sábado, 22 de enero de 2011

Mi desconfiada esposa: Elegante comedia romántica

En un viaje a California, se conocen Mike Hagen, un audaz y algo golfo periodista deportivo, y Marilla Brown, una elegante y exitosa diseñadora de moda. Tras un romance relámpago de varios días, deciden casarse antes de volver a Nueva York, donde ambos residen y trabajan. Pronto empiezan a surgir las diferencias entre ellos, debido a que pertenecen a dos mundos muy distintos. A Mike le cuesta aceptar que su mujer tenga tanto dinero y viva en un lujoso apartamento que es una especie de mansión. Tampoco entiende por qué se tiene que cambiar de vestido 9 veces al día. A Marilla le horrorizó el cuchitril desordenado en el que vivía Mike, y casi se desmaya cuando acude con su marido a un combate de boxeo y éste le explica por qué los espectadores de las primeras filas se ponen los periódicos delante de la cara. Tampoco congenia mucho cada uno con los amigos del otro. A Mike le pone de los nervios Randy Owens, ese bailarín excéntrico y algo afeminado, y odia a Zachary Wilde, editor y antiguo pretendiente de Marilla (aunque le cayó muy bien hasta que se enteró de que era el antiguo pretendiente de su esposa). A Marilla le repele un poco Maxie Stultz, un boxeador en decadencia, bastante “sonado”, al que ella llama “el hombre sin nariz”. Encima, sospecha que su marido tuvo un romance, antes de conocerla a ella, con Lori Shannon, una bailarina y modelo de alta costura, aunque ambos afirman no haberse visto nunca. Marilla ahora tiene que trabajar con ella y teme que pueda volver a tener contacto con su esposo.


Todo esto suena un poco ingenuo y naif, pero es que estamos en una comedia romántica de 1957, Mi desconfiada esposa (Designing woman), de Vincente Minnelli, director que estuvo en activo desde los años 40 hasta los 70, marido de Judy Garland y padre de Liza Minnelli, conocido sobre todo por sus musicales (Cita en St. Louis, Un americano en París, Brigadoon,...), pero también por sus excelentes dramas (Cautivos del mal, El loco del pelo rojo, Té y simpatía,...), y que también dirigió la multioscarizada Gigi. Los protagonistas de Mi desconfiada esposa son una pareja de auténtico lujo: Gregory Peck y Lauren Bacall. Gregory Peck, fantástico, guapo y carismático, como siempre, borda su rol de galán desastroso acostumbrado a los trapicheos. Tal vez es un actor demasiado elegante para ese papel (me imagino a Walter Matthau, estaría genial, aunque no da el tipo de galán precisamente). Pero, al ser tan versátil para la comedia como para el drama, está francamente divertido en varias escenas. Lauren Bacall, guapa, sofisticada y glamourosa, resulta perfecta en un personaje a su medida. Los actores secundarios también son excelentes. He leído muchos comentarios elogiando a Mickey Shaugnessy, que interpreta a Maxie, el boxeador zumbado, un personaje genial, primitivo, con pocas neuronas, entrañable y muy cómico. Yo también destacaría a Jack Cole, en el papel de Randy, el bailarín excéntrico, amigo de Marilla. Suyas son algunas de las escenas más hilarantes de la película. Me llamó la atención sobre todo la secuencia en la que le enseña a Mike las fotos de su mujer y sus hijos para demostrarle que no es gay; una prueba del humor tan ingenuo y censurado de la época. Y es muy divertida la parte en la que se reúnen cada uno de los cónyuges con sus amigos en la casa, dos mundos opuestos que chocan dentro del mismo espacio. También hay que mencionar a Lori Shannon, la tercera en discordia, antiguo ligue de Mike, top model de la época, dama elegante y madurita, interpretada por Dolores Gray. Aquí todos los actores son más bien maduritos, pero da igual. Mi desconfiada esposa es una cinta de humor clásico y blanco, con glamour, diálogos chispeantes, peleas coreografiadas con gangsters de medio pelo, romanticismo y discusiones de pareja en plan screwball comedy. Una joyita para los amantes de las comedias de antes.

martes, 11 de enero de 2011

Tron Legacy: Atrapados en la red

Sam Flynn es un joven rebelde, solitario y experto programador informático de 27 años. Su padre, Kevin Flynn, fundador de la empresa Encom, un imperio informático, era un genio y visionario en el campo de los ordenadores y afirmaba haber descubierto un sistema que podría revolucionar toda la sociedad a través de la tecnología, pero desapareció hace 20 años sin dejar rastro. Sam recibe la visita de Alan Bradley, el antiguo socio de su padre, que le cuenta que Kevin dejó un mensaje para su hijo en el despacho donde solía trabajar, en una antigua sala de juegos recreativos. Una vez allí, Sam, de una forma misteriosa, es absorbido por el sistema y queda atrapado en la red, en un extraño mundo digital, de arquitectura futurista, cuyos habitantes son programas informáticos y se entretienen haciendo prisioneros, que no me enteré muy bien de dónde los sacaban, y realizando con ellos carreras con motos y vehículos espaciales y combates a vida o muerte. En este peligroso universo cibernético, donde Sam parece ser el único humano (un “usuario”, como le llaman), nuestro protagonista tendrá que encontrar el modo de volver al mundo real, al otro lado del ordenador. Tron Legacy es la secuela de Tron, film de 1982, producido por la Disney, que, aunque en su época fue un fracaso financiero, con el tiempo se ha convertido en película de culto. En ella, Kevin, un joven hacker, era absorbido por un ordenador de los de aquella época y transportado dentro de un mundo dominado por un maléfico programa. La película mostraba ya un mundo virtual con avatares informáticos, luchas de gladiadores y carreras de motos en el ciberespacio, y los efectos especiales, muy avanzados en aquellos tiempos, hoy en día resultan primitivos y entrañables (es que era la época del spectrum, los juegos de marcianitos y los ordenadores aquellos que eran unos tochos de pantalla verde: la prehistoria, vamos). Todos estos elementos son también recreados en Tron Legacy y desarrollados con los avances de la tecnología actual, creando un complejo universo fascinante estéticamente, una ciudad futurista dentro del ordenador, con sus edificios, sus habitantes con forma humana, y su voz hablando por los altavoces. Me recordaba al mundo de La fuga de Logan (la voz omnipresente parecía que iba a anunciar el Carrusel de un momento a otro). Todo este mundo había sido diseñado por Kevin antes de quedar atrapado dentro de su propia creación. Tron Legacy, producida también por la Disney, es la primera cinta dirigida por Joseph Kosinski, que para 2012 prepara el film de ciencia ficción Oblivion. En su reparto brilla con luz propia el gran Jeff Bridges, que era Kevin en Tron, y en Tron Legacy tiene un doble papel: Kevin con unos cuantos añitos más, y, en una versión digitalmente rejuvenecida, Clu, el malo malísimo de la peli. Como Kevin está fantástico y autoparódico, en un rol mezcla de su personaje en Los hombres que miraban fijamente a las cabras y de Obi Wan Kenobi. Su hijo Sam, el héroe de la peli, es Garret Hedlund, actor que no conozco de nada, y que me resulta un poco insípido, aunque está bastante acertado con su expresión de protagonista anonadado que no entiende nada de lo que le está pasando. La heroína, Quorra, es la guapa Olivia Wilde, a quien podemos ver en House interpretando a Trece. También sale Bruce Boxleitner, que ya aparecía en Tron (bueno, es que era Tron), y al que conozco sobre todo por su papel de Luke Macahan en La conquista del Oeste, serie que animaba nuestras tardes de verano allá por 1984. Y mención especial para el maravilloso Michael Sheen, actor camaleónico y carismático como pocos, da igual que haga de Tony Blair, de líder de clan vampiríco o de licántropo, porque todo lo que hace lo borda. Aquí tiene un papel breve, pero en una de las mejores escenas y la más surrealista y delirante de la película. Yo creo que Tron Legacy es una buena secuela de Tron, con ambientación digital impresionante, y con un mensaje filosófico y místico, que supongo que no convencerá a nadie, pero que está muy acorde con estos tiempos de crisis existenciales.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Novio a la vista: Verano del 14

A principios del siglo XX, en España, las familias adineradas se iban de veraneo a la playa con la intención de disfrutar de las vacaciones, alternar con otras familias de su misma condición social, cotillear y criticar, e intentar buscar buenos partidos para sus hijas casaderas. En 1914, en la playa de San Sebastián, la madre de Loli, una joven de 15 años, le pone un bonito vestido de “persona mayor” y la lleva a las fiestas de sociedad para intentar emparejarla con Fernando, un prometedor ingeniero. Pero Loli prefiere seguir jugando a los espías con su pandilla de todos los años, en especial con su amigo Enrique, un chico de su edad, también de buena familia, que tiene que estudiar para los exámenes de septiembre. Novio a la vista es una de las primeras y menos conocidas películas del gran Luis García Berlanga, uno de los realizadores más importantes e influyentes en la historia de nuestro cine, recientemente fallecido, como todos sabéis. Se estrenó en 1954, dos años después de la emblemática ¡Bienvenido, Míster Marshall!. El cine de Berlanga siempre ha retratado con gran ironía la sociedad española a lo largo de todo el siglo XX, con guiones llenos de ingenio (tuvo que sortear la censura franquista en muchas ocasiones) y humor negro, contando frecuentemente con la colaboración del hiperrealista Rafael Azcona, fallecido hace dos años. Sus películas suelen ser comedias corales y enloquecidas o tragicomedias costumbristas. A pesar de reconocer su gran calidad y su maestría en el manejo de la cámara y los diálogos, he de confesar que su estilo me agobia. Me marean sus escenas características con tanta gente hablando al mismo tiempo y saliendo y entrando de habitaciones, sin que aparentemente ocurra nada relevante. En realidad, por debajo de todo esto hay una sutil e inteligente crítica social, así que mi opinión es totalmente subjetiva y no hay que tenerla en cuenta para nada. Las únicas pelis de Berlanga que me gustan son ¡Bienvenido, Míster Marshall! (geniales José Isbert y Manolo Morán), y Novio a la vista (no, no me gusta El verdugo, y no he visto Plácido ni Calabuch), cintas en las que se aprecian todas las características de este director, pero no de una forma exagerada, y su humor en apariencia es bastante blanco e ingenuo, tal vez por eso me gustan, porque no me va mucho el humor negro. Novio a la vista presenta también una crítica a la sociedad española de principios del siglo pasado, a su puritanismo e hipocresía, en plan de comedia ingenua y en mi opinión bastante divertida. La fotografía, la ambientación y el carácter en cierto modo infantil e incluso ñoño del guión nos trasladan con gran acierto a la época que retrata. A mí me parecía estar viendo un film de los años 30, y no de 1954. Es como un viaje en el túnel del tiempo en clave cómica y burlesca. También hay escenas muy corales, con interpretaciones de grandes actores como Julia e Irene Caba Alba o José Luis López Vázquez. Son geniales los diálogos cómicos de los personajes adultos, como la crítica de las señoras a una bañista a la cual se le ven las rodillas o a un veraneante que se ha metido en el agua ¡antes de cumplir las 6 horas de digestión! (en mi época mis padres nos hacían guardar 2 horas de digestión y ya me parecía mucho, jajaja). Atención a la familia Peláez, genial también. La pareja de jóvenes protagonistas, Loli y Enrique, está interpretada por Josette Arno y Jorge Vico, que también están muy acertados, aunque se nota que su edad es mayor que la de sus personajes. Creo que Novio a la vista es una película a reivindicar, poco conocida dentro de la filmografía de un maestro, un viaje a otra época y un retrato nostálgico y melancólico de lo que constituye el paso de la infancia a la adolescencia, a una edad ambigua, los 15 años, aunque hoy en día esa transición en nuestros niños-jóvenes se produce mucho antes, creo yo. Pues eso, ved esta película si podéis, perdonadme por criticar a Berlanga, y no hagáis caso de mis opiniones, que ya sabéis que son muy raras.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Las vidas posibles de Mr. Nobody: Paradojas temporales

En el año 2092, el mundo ha experimentado grandes revoluciones a nivel científico. Una de ellas es la regeneración celular (o algo así), que provoca que la gente siempre se mantenga joven y nadie pueda morir de vejez: es la casi inmortalidad. Sólo queda un hombre en todo el mundo que está a punto de morir de viejo: Nemo Nobody, que va a cumplir 118 años y pasa sus días en una clínica, donde es atendido por un psiquiatra para estudiarle e intentar ayudarle con sus lagunas de memoria. Un día, un periodista se cuela en su habitación con la intención de entrevistarle. Nemo empieza a contarle su vida, desde que nació, en 1975, pero no es una existencia normal y corriente, ya que se compone de varias vidas paralelas que han ido cambiando continuamente, según las decisiones que tomase en cada momento. Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr. Nobody), es el tercer largometraje del director belga Jaco Van Dormael, tras Totó el héroe (1991) y El octavo día (1996), bonita película sobre la amistad entre un ejecutivo estresado, interpretado por el gran Daniel Auteuil, y un hombre con síndrome de Down (inmenso Pascal Duquenne). El cine de Van Dormael está lleno de imágenes oníricas y realismo mágico. En Mr. Nobody esta ambientación fantástica está presente en todo el metraje, envolviendo nuestros sentidos y nuestro entendimiento (bueno, nuestro entendimiento más bien lo nubla, porque llega un momento que no te enteras de nada), con cambios continuos de lugar, tiempo y vida, historias que no sabemos si son reales, ficticias o soñadas, mucho romance y mucha ciencia ficción. Las decisiones que Nemo adopta ya desde pequeño, influirán en los distintos caminos que tomará su vida siendo adolescente y adulto, pero se nos presentan todos estos caminos, y no sabemos cuál es real, o si lo son todos. A lo largo de estas vidas paralelas le acompañan sus tres posibles parejas: la rebelde Anna, la atormentada Elise y la dulce Jeanne, interpretadas, respectivamente, por Diane Kruger, Sarah Polley y Linh Dan Pham (en su versión adulta, porque también aparecen de pequeñas y de adolescentes). Y Nemo en su versión adulta es el guapísimo Jared Leto, que además de guapo, es muy camaleónico, y que ha sido secundario en grandes producciones como Alejandro Magno o El señor de la guerra y prota en films más indie como Réquiem por un sueño o El asesinato de John Lennon, donde engordó 20 kilos por lo menos para interpretar al desquiciado Mark Chapman. El argumento de Las vidas posibles de Mr. Nobody, con tantos saltos y dimensiones, es una gran paranoia, pero a mí esas rarezas me encantan, así que me gustó mucho la peli, con su fotografía luminosa, sus escenas oníricas e hipnóticas, y su ambientación de una sociedad futura surrealista en plan Un mundo feliz. Hay viajes a Marte, expansión y contracción del tiempo y el Universo, ángeles en el limbo de los niños… fantasía y ciencia ficción en estado puro. Recomendada para los que les gustaron El efecto mariposa y Olvídate de mí.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Héroes: Aquel verano de los 80

A veces, ves una película que sabes que no es especialmente buena, pero que te produce emociones, te hace soñar, y sales del cine con otra visión de la vida, pensando que has visto una obra maestra, aunque nadie la calificaría así, pero te da igual, la magia del cine te ha hecho, no sólo evadirte, sino que te ha removido algo por dentro. Eso me pasó hace 2 semanas cuando vi Héroes, una cinta española, concretamente catalana, yo diría que cien por cien catalana, ya que ha sido rodada en catalán y por aquí la hemos visto doblada al castellano. Su director es Pau Freixas, que realizó en 2004 Cámara oscura, thriller juvenil ambientado en un barco, con Silke y Unax Ugalde, y que la verdad es que me pareció muy aburrido. También es uno de los directores de Los misterios de Laura, serie de tv donde María Pujalte interpreta a la versión femenina-hispana del detective Colombo, y que nunca he tenido el gusto de ver. Con estos antecedentes del director, la verdad es que era un poco para echarse a temblar, menos mal que no sabía quién era antes de ver la peli (en realidad fui atraída por el trailer, como tantas veces). La acción comienza en una carretera por la que va conduciendo un ejecutivo estresado, que tiene que llegar a una reunión de trabajo, y no hace más que hablar por el móvil con su secretaria. Tras un incidente bastante cómico, se ve obligado a recoger a una chica que va andando tan tranquila con su mochila, y con ella tendrá que continuar el viaje por un tiempo, un viaje lleno de peripecias y contratiempos. Paralela a esta historia, sucede otra, sin nexo aparente entre las dos; es la historia de Xavi, un chico de 12 años que se va con su familia a pasar el verano, como acostumbran, a un pequeño pueblo en la costa de Cataluña. Allí vuelve a reunirse con sus amigos, su pandilla de las vacaciones. Es un verano de los 80, y los chicos van a participar en una carrera de vehículos, contra otras bandas del pueblo, para conseguir el trofeo más preciado: la cabaña que concede los deseos. Lo malo es que sólo son 4 en el grupo, y necesitan uno más para participar en la prueba. En torno a este argumento tan infantil se desarrolla una historia de amistad, problemas familiares, primeros amores, y nostalgia, mucha nostalgia ochentera. Hay referencias y guiños a películas juveniles de aquel tiempo como Los goonies, Cuenta conmigo, ET, y también se inspira mucho en Verano azul, esa serie que a todos nos encantaba en mi época y que empezamos a odiar cuando nos dimos cuenta de que no paraban de reponerla en Tve. En la bso destacan las dos canciones más emblemáticas de Alphaville, Big in Japan y Forever young, que ya sé que es muy típica, pero que me hace flotar cada vez que la escucho. Los actores niños están todos fabulosos. Yo destaco a Marc Balaguer, que interpreta a Colo, un personaje absolutamente genial, cómico y carismático, y que además es clavado a Corey Feldman, uno de mis ídolos ochenteros. En el reparto hay nombres conocidos, como Emma Suárez, Lluís Homar, Nerea Camacho (a la que vimos sufrir tantísimo en Camino, y cuyo personaje recuerda a la Bea de Verano azul), y también están Eva Santolaria y Àlex Brendemühl (qué trabajito me ha costado escribir el nombre). Estos últimos interpretan a los dos viajeros de la historia que sucede en la actualidad. Es muy divertida la relación entre estos dos personajes, debido a sus caracteres opuestos y a la inevitable química que se desarrolla entre ellos. El guión está escrito por el propio Pau Freixas y por Albert Espinosa, guionista y dramaturgo especialista en retratar personajes con minusvalías físicas y psíquicas de una forma totalmente natural, sin hacer hincapié en sus discapacidades, y de hecho, hay un personaje con síndrome de down, Roth, que cumple estas características y que también está fantástico. La película tal vez no sea nada del otro mundo; tal vez sea sólo un film simpático, con protagonistas entrañables, y a ratos una historia bastante ñoña. Pero a mí me ha emocionado, me ha tocado la fibra sensible y me ha hecho soñar. Quizá es por la época que retrata, porque yo soy hija de los 80, y claro, la nostalgia siempre te puede. No sé muy bien por qué, pero me ha encantado esta cinta con estilo de film teen ochentero americano, con influencias de Verano azul, de road movie, y algunos giros en el guión. Para mí es toda una joyita inesperada en la cartelera.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Agnosia: Luces, sombras y desenfoques

En la Barcelona industrial de finales del siglo XIX, un importante fabricante de lentes ópticas, llamado Prats, ha inventado un sistema que podría ser revolucionario para la industria del armamento, pero decide no usarlo por los peligros que conlleva. Su hija, Joana, tiene una extraña enfermedad llamada agnosia, que consiste en que su mente no interpreta bien la información visual y auditiva que recibe, así que, aunque ve y oye, la información le llega “distorsionada”. Unos conspiradores intentan aprovecharse de este trastorno, confundiendo los sentidos de la joven en un complot para averiguar el secreto del invento de su padre. Agnosia, como Los ojos de Julia, la última peli que comenté, es el segundo trabajo de su director; en este caso el realizador es Eugenio Mira, cuya ópera prima, The birthday, estrenada en 2004, es toda una rareza dentro del cine español. Es una mezcla de comedia y film de terror surrealista, con reparto casi enteramente anglosajón o americano, y donde la acción sucede dentro de un hotel. Yo la vi en dvd, ni siquiera sé si en España llegó a los cines, y tampoco recuerdo que me gustara demasiado, pero sí que se sigue con curiosidad. Lo mejor es que el prota es el muy carismático Corey Feldman, vieja gloria del cine juvenil ochentero (Los goonies, Jóvenes ocultos)…, al que me alegré de volver a ver después de tanto tiempo. Volviendo a Agnosia, me he dado cuenta de que tiene más puntos en común con Los ojos de Julia: las dos son thrillers oscuros en los que la heroína es vigilada y perseguida y sufre lo suyo con su discapacidad visual-sensorial. Pero ahí termina el parecido, porque Agnosia no es tan claustrofóbica ni asfixiante como Los ojos de Julia. A pesar de ser un dramón de misterio gótico, me pareció bastante luminosa y romántica; supongo que es por la ambientación de época, por la protagonista, la maravillosa Bárbara Goenaga, que siempre hace de heroína frágil (su primera aparición en la película es totalmente de princesita Disney), y porque uno de los pilares del argumento es el triángulo amoroso entre la joven heredera, su prometido y un criado recién llegado a la mansión. El prometido de Joana, Carles, está interpretado por Eduardo Noriega, uno de los actores más odiados del cine español, aunque a mí me parece muy creíble y convincente en sus papeles, pero mis opiniones son muy raras, como ya sabéis. Vicente, el joven sirviente y punto de discordia en la trama amorosa, es Félix Gómez, actor que me encanta desde que lo vi hace unos 10 años en el culebrón juvenil Al salir de clase. A mí me gustó bastante la peli, aunque no sé si recomendárosla porque al parecer no le ha gustado a nadie. Se nota su factura televisiva (está producida por Tele 5), pero a mí eso no me importa; pasé un buen rato de evasión en una Barcelona decimonónica y oscura, con malos que conspiran en la sombra y amores ocultos. Eso sí, no sé si está muy bien reflejado el trastorno de la agnosia. Hay un documental muy interesante de 2006, Más allá del espejo, de Joaquín Jordá, que habla sobre esta enfermedad, entrevistando a personas que la padecen, pero yo sigo sin entenderlo muy bien.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Los ojos de Julia: Adentrándose en la oscuridad

Julia presiente que algo malo le ha ocurrido a Sara, su hermana gemela. Hace seis meses que no habla con ella, pero decide viajar hasta su casa, acompañada por Isaac, su marido, para ver cómo se encuentra. Cuando llegan allí, descubren que Sara se ha ahorcado. Sara tenía una enfermedad degenerativa que la había dejado ciega, y había sido operada, pero al parecer la operación había salido mal y no había podido recuperar la vista. Tal vez por eso se suicidó. Pero Julia no cree que su hermana se suicidara, piensa que la han asesinado, así que se pone a investigar para averiguar la verdad. Lo malo es que Julia tiene la misma enfermedad que Sara, y también está perdiendo la visión. Y mientras intenta averiguar qué le pasó a su hermana, se va adentrando literalmente en un mundo de sombras… Los ojos de Julia, película producida por Guillermo del Toro, es la segunda obra de Guillem Morales, director que en 2005 sorprendió con su ópera prima, El habitante incierto, en círculos más o menos alternativos, que la consideraron una obra innovadora e inquietante. A mí me pareció un plomo absurdo. El protagonista es un hombre al que un día se le cuela alguien en la casa, y tiene la impresión de que se ha quedado viviendo dentro, pero no puede encontrarlo. Después, él hace lo mismo con la casa de los vecinos, se cuela dentro y se queda allí escondido, espiando, pero sin motivo ninguno, y así todo el tiempo (claro, es que son casas de dos plantas, en mi casa lo encontraría rápido…) Luego pasan más cosas, pero ni siquiera me acuerdo. Los entendidos dicen que es muy buena. Opino que Los ojos de Julia es mucho mejor, afortunadamente, y que Guillem Morales ha evolucionado bastante. Eso sí, te tiene que gustar Belén Rueda, porque está hecha para su total y absoluto lucimiento, en un papel muy habitual últimamente en ella: el de heroína doliente y sufridora. A mí no me vuelve loca Belén Rueda, pero me parece que lo hace bastante bien; en ocasiones está un poco sobreactuada, pero la verdad es que te la crees y llegas a pasar miedo y sufrir con ella. La película es bastante efectista, se apoya mucho en los sustos y abusa un poco de las escenas de tensión super-emocionantes. Creo que eso es un defecto del cine actual, sobre todo del cine español, lo he visto en series de tv recientes: todas las escenas no pueden ser super-emocionantes, a veces hay que bajar un poco el ritmo, porque si no, te acabas cansando de tanta adrenalina. Una de las mejores secuencias es la del momento en que Julia descubre a su hermana muerta, estás todo el tiempo en tensión aunque ya sabes lo que va a pasar. Hay otras escenas que, en mi opinión, son demasiado macabras; todo el mundo habla de la parte del vestuario femenino, pero yo creo que es demasiado de peli de terror sin venir mucho a cuento. Hay momentos de claro homenaje a El silencio de los corderos, y eso está muy bien, pero no cuando esos momentos se repiten unas cuantas veces. Por otro lado, el film tiene un arranque muy potente; te mantiene hipnotizado y con la intriga: ¿qué pasará?, ¿se quedará ciega Julia?, ¿quién la persigue?, ¿quién será el malo? Lo malo es que luego todo va decayendo, hasta convertirse en un thriller normal y corriente de… no puedo decir la palabra, sería un spoiler tremendo, qué pena. Nuestra heroína está secundada por muy buenos actores, como Lluís Homar, que interpreta a Isaac, su marido, y que está magnífico. Este hombre siempre hace totalmente creíbles sus papeles, da igual que haga de marido sufridor, de escritor melancólico, o de Papa histórico siniestro. También sale Julia Gutiérrez Caba, que interpreta a Soledad (nombre muy apropiado), vecina de Sara. Hay otros vecinos siniestros cuyas intervenciones parecen de película setentera de serie b. Y también un tal Pablo Derqui, que para mí es el más flojillo, no le veo ningún carisma. De todas formas, a pesar de sus altibajos, merece la pena ver este thriller claustrofóbico, agobiante, con aire de melancolía y soledad, pasarlo mal con Julia, y entrar en su mundo de tinieblas.