta de qué película estamos hablando: hay tantísimos monos que yo acabé un poco saturada. Claro, qué te vas a esperar en un film que trata del planeta de los simios, pero es que a ratos me daba la impresión de que estaba viendo un documental de monos. Es el mismo motivo por el que no me gustó mucho la peli original. Aun sabiendo que es una película muy buena, después de verla me di cuenta de que los primates son animales que no me hacen mucha gracia, qué le vamos a hacer.

Los actores de la película están bastante correctos. Will, el joven científico protagonista, es James Franco, actor que, además de ser guapísimo (lo siento, tenía que decirlo), en 127 horas demostró que es capaz de llevar él solo el peso de una película. Aquí, la verdad es que su personaje no le da para lucirse tanto. Charles Rodman, el padre de Will, es el siempre genial John Lithgow. También sale la guapa Freida Pinto (la prota de Slumdog millionaire), interpretando a Caroline, la novia de Will, un papel básicamente de novia florero. Pero el que está impresionante es Andy Serkis, que interpreta a Caesar, recreado digitalmente y con la técnica de captura de movimientos. Este actor ya prestó su rostro y sus expresiones para los personajes de Gollum en la saga de El señor de los anillos y de King Kong en la peli del mismo nombre de Peter Jackson, así que tiene experiencia en interpretar a seres raros y a monos. Es increíble cómo transmite emociones como ira, compasión, frustración, y poder. Bueno, pues El origen del planeta de los simios es una película que da lo que promete, entretenida, emocionante, con escenas de acción realmente espectaculares (sobre todo la parte de la rebelión definitiva de los monos), que nos presenta el inicio de un futuro apocalíptico y un mensaje de advertencia contra la humanidad, en el sentido de que “nosotros nos lo hemos buscado”, que no por repetido, es menos cierto.

P.D.: Me comenta Raül Calvo que no son tres las secuelas de la peli original, El planeta de los simios, sino cuatro. Entre Huida del planeta de los simios y Batalla por el planeta de los simios (también llamada La conquista del planeta de los simios) se rodó otra más, La rebelión de los simios, uf, qué lío. No pongo los títulos originales porque me voy a enrollar demasiado, pero, para entenderlo mejor, leed los comentarios de Raül. Gracias, Raül, por tu aclaración.

lunes 25 de julio de 2011

Balada triste de trompeta: Los payasos salvajes / Agua para elefantes: Romance bajo la lona

Había una vez dos payasos que trabajaban en un circo, a principios de los años 70, y a finales de la dictadura franquista. Javier, el Payaso Triste, es pacífico, romántico, asustadizo. Su infancia y juventud estuvieron marcadas por la separación de su padre, preso en la Guerra Civil y condenado a trabajar en el Valle de los Caídos. Sergio, el Payaso Tonto, es el artista más popular del circo: carismático, con madera de líder, de carácter dominante y desequilibrado, a veces psicópata y violento. Entonces se convierte en el Payaso Feroz. Los dos payasos están enamorados de Natalia, la trapecista, que se mueve como una mariposa veloz, también desequilibrada, en ocasiones con las alas y el alma rota. Ella también los quiere a los dos a su manera. El problema es que Natalia es la mujer de Sergio, el Payaso Tonto / Feroz. Sergio, a veces (muchas veces) vuelca sus frustraciones y su ira sobre Natalia. Los dos se quieren con un amor furioso, destructivo, profundamente doloroso. Natalia, la chica rota, necesita a Sergio, pero también necesita el refugio de Javier, el Payaso Triste y Bueno. Javier podría ser su tabla de salvación. Pero el amor puede transformar y sacar lo mejor y lo peor de cada uno. Y este no es un cuento feliz ni mucho menos convencional, sino una historia oscura y salvaje.

Había una vez un joven estudiante de veterinaria, llamado Jacob, que, tras la muerte de sus padres en un accidente, se encuentra en la pobreza, en los años 30, época de la Gran Depresión americana. Entonces entra a trabajar en un circo como cuidador de los animales. Allí se enamora de Marlena, la amazona que hace equilibrios con la elegancia de una bailarina y la agilidad de una atleta, y cuida a sus caballos con el cariño de una madre. Marlena y Jacob tienen en común su dedicación a los animales, y así surge entre ellos una amistad que pronto se transforma en algo más. Pero Marlena está casada con August, el dueño del circo, un hombre enérgico, entusiasta, capaz de mantener el negocio y a las familias que trabajan en él. Ese es su lado positivo, pero, en sus momentos de bajón, se vuelve inseguro, desequilibrado y tiránico. Quiere con locura a Marlena, pero este amor a veces le trastorna. Marlena le quiere, tiene gran dependencia de él y también le teme. Cuando el circo adquiere a Rosie, una elefanta asustada, los lazos que unían a Jacob y Marlena se hacen más fuertes y el carácter peligroso de August se pone de manifiesto.

Balada triste de trompeta, de Álex de la Iglesia, y Agua para elefantes (Water for elephants), de Francis Lawrence, son dos películas con muchos elementos que las unen y las diferencian. La base argumental es muy parecida, y la hemos visto muchas veces: pobre chica atrapada entre dos amores, con dificultades para elegir entre el chico bueno y el chico malo, desembocando esta situación en un triángulo letal. Además, las dos historias se desarrollan en el mundo del circo, en épocas pasadas y en ambientes de casi pobreza. Sin embargo, el desarrollo de la idea central y los estilos de las dos películas son opuestos. Balada triste de trompeta es una tragicomedia negra, cruda y desmelenada. Álex de la Iglesia, que nunca ha hecho concesiones a la comercialidad (excepto en Los crímenes de Oxford, y no tuvo mucho éxito), se explaya en este film repleto de sus señas de identidad inconfundibles: humor bestia, personajes muy desquiciados, un plantel de secundarios peculiares, y una secuencia de acción en lo más alto de un alto edificio. El resultado es un auténtico deleite para sus fans más fieles; para los que somos un poco fans, pero no tanto, es una cinta interesante y original en principio, que se transforma en un delirio surrealista e hiperviolento, y en mi opinión, un despropósito. Lo mejor son los actores, sobre todo el grandísimo Antonio de la Torre, espectacular en el papel del Payaso Tonto, un villano bipolar, demente y brillante. También están muy bien Juan Carlos Areces, el Payaso Triste, un personaje aparentemente inocente y entrañable, con un lado muy, muy salvaje; y Carolina Bang, la chica guapa, torturada y también muy loca (bueno, aquí es que están todos muy locos). En mi opinión, Antonio de la Torre da un recital de interpretación y es lo mejor de la película.


Agua para elefantes podría definirse como un drama romántico y clásico. Francis Lawrence es uno de estos directores de Hollywood que no se ha distinguido por tener un sello propio ni una personalidad característica en sus películas. De hecho, sus dos largometrajes anteriores, Constantine y Soy leyenda, son films comerciales que no gustaron mucho a los críticos (a mí sí, ya sabéis que soy muy rara). Agua para elefantes sí que tiene un estilo más personal y me ha gustado bastante, ya que no es el pastelón romántico que yo pensaba que sería, sino una cinta con historia, sensibilidad y aire de cine de antaño. En este caso el guión (aunque es una adaptación de una novela) parece estar hecho para el lucimiento de Christoph Waltz, que lo borda interpretando al celoso, maltratador y atormentado August, aunque a mí en ocasiones me llegó a cansar un poco: tiene demasiados monólogos filosóficos e intelectuales a lo largo de la cinta, emulando a su exitoso villano de Malditos Bastardos, el malísimo coronel Hans Landa. También están muy correctos los otros dos protagonistas. Robert Pattinson es Jacob, el chico bueno (es uno de los actores más injustamente odiados de Hollywood, debido a su intervención en la saga Crepúsculo). La guapa y desgraciada Marlena es Reese Witherspoon, actriz con talento y carisma, aunque también ha hecho bodrios como casi todo el mundo.

Balada triste de trompeta y Agua para elefantes son dos visiones opuestas de un mismo tema: triángulos románticos, amores desgraciados que llevan a la locura, ambientados en el mundo del antiguamente mayor espectáculo del mundo. Yo os recomiendo las dos, y que cada uno juzgue por sí mismo; sobre gustos no hay nada escrito.

lunes 4 de julio de 2011

Midnight in Paris: Sueños de un escritor


Gil, un joven guionista de Hollywood, que aspira a convertirse en escritor de novelas, se encuentra de viaje por París con su prometida Inez y los pijos padres de ella, John y Helen. El romántico e idealista Gil parece insatisfecho con la vida y el entorno que le rodean, y desearía haber conocido el París de los años 20, paraíso de intelectuales, artistas y escritores, y cuna de la cultura europea y americana. Una noche, paseando por el Barrio Latino, se ve transportado a la época de sus sueños, donde conocerá a personajes como Hemingway, Fitzgerald, Picasso y Dalí. Midnight in Paris es la 42ª película (aproximadamente) del genial Woody Allen, que, como ya sabemos, es uno de estos directores prolíficos que van casi a película por año. Vamos, que hace películas como rosquillas. Muchos opinan (y yo también) que esto lo puede hacer porque sus obras son muy parecidas entre sí, y en ellas se suelen repetir los mismos temas, patrones y obsesiones. Básicamente, yo diría que el cine de Woody Allen se puede agrupar en dos géneros: las comedias de humor más o menos amable, intelectual y con personajes neuróticos; y los dramas psicológicos y obsesivos, con temas recurrentes como las relaciones de pareja (y sus fracasos), el destino y la culpa. Las comedias yo las dividiría también en dos grupos: aquéllas en las que él dirige e interpreta a uno de los personajes (generalmente el protagonista, aunque no siempre, sobre todo últimamente que está mayor); y aquéllas en las que sólo está detrás de la cámara, en cuyo caso el papel del actor protagonista es un alter ego del propio Woody Allen. A mí me suelen gustar las comedias en las que actúa, con su estilo único e inconfundible; me parecen mucho más divertidas que las pelis en las que otro actor hace de él, por muy bueno y conocido que sea éste.


Midnight in Paris pertenece al grupo de las comedias en las que Allen no actúa, y según mi criterio no me debería gustar, pero sí, sí que me ha gustado. El actor que esta vez hace de Woody Allen, interpretando al patoso Gil, es el rubio de gran nariz Owen Wilson, uno de los reyes de la comedia hollywoodiense descerebrada. Normalmente me parece muy histriónico en sus papeles y no lo aguanto mucho, pero aquí lo hace realmente bien, interpretando a un personaje cercano, muy humano, con sus sueños, sus frustraciones, que no acaba de encontrar su lugar en el mundo, alguien con quien todos nos podemos llegar a identificar. Su carácter es totalmente opuesto al de su novia, la muy pija y muy segura de sí misma Inez, interpretada por Rachel McAdams, otra actriz que no me gusta mucho (debe ser porque siempre la identifico con su papel en El diario de Noa, una película que me parece muy cursi y empalagosa). Pero aquí también está muy acertada, sobre todo porque su personaje parece una parodia de sí misma. Los dos componen una pareja extraña, de estas parejas que uno se pregunta cómo pueden estar juntos y a punto de casarse, si son el día y la noche. Gil se encuentra desubicado, tiene la sensación de no pertenecer al mundo de Inez, tal vez ni siquiera a su propio mundo, y busca una vía de escape viajando mágicamente a otras épocas. Como es habitual en los films de Woody Allen, hay bastantes caras conocidas en el reparto, aunque no tantas como otras veces, creo yo. Hay que destacar a la guapa Marion Cotillard, a Kathy Bates, y al camaleónico Michael Sheen, que resulta totalmente creíble en cualquier papel que haga. Aquí realiza un personaje también habitual en el cine de Allen: el del hombre perfecto, que todo lo sabe y todo lo hace bien, y que saca de quicio al protagonista patoso, sobre todo porque amenaza con robarle a la chica. También hay una corta actuación de Adrien Brody, interpretando a un hilarante y surrealista Dalí (como no podía ser de otro modo), obsesionado con los rinocerontes. Y otro pequeño papel para la primera dama francesa, Carla Bruni. Con Midnight in Paris, Woody ha retomado el estilo y el nivel de calidad que tanto nos gusta a sus fans, y que últimamente parecía haber perdido un poco. Es un bonito retrato de la ciudad de París, del mundo del arte y de épocas pasadas. Las paradojas temporales funcionan como una metáfora sobre la nostalgia y la búsqueda de la felicidad. Porque se trata, en esencia, de una comedia romántica, elegante y filosófica, que nos hace preguntarnos: ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?