El miércoles 10 de marzo vi en el cine Los hombres que miraban fijamente a las cabras (The men who stare at goats), de Grant Heslov. Es una comedia de humor bastante absurdo y surrealista en la que podemos ver (y disfrutar) a un plantel de actorazos: George Clooney, Jeff Bridges, Kevin Spacey y el super atractivo (o a mí me lo parece) Ewan McGregor. Éste interpreta a Bob Wilton, un reportero enviado a Irak, donde hace amistad con un antiguo soldado llamado Lyn Cassady (George Clooney), que asegura haber pertenecido a una división de “soldados psíquicos”, entrenados por el ejército de USA para usar sus poderes mentales en las batallas. Ahora tiene la misión de buscar a Bill Django (Jeff Bridges), el creador de este método y de la división, que está desaparecido. Bob decide acompañarle en su búsqueda por el desierto irakí y, entre los delirantes relatos y las increíbles hazañas de Cassady, les suceden múltiples aventuras. A mí me resultó una comedia simpática y agradable. Al pincipio todo es una parodia de la filosofía zen, el budismo, e incluso se meten con la figura de los caballeros jedi de La guerra de las galaxias; al final me dio la impresión de que no era tan parodia. Los personajes son bastante hilarantes y absolutamente entrañables. Me gustó ver a George Clooney en un papel cómico, lejos de su registro habitual de galán, haciendo payasadas, convencido de su poder psíquico, y a Ewan McGregor con cara de despistado y alucinado toda la película. Te partes de risa viendo a Jeff Bridges haciendo de militar hippy (sí, sí, militar hippy), convertido en maestro espiritual de un grupo de soldados que hacen yoga y tai-chi (el Ejército de la Nueva Tierra, nombre de secta), con el mismo look del personaje de El Nota de El gran Lebowski, de los hermanos Coen. También está genial, como siempre, el maravilloso Kevin Spacey, en un papel antipático. Es una peli de humor ligero y blanco, que se ve con facilidad; yo lo agradezco, porque no soy mucho de humor negro y odio las comedias gruesas y escatológicas que están tan de moda ahora (estoy hablando como una auténtica señora puritana, pero qué le vamos a hacer, es que me va todo lo light, excepto en la comida, que soy más bien de comida basura). En general, no es una película que te haga reír a carcajada limpia todo el tiempo, pero tiene sus momentos y yo creo que te mantiene la sonrisa mientras la estás viendo; después, tampoco es que te haga reflexionar ni te cambie la vida (tampoco lo pretende), pero a mí por lo menos me dio buen rollito, un rollito hippy setentero.