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viernes, 9 de mayo de 2025

 Until dawn: El Día de la Marmota sangriento. Ash: Terror en el espacio.

La semana pasada vi, entre otras, 2 películas de terror.

Until dawn (Hasta el amanecer), de David F. Sandberg. La vi en el cine.


 5 amigos se adentran en un territorio lejano, aislado y terrorífico para buscar respuestas a la desaparición de la hermana de una de ellas, que se produjo hace un año. Como era de esperar, son asesinados uno a uno por un asesino enmascarado. Lo extraño es que despiertan al principio de la misma noche. Pronto se dan cuenta de que van a revivir la misma noche y a ser asesinados una y otra vez, y además cada vez el peligro es distinto y las muertes más horribles. También descubren que tienen un número limitado de muertes, y que la única forma de escapar es sobrevivir hasta el amanecer, en un lugar lleno de carteles de personas desaparecidas.

La película es lo que te puedes esperar de un slasher. Está basada en un videojuego, que seguro que es mucho mejor. Sangre, muerte, cuchillos y monstruos, y los guapos jóvenes que cada vez mueren de formas más rocambolescas. La vi porque el argumento me pareció original y porque me atrae lo del Día de la Marmota, pero vamos, es lo mismo de siempre.


Ash, de Flying Lotus. La vi en Prime Video.

 


Un equipo de astronautas van, como siempre, a explorar un lejano planeta buscando un lugar donde la humanidad pueda vivir. En este caso el planeta se llama Ash. Pero algo les ataca y mueren todos violentamente, todos excepto Riya, que se despierta y se aterroriza al verlos a todos muertos. Llega un hombre llamado Brion que se supone que ha sido enviado para rescatarla, pero Riya no se fía mucho de él.

La película transcurre entre pasillos largos y oscuros, suspense, virus letales, y flashbacks de muertes. Poco a poco van averiguando lo que ha ocurrido. Hay escenas bastante sangrientas y gore, pero tampoco es muy interesante. La peli está hecha para el total lucimiento de Eiza González, que es muy guapa, pero no tiene el carisma de Sigourney Weaver en Alien, por ejemplo. Para pasar el rato una tarde de domingo, ni siquiera una noche de sábado.

  




  

miércoles, 23 de abril de 2025

Los pecadores: Blues y monstruos. Las hijas del Califato: Religión y fanatismo.

 Los pecadores (Sinners), de Ryan Coogler. La vi en el cine.


Esta cinta tiene 2 películas en una. La primera parte es un drama racial, social, histórico (la acción se sitúa en 1932), y sobre todo musical. Dos hermanos gemelos, interpretados por Michael B. Jordan, vuelven desde Chicago a su pueblo natal en Mississippi. Huyen de la mala vida, esperando construir una nueva. Compran un edificio vacío para convertirlo en un club nocturno donde se bebe, se canta, se toca y se baila el blues. Si te gusta este tipo de música, disfrutarás mucho con esta parte de la película. Todas las escenas musicales son bellísimas, impresionantes y adrenalíticas.
Pero entonces llega la segunda parte de la peli, la parte de terror y sangre, la parte sobrenatural, y el film da un giro de 180º, tal vez un poco menos. Y hay que matar y aguantar hasta el amanecer. Y hay que hacer uso de la magia y de las tradiciones ancestrales de la cultura negra. Y tal vez tengas que matar a un ser querido, antes de que él te mate a ti. Y el mal te rodea por todos lados. Es el momento de luchar o morir.
Me encantaría seguir contando, pero luego me dicen que hago spoiler. Os recomiendo la película. Recuerda mucho a otra que ya es de culto, ya os imaginaréis cuál. Vedla mientras estéis a tiempo.


Las hijas del Califato (Rabia), de Mareike Engelhardt. La vi en Filmin.


Es tremenda esta película francesa de 2024, que describe las condiciones de vida de las jóvenes europeas que se convierten al islamismo voluntariamente y se van a Siria a casarse con los combatientes de Isis. En una casa viven un montón de ellas, esperando que les llegue el turno de que las casen con uno de estos guerreros-terroristas que hacen su "Guerra Santa". Las protagonistas de la peli son Jessica y Laïla, dos chicas francesas que toman esta decisión, atraídas sobre todo por el novio por internet de una de ellas. En la casa donde viven hay también una jefa, la llaman Madame, que es la que maneja todo el cotarro y todo, absolutamente todo, pasa por ella.
La cinta me ha dejado bastante mal rollo, pero creo que es una película necesaria, para concienciar a las jóvenes que toman esas decisiones en la realidad, que las hay y muchas, aunque parezca increíble. Para que vean cómo es esa vida en realidad, con la represión absoluta que sufren, convertidas en objetos para sus maridos, que pueden hacer con ellas lo que les dé la gana. Yo la verdad es que no lo entiendo, no me entra en la cabeza cómo pueden abandonarlo todo, a sus familias, la libertad y la comodidad de Europa, para irse a vivir al Infierno. Siempre he pensado que son unas descerebradas. Pero viendo este film he logrado entender algo. Ellas llevaban una vida de mierda en Francia, con trabajos miserables, sin nada, y les lavan el cerebro, piensan que van a vivir una aventura y su particular cuento de hadas. Luego el cuento de hadas se transformará en una pesadilla, pero para entonces ya es demasiado tarde. Pues eso, una película muy recomendable y que te va a dar muy mal rollo.

viernes, 4 de abril de 2025

Una ballena: Oculta en las profundidades de la noche y el mar. Emilia Pérez: Inclasificable y polémica.

 El finde pasado vi dos películas extrañas e inclasificables, con protagonismo absoluto de mujeres. Películas diferentes a cualquier otra.


 Una ballena, de Pablo Hernando. La vi en el cine.

Oculta en las profundidades de la noche y el mar. Esta película es una rareza, inclasificable, de esas que llegan a mi tierra, el Campo de Gibraltar, porque tendrán que cubrir un cupo o algo así. Pero la semana que viene no estará, o estará sólo en horario nocturno. Estaba yo sola en la sala, y encima era la matinal...
Bueno, a lo que vamos. La cosa va de una chica que es asesina a sueldo y no falla nunca. Se infiltra y se esconde tan bien, que nunca pueden atraparla. Pero sus poderes sobrenaturales proceden de un lugar mágico, en el mar y la playa, un lugar donde viven criaturas monstruosas, ballenas y peces, de los que ella saca su energía y cura sus heridas y hasta resucita si está muerta. El mar y las criaturas le dan la vida, se diría que se regenera con la piel del pescado. Pero cada vez que vuelve de allí, es menos humana. Aunque esto sólo se advierte porque le sale un líquido del pelo, como clara de huevo.
La peli puede calificarse de drama psicológico, fantástico, de naturaleza, y thriller. Los paisajes son alucinantes, pero todo es tan oscuro todo el tiempo, que no se ve bien. La chica, Ingrid, interpretada por Ingrid García Jonsson, tiene la misma cara seria todo el tiempo, no cambia de expresión ni una vez, tiene que demostrar que es una asesina implacable. Y no habla casi nunca, se pueden contar con los dedos de una mano las palabras que dice en toda la cinta. Pero no habla porque no quiere, ella es así de introvertida. Apenas habría diálogos en esta historia, lo cual la haría aún más aburrida, si no fuera por la presencia del gran Ramón Barea, que le da un poco de ánimo a la cosa y cuenta historias interesantes. Yo estaba todo el tiempo deseando que saliera Ramón Barea.
Pues no me ha gustado la película. Me ha parecido pretenciosa y profundamente aburrida. Se podían haber aprovechado los paisajes marinos, de la costa, y los grandes peces y seres monstruosos, pero con tanta oscuridad, no se veía nada. No sé si es que querían que todo fuera oscuro porque eso definía a la peli, o es que no tenían dinero para iluminación, pero yo no veía nada, se deja mucho a la imaginación, y a mí eso no me gusta, me gusta que me expliquen las cosas. Pero bien por Ramón Barea.


Emilia Pérez, de Jacques Audiard. La vi en Movistar+.

Este finde vi la muy inclasificable y polémica Emilia Pérez. Polémica por las desafortunadas declaraciones de su protagonista, la española Karla Sofía Gascón, aunque yo no estoy de acuerdo en que se mezcle la vida privada, o pública, con la calidad artística. Pero la verdad es que Karla la lió parda, y no pudo hacerlo en un momento peor, ya que eso rebajó mucho las posibilidades de la película para conseguir las estatuillas doradas. Yo creo que podía haberse llevado el Oscar a Mejor Película y algunos más, pero al final sólo se llevó el de Mejor Actriz Secundaria para Zoe Saldana, y el de Mejor Canción, que no sé qué canción es, pero me lo imagino.
Inclasificable porque no se puede encuadrar en ningún género, y al mismo tiempo es una mezcla de muchos. Es un drama musical, un drama social, una historia psicológica y queer? Es todo eso y más. Emilia es libre y no se deja encasillar. Es que trata tantos temas en una sola película... La violencia, los desaparecidos, el narcotráfico, el cambio de género, los ascensos sociales y laborales, la corrupción de los abogados... y por supuesto las canciones, que están metidas con calzador, pero a mí no me importa. La historia de Manitas, un temido narcotraficante que quiere convertirse en mujer y dejar atrás su vida, y es ayudad@ por Rita, una talentosa abogada, es muy bizarra a priori, pero ves la película y todo encaja, a mí no me chirrió nada, ni siquiera las canciones.
Luego, resulta que la peli está rodada toda en español latino, pero es francesa. Está basada en una novela francesa, y el director también es francés, Jacques Audiard, que realizó ese peliculón que es Un profeta.
Bueno, en mi opinión Emilia Pérez merecía más Oscars de los que se ha llevado, porque mira que darle el de Mejor Película a Anora... vaya tela (sólo es mi opinión, que nadie se moleste). A mí me ha gustado mucho la película, con todos sus elementos dispares, pero bien colocados.

jueves, 17 de octubre de 2019

Noche de bodas (Ready or not): Bienvenida a la familia

Grace es una joven que se va a casar con su novio Alex, que pertenece a una familia muy rica y poderosa, el clan Le Domas. En la misma noche de bodas, que van a pasar en la enorme mansión de la familia, Grace es invitada a participar en una tradición que consiste en sacar una carta de una caja y jugar al juego que diga esa carta. Le sale el juego del escondite, así que tiene que esconderse en algún sitio de la casa y los demás deben buscarla. Lo que ella no sabe es que tienen que buscarla para matarla.


Noche de bodas (Título en España), es una mezcla del género survival horror y de comedia negra, negrísima, macabra y sangrienta. La heroína va a pasar toda la noche huyendo por los laberínticos pasillos o escondiéndose en los más ocultos rincones de la mansión. Huyendo de su familia política, que la persiguen con todo tipo de armas medievales. El argumento es muy delirante, la película muy entretenida (para el que le gusta este género, claro), pero hay muchos agujeros de guión y cosas que deberían habernos explicado. Pero para pasar un rato de risa y terror, cumple muy bien, creo yo. La protagonista es Samara Weaving, una actriz australiana que dicen que se parece mucho a Margot Robbie, y es verdad. También aparece Andie McDowell interpretando a la suegra desquiciada, y es que en esa familia están todos muy locos.


jueves, 3 de octubre de 2019

Marianne: El cuento de la bruja

Emma Larsimon es una joven escritora que se ha hecho mundialmente famosa con una saga de terror en la que su heroína, Lizzie Lark, se enfrenta a la bruja Marianne. Justo cuando ha decidido que va a terminar con esas novelas y a cambiar de registro, recibe la visita de una amiga de la infancia que le trae recuerdos, no todos agradables, del pasado. Una serie de trágicos acontecimientos la obligan a volver a Elden, el pueblo donde pasó su niñez y adolescencia. Allí se reencuentra con sus padres, sus amigos y amores de juventud, y se da cuenta de que las historias de sus libros tal vez no son tan ficticias.


Marianne es una serie de tv francesa, dirigida por Samuel Bodin. Se trata de una de las últimas apuestas de Netflix por el terror, y parece que sí que ha conseguido aterrorizar a la mayoría del público y críticos. La verdad es que tiene escenas inquietantes, una atmósfera oscura, gotas de humor negro, apariciones sobrenaturales que te asustan aunque las estés esperando... y luego está Madame Daugeron, interpretada magistralmente por Mireille Herbstmeyer, una de las mujeres más espeluznantes y terroríficas que he visto en una pantalla. La protagonista, Emma Larsimon, interpretada por Victoire Du Bois, es un personaje con carisma y logra que empaticemos con ella, con sus miedos, sus dudas, sus éxitos y fracasos, y su lucha contra los demonios, demonios de verdad, de los que nos aterrorizaban de pequeños. Yo creo que hay algo de ella en todos nosotros, y también de su grupo de amigos, entrañables, imperfectos, unidos y a la vez rotos por la vida y por su involuntaria lucha contra el Mal. A mí la serie no me ha parecido tan, tan terrorífica como a casi todo el mundo, pero pienso que merece la pena verla y sumergirse en esta historia de miedo, de brujas antiguas y actuales, posesiones diabólicas, niños que no siempre sobreviven y adultos que un día desaparecen. ¿Te atreves a entrar en su mundo?



martes, 1 de octubre de 2019

Crónicas del finde: Downton Abbey y 1922

Este finde, el cine me ha trasladado al campo y a otra época, a los años 20 del siglo pasado, con dos películas muy distintas.


Downton Abbey, de Michael Engler. Se estrena en cine como secuela de la serie de tv del mismo nombre, serie que narra la vida de los habitantes de una mansión de la campiña inglesa, desde antes de la Primera Guerra Mundial hasta los años 20. Conocemos la historia, tanto de la familia aristócratica propietaria, los Crawley, como de sus sirvientes, que viven en la parte de abajo de la casa. La acción de la película se sitúa ya en 1927. El rey y la reina de Inglaterra, en uno de sus viajes, van a visitar Downton, y este hecho, lógicamente, es un gran acontecimiento y tiene revolucionados a todos nuestros protagonistas. La película es como un regalo para los fans de la serie. Yo soy una de ellos, he devorado sus 6 temporadas, y ha sido como un reencuentro con viejos amigos. La peli mantiene la alta calidad de la serie, la ambientación recreada hasta el más mínimo detalle, los actores bordan sus papeles, los personajes siguen igual de carismáticos, hermosa fotografía, la misma música nostálgica... El tono es amable y de buen rollo, no es esta una historia de intrigas ni conspiraciones. En Downton la vida transcurre plácidamente, y los dramas y problemas se van resolviendo con buena voluntad y amistad entre los personajes. Tanto la serie como la película son complacientes con el modo de vida de aquellos tiempos, indulgentes con la aristocracia, la servidumbre... Pero nos lo venden todo tan bien, que los fans compramos encantados. Para olvidarse de todo por un rato.




1922, de Zak Hilditch. Si Downton Abbey desprende luminosidad, 1922 es el reverso oscuro. En el año que da título a la película, Wilfred James, propietario de una granja en un pueblo de Estados Unidos, desea ampliar esta con el terreno que su esposa ha heredado de su padre. Sin embargo, la esposa, Arlette, harta del campo, quiere vender su hacienda para irse a la ciudad. El ambicioso Wilfred, en conspiración con el hijo adolescente de ambos, decide matar a su mujer. La película es la adaptación de un relato corto de Stephen King, así que es un cuento de horror, con atmósfera oscura y macabra, y escenas desagradables y espeluznantes, como cabe esperar del maestro del terror. El actor principal, Thomas Jane, está impresionante en el papel del hosco, manipulador y maligno Wilfred. Aquí no hay nada amable ni complaciente, con la excepción, tal vez, de la historia de amor entre el hijo, Henry, y la joven Shannon. La situación es cada vez más dramática y aterradora. Para sufrir otro rato.











lunes, 24 de agosto de 2015

Somos lo que somos: Por los caminos tenebrosos del Señor



En un pueblo de la América profunda, uno de esos lugares habitualmente definidos por la tradición, la religiosidad, y la pobreza, viven los Parker, una familia aparentemente estable y normal. Sólo aparentemente, claro. La familia está compuesta por los padres y sus tres hijos, Iris, Rose y Rory. La madre, Emma, muere al principio de la película (así que no es spoiler, podéis seguir leyendo), por una extraña y terrible enfermedad que llevaba padeciendo desde hacía tiempo. La familia queda destrozada, y el padre, Frank, decide encomendar a la hija mayor, Iris, la tarea que venía realizando su esposa, un trabajo fundamental para seguir manteniendo sus tradiciones, que se remontan a más de doscientos años atrás. Al fin y al cabo, Iris ya tiene 16 años, y en épocas antiguas era normal que las jóvenes a esa edad ya tuviesen que asumir responsabilidades familiares e incluso difíciles pruebas enviadas por el Señor. Su hermana, Rose, de 14 años, le ayudará. Rory sólo tiene 4 años, es demasiado pequeño para entender la importancia del legado que se ha transmitido hasta ellos durante generaciones. Frank debe explicarles a sus hijos, a los que tanto quiere, que todo lo hacen por la voluntad de Dios, que hace ya siglos salvó a sus antepasados por la fuerza de su fe, y ellos ahora tienen que demostrarle su gratitud para que Él les siga salvando. En la Semana del Cordero, los Parker preparan una comida muy especial, realizan su ritual, dan gracias al Señor por todos sus dones, y comen... sólo que la carne que comen no es precisamente de cordero. Pronto la policía empieza a descubrir indicios sobre numerosas desapariciones ocurridas en la zona en los últimos años. ¿Saldrá a la luz el terrible secreto de los Parker?

Somos lo que somos (We are what we are), es una película independiente, estrenada en 2013, pero no sé si en España salió directamente en dvd o fue al cine. Donde yo vivo difícilmente habría llegado al cine, ya que ni la zona ni el público son aptos para estas rarezas. Afortunadamente pude alquilarla en mi videoclub, uno de los pocos reductos rescatables de mi querida ciudad, donde todavía se puede acceder a algo más que blockbusters comerciales. En realidad los blockbusters comerciales me encantan, pero a veces tengo la inquietud de ver algo diferente... aunque la mayoría de las veces las películas de autor, que tanto gustan a los críticos normales, a mí me parecen aburridas o insufribles... pero esta vez no. Somos lo que somos fue una agradable sorpresa. Su director, Jim Mickle, realizó en 2010 Stake Land, otra joyita desapercibida de videoclub (al menos en España), englobada en el género fantástico y ambientada en una América post-apocalíptica llena de vampiros-zombies o zombies-vampiros; un tema muy repetido ya, pero con un tratamiento relativamente original y una atmósfera melancólica y a la vez escalofriante. Y el año pasado, ya con más presupuesto y reparto conocido, dirigió Frío en julio, otro thriller indie de la América profunda que cuenta nada menos que con Michael C. Hall (también conocido como Dexter, nuestro psicópata preferido), y las viejas glorias Sam Shepard y Don Johnson; película que tal vez suponga su salto a la fama, y que ha participado en el Festival de Sundance.

Somos lo que somos, que ha pasado también por festivales, los de Cannes y Sitges, resulta que es un remake de una película mexicana de 2010, llamada Somos lo que hay y dirigida por Jorge Michel Grau. La adaptación de Jim Mickle es bastante libre, teniendo en común con el film original su impactante argumento y el protagonismo de una familia de "peculiares" y macabras costumbres, pero el desarrollo de la acción y el tono difieren mucho en ambas películas. La cinta mexicana se decanta por el drama social, mostrando la dura realidad y la miseria de una parte de la población, y es bastante explícita en sus escenas truculentas, al parecer; digo "al parecer" porque no la he visto ni tengo intención de hacerlo, sabiendo lo impresionable que es mi estómago y mi cerebro. La película norteamericana se sustenta más en la atmósfera y la ambientación que nos van sumergiendo en la vida de ese pueblo, donde a veces parece haberse detenido el tiempo, y en las costumbres de esta familia influida por un patriarca inflexible y a la vez abnegado, para el cual lo más importante son sus hijos y la fe inquebrantable que les lleva por territorios oscuros y muy perversos. Pero ¿compartirán sus hijos su punto de vista, a pesar del cariño que les une a su padre?

El director imprime a su obra un tono sugerente y en cierto modo elegante, y aunque no hace hincapié en lo sangriento (esto no es La matanza de Texas ni Hostel, afortunadamente), tampoco elude escenas perturbadoras o espeluznantes (incluyendo una bajada al sótano de los horrores, especialmente inquietante cuando se contempla a través de la mirada del pequeño Rory, con su mezcla de inocencia, curiosidad y miedo).


El reparto no está compuesto por super estrellas comerciales, sino por actores más o menos habituales en el circuito indie, además de alguna vieja gloria como Kelly McGillis (sí, la chica de Top Gun), que fue estrella y sex symbol en la segunda mitad de los 80 con éxitos como Único testigo, La casa de Carroll Street o Acusados. También aparecía en Stake Land, en un papel breve pero muy interesante, como el que realiza en esta peli. Ah, y no hay quien la reconozca actualmente, con bastantes años y kilos de más. El patriarca de la familia, Frank Parker, está interpretado por Bill Sage, actor que no conozco de nada, y que aparecía en perturbadoras cintas indie, como American psycho, Precious y Oscura inocencia. Su actuación es sobrecogedora, al transmitirnos todos los matices de su personaje, un monstruo, en realidad, pero también un hombre desequilibrado, fanático religioso, esposo atormentado y padre preocupado. Tremendo. Otro papel breve y muy importante, como el de Kelly McGillis, es el realizado por Michael Parks, actor de muy amplia trayectoria, pero que comenzó a ser conocido por sus trabajos con Quentin Tarantino y Robert Rodríguez, como Abierto hasta el amanecer, Kill Bill Vol. 1 y 2, Planet Terror, Death proof, o Django desencadenado. En algunos de esos films interpreta el mismo personaje, el Ranger de Texas Earl McGraw. También aparece en las dos últimas locuras de Kevin Smith: Red State (impresionante en su papel de lider de una peligrosa secta y adicto a las armas), y Tusk, una ida de olla y vuelta de tuerca al estilo habitual de este director; una película que no pienso ver, porque el argumento me echa mucho para atrás, aunque seguro que Michael está fantástico haciendo de mad doctor. También hay que mencionar a las dos hijas de la familia, Iris y Rose, interpretadas por Ambyr Childers y Julia Garner. De Ambyr Childers no conozco nada, pero Julia Garner aparece en dos de las obras de cine independiente más emblemáticas de los últimos años: Las ventajas de ser un marginado y Martha Marcy May Marlene. Sus interpretaciones de las hermanas Parker son sobrecogedoras: dos adolescentes, rubias angelicales, que pierden la inocencia demasiado pronto al tener que lidiar con una realidad extraña y feroz. Iris, la mayor, asume con resignación la responsabilidad que le ha tocado, aunque deseando, y consiguiendo brevemente, asomarse a la vida y experiencias de cualquier joven de una sociedad normal. Rose, algo más rebelde, se cuestiona los motivos, el por qué hacen lo que hacen. También desearía escapar, llevar otro tipo de vida, pero los fuertes lazos que le unen a su hermana, a la que adora, la mantienen indecisa. Las dos se debaten entre el amor y la obligación familiar, las creencias en sus tradiciones, y las inquietudes de escapar de todo aquello y ser chicas normales. Unos papeles muy complicados que las jóvenes actrices resuelven a la perfección.

Antes de terminar mi larga crítica, como todas las que yo hago, tengo que mencionar al principal colaborador de Jim Mickle: Nick Damici, coguionista del director y actor en todas sus películas. En Stake Land era uno de los protagonistas, aunque como actor no me convence mucho; a mí me recordaba a Mickey Rourke en su etapa macarra actual, pero sin su carisma. Me quedo con su faceta de escritor de inquietantes y sórdidas historias.

Somos lo que somos es justo eso, una historia sórdida, inquietante, con un argumento macabro y muy perverso (aunque hoy en día ya estamos de vuelta de todo), y a pesar de eso su ritmo es pausado y la melancolía y la belleza envuelven gran parte del metraje. Sus detractores dicen que es una película lenta y aburrida, ya que no hay hachazos cada 15 minutos ni la sangre salpica al espectador. Las escenas violentas, que las hay, no son muy explícitas, excepto... Sólo diré que el final sí que es brutal y te deja descolocado, ya que rompe totalmente con el estilo del film hasta aquel momento. Te quedas con la boca abierta y con ganas de decir la frase esa que está tan de moda entre la juventud: “what the f...?” En mi opinión, eso le da aún más originalidad a la peli y le quita la etiqueta de “previsible”. Pues eso, una joyita inclasificable, original, muy indie, y muy, muy inquietante. La recomiendo totalmente, eso sí, no esperéis hachazos cada 5 ni cada 15 minutos, que de esas ya hay muchas.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Películas de aquel verano V


Pesadilla final, la muerte de Freddy (Freddy’s dead: the final nightmare), de Rachel Talalay. Desde que, en 1984, el maestro Wes Craven ideara y dirigiera la emblemática y ya obra de culto Pesadilla en Elm Street, cada año, o como mucho, cada dos, aparecía una nueva entrega de la saga de Freddy Krueger, el psychokiller que vive (y mata) en los sueños de los adolescentes. La fórmula del slasher, que comenzó a finales de los 80 con Viernes 13 y La noche de Halloween, parecía funcionar. A la gente le gustaba ver a jóvenes guapos y descerebrados morir violentamente en la pantalla, y el hecho de que el asesino sólo apareciese cuando las víctimas estaban dormidas, entroncaba directamente con los terrores infantiles con los que todos nos podemos identificar. Pero no se puede estirar eternamente una buena idea, y el filón empezaba a agotarse. Cada nueva secuela ganaba en humor y en surrealismo, pero perdía en calidad, como las fotocopias de las fotocopias. Había que darle un final medio digno a la saga, y Freddy tenía que morir, esta vez definitivamente, porque mira que lo mataron y derrotaron veces, pero nada, siempre resucitaba. Así que, en la VI Pesadilla en Elm Street, Freddy muere, parece que del todo. Pero… luego aparece otra vez en La nueva pesadilla de Wes Craven, en 1994, pero… no era exactamente Freddy, así que se puede considerar que sí, el personaje está muerto, remakes aparte, claro. Pesadilla final se estrenó en 1991 y la dirigió Rachel Talalay, que fue ayudante de producción en las anteriores entregas. En la historia, han pasado diez años desde los acontecimientos de la quinta parte, y esta vez no hay ninguna conexión con los personajes anteriores: todos los protagonistas aparecen por primera vez. Freddy ha vuelto, aparte de para divertirse matando gente, para buscar, nada menos que a su hija. Sí, nuestro psicópata tiene una hija, ya bastante crecidita, por cierto, e intentará localizarla a través de los sueños de un joven amnésico, único superviviente de la matanza de adolescentes de Springwood (es la primera vez que se dice el nombre del pueblo escenario de la saga, creo yo). La chica, interpretada por Lisa Zane, luchará contra su monstruoso padre, con la ayuda de varios jóvenes rebeldes y problemáticos, que, como es lógico, irán cayendo por el camino. También veremos algunas partes de la infancia de Krueger, y nos intentarán explicar por qué estaba tan desquiciado. Las muertes son bastante grotescas, imaginativas, y algo brutales, pero no tanto como en los slashers de hoy en día (todavía faltaban unos añitos para Destino final), y siempre en el entorno surrealista de las pesadillas. La película tiene escenas psicodélicas, un cameo de Johnny Depp, y en general es absurda y cutre, como un producto de serie B. Encima, en un alarde de originalidad, o de “bizarrismo”, hay incluso escenas en 3-D, y como estábamos en los 90, y esto no era Avatar, pues estaban fatal hechas. Total, que fue un fracaso. Hoy todos la siguen poniendo a parir. A mí me encanta. Volví a sumergirme y a disfrutar del universo terrorífico, fantástico y kitsch creado por el incombustible Wes Craven. Robert Englund, magnífico, como siempre, encarnando a un Freddy cada vez más autoparódico, pero, ¿qué más da? Sigue siendo un icono del terror moderno, ¿o no?

 
La vida de Brian (The life of Brian), de Terry Jones. ¿Qué se puede decir de esta película mítica, que no se haya dicho ya? Esta vez mi opinión sí es la de la mayoría. Obra maestra, redonda, genial e irrepetible de los Monthy Phyton. Como sabéis, este grupo de cómicos británicos (excepto Terry Gilliam, que es americano), comenzó su andadura a principios de los 70 con una serie en la tv inglesa, Monty Python’s Flying Circus, compuesta por sketches con un humor absurdo y surrealista y una fuerte carga de crítica social. Después, a los largo de los 70 y 80, realizaron varias películas, en la misma línea, como Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, La vida de Brian o El sentido de la vida. Eran obras dirigidas, escritas y protagonizadas por ellos, en las que satirizaban, de forma más o menos directa, diversos aspectos de la sociedad y política británicas, siempre a través de guiones delirantes e historias disparatadas, a menudo ambientadas en otras épocas o en entornos de fantasía. La vida de Brian es la mejor (creo yo). La película, como su nombre indica, cuenta la vida de Brian, un hombre sencillo, que vive en la Galilea de la época de Jesucristo, y que casualmente, nace el mismo día que el Mesías. Ya el día de su nacimiento los Reyes Magos se equivocan y casi le entregan los regalos a él. De adulto, Brian se enamora de Judith, una activista revolucionaria que pertenece a uno de los muchos grupos que luchan por liberar a Judea del Imperio Romano. Sin comerlo ni beberlo, se une al grupo, que se llama Frente Popular de Judea, y, sin tener mucho interés en la política, se ve envuelto en las acciones rebeldes, sólo por amor. Total, que el pobre Brian pasa por un sinfín de peripecias, hasta que un buen día la multitud le confunde con un profeta, después con el Mesías, y comienza a ganar numerosos seguidores, totalmente en contra de su voluntad. Una especie de Forrest Gump pero con menos suerte. Y ya no os cuento más, tenéis que verla (una tontería por mi parte decir esto, porque seguro que todos la habéis visto, además varias veces). Como la mayoría de las películas de los Monthy Python, La vida de Brian esconde una ácida crítica social, política, y a la humanidad en general; pero no fue esto lo que la convirtió en una obra bastante polémica en su día, sino el hecho de mezclar la figura de Jesucristo en una trama tan delirante, algo que muchos consideraban irrespetuoso. De todas formas, no creo que el escándalo fuera comparable al de Jesucristo Superstar, 6 años antes, o al de La última tentación de Cristo, 9 años después; aunque en esta última, dicen que el aparente revuelo era sólo un truco publicitario, y es que cada vez estamos más de vuelta de todo (bueno, algunos). La película, como de costumbre, es recomendable verla en V.O. Yo no soy una fanática de las versiones originales, aunque las prefiero, pero en este caso hay que escuchar la descacharrante actuación de Terry Jones haciendo de la madre de Brian o a un Poncio Pilatos, interpretado por Michael Palin, con problemas de dicción. Ah, y no tengo más remedio que mencionar los surrealistas títulos de crédito, obra de Terry Gilliam, y la alegre canción final, compuesta por Eric Idle, que hace que termines de ver la peli con muy buen rollito. Pues nada, todos a verla otra vez. Y recordad: “Always look on the bright side of life… la la, la la, la la, la la…”, o algo así.
 Brian era interpretado por Graham Chapman, otro de los miembros de los Monthy Python, que, lamentablemente, falleció en 1989.
En su funeral, Eric Idle cantó un fragmento de “Always look on the bright side of life”.
Hay también otro grupo de películas, que no fueron realizadas por el grupo completo, pero en las que participan varios de sus miembros, como directores, guionistas o actores. En ellas se mantiene buena parte del estilo, humor y fantasía de sus proyectos en común, y algunas son verdaderas joyitas, como Los héroes del tiempo, Eric el vikingo, o Un pez llamado Wanda. Terry Gilliam, el único miembro americano del conjunto, guió su carrera por otros derroteros, realizando películas con un estilo muy personal, de corte fantástico, pero siempre con una vertiente oscura, y no exenta de polémica. Pero esa es otra historia.


¡Piratas! (The pirates! Band of misfits), de Peter Lord y Jeff Newitt. Otra de las simpáticas obras de Aardman Animation, productora británica fundada a mediados de los 70 por el propio Peter Lord y David Sproxton y especializada en la animación en stop-motion y claymation (es decir, con muñequitos de plastilina). Sus primeros trabajos consistieron en pequeños espacios animados para diversos programas de la BBC y en dos series de cortos, Animated conversations y Creature comforts, con peculiares personajes, tanto humanos como animales, todos hechos de plastilina. En 1985 se unió al estudio Nick Park, el creador de los emblemáticos Wallace, un inventor torpe y bonachón, y Gromit, su perro, mucho más inteligente que él. Wallace y Gromit protagonizaron varios cortos, acumuladores de buenas críticas, oscars y otros premios, antes de dar el salto al largometraje en 2005 con "Wallace & Gromit. La maldición de las verduras", una película, muy fiel al estilo de la productora, con un humor entre naif y surrealista, personajes adorables, y un conejo mutante y feroz. Su ingenio nos conquistó a todos y le hizo ganar el oscar a la mejor película de animación. Pero no fue este el primer largometraje de Aardman. En 2000 se había estrenado la fantástica Chicken run: Evasión en la granja, divertido homenaje a las películas de fugas de campos de concentración, como La gran evasión, y protagonizada por un grupo de gallinas que quieren huir de la granja donde llevan una vida alienante y de la amenaza de acabar en la mesa de los granjeros como comida de los domingos. Esta peli también consiguió diversas nominaciones y premios, pero el carisma de la voluntariosa gallina Ginger y sus amigas no fue suficiente para que entrase en la competición de los oscars, por desgracia. Tanto Evasión en la granja como La maldición de las verduras fueron producto de un acuerdo firmado entre Aardman y Dreamworks, para que Aardman realizase sus películas con la ayuda de las nuevas tecnologías. De este acuerdo nació también, en 2006, Ratónpolis, la historia de Roddy, una rata que vive a todo lujo en una casita de muñecas, creo recordar, y que termina cayendo a una alcantarilla, donde conocerá el mundo subterráneo de Ratónpolis y a sus variopintos personajes. Esta película, al parecer, no tuvo tanto éxito de crítica ni público como las dos anteriores, y esto provocó que los dos estudios dejasen de trabajar juntos, y es que, en el maravilloso mundo del cine, también “la pela es la pela”. En 2011 se estrenó Arthur Christmas: Operación regalo, esta vez en coproducción con Sony Pictures e incorporando el 3-D a su tecnología; un film muy navideño que nos cuenta los avatares, nada menos que del hijo de Santa Claus.
 Bueno, y después de enrollarme tanto con la historia de Aardman, voy a hablar de Piratas (paso de seguir escribiendo las exclamaciones que lleva el título), que ya va siendo hora. Estrenada en 2012, producida enteramente por Aardman, volviendo al stop motion y la plastilina, pero sin dejar los efectos digitales ni el 3-D (debieron pensar que, si no, no se iban a comer una rosca hoy en día). Cuenta las aventuras de una tripulación de piratas que son todo menos temibles. A ellos les gustaría que su nombre y sus hazañas fuesen conocidas del uno al otro confín del mundo, pero los pobres siempre terminan siendo el desastre de los Siete Mares. El mayor sueño de su capitán, al que todos llaman Capitán Pirata, es ganar el premio al Pirata del Año. Para eso tiene que conseguir más botines y asaltar más barcos que nadie, pero todo les sale al revés a él y su tripulación. Hasta que conocen nada menos que a Charles Darwin, y terminan yendo con él a Inglaterra, a un congreso de científicos internacionales. Pero la Inglaterra de la época es la de la reina Victoria, que resulta ser una hija de… la Gran Bretaña, y que odia a muerte a los piratas. Así que nuestros amigos correrán muchos peligros y aventuras. La película mantiene la impronta característica de Aardman, y que tan buenos resultados suele darle: personajes entrañables, aventuras alocadas, humor asequible a todas las edades, perfeccionismo y cuidado en los detalles (gran recreación de la Inglaterra victoriana), y un estilo muy british. En la versión original, el doblaje cuenta con voces de lujo, como Hugh Grant, Imelda Staunton (Queen Victoria, cómo no), el maravilloso Brendan Gleeson, o Salma Hayek, haciendo de pirata sexy. Aunque a mí no me gusta nada esa moda de poner actores o famosos doblando en películas de animación. Me da muchísima rabia, porque suelen sonar muy forzados, y encima le quitan trabajo a los verdaderos actores de doblaje de animación, que sí que lo hacían bien, y eso será en todos los países, supongo. En fin, en nuestra versión patria, tenemos a José Coronado poniendo la voz del Capitán Pirata, y, mira, no lo hacía mal, y también estaba por allí Iniesta (sí, el futbolista, que no chirriaba mucho, creo recordar, ¿o sí?). Bueno, película muy divertida y recomendable, para los niños y sus sufridos padres, con la que Aardman vuelve a demostrar que puede abrirse camino entre los monstruos de la animación (Pixar, Disney, Ghibli, Dreamworks…). Ah, atención a un pirata que no es exactamente lo que parece (aunque te das cuenta en seguida, que al fin y al cabo es una peli infantil).



Los mercenarios 2 (The expendables 2), de Simon West. Y por fin llegamos a la última película, el colofón de mi serie de posts sobre las pelis que vi en agosto de 2012 (ya era hora, que llevo más de un año para escribir todas estas críticas). Bueno, pues esta la vi en septiembre, pero me lo pasé tan bien, que tenía que incluirla. Además, esta saga, convertida en obra de culto antes de haber concluido (el año que viene tendremos la 3ª entrega), es cine palomitero a más no poder, muy adecuado para el verano, que no es época de recogimiento y mucho menos de pensar. En 2010 se estrenó Los mercenarios, dirigida por el ya-talludito-pero-todavía-cachas-y-seguro-que-muy-operado Sylvester Stallone, y con guión del propio Stallone y un tal Dave Callaham. La cinta reunía a algunas de las mayores estrellas del cine de acción del presente, o presente-pasado, como Jason Statham, Jet Li o, por supuesto, Stallone, con veteranos todavía dispuestos a repartir tortas, como Dolph Lundgren (ay, Dolph, quién le ha visto y quién le ve, con lo guapo que era cuando hacía He-Man y los Masters del Universo), y Eric Roberts (ese siempre ha sido feo, lo siento). Pero es que, además, aparecían nada menos que Bruce Willis, en un breve papel, y nuestro gobernador de California preferido, Arnold Schwarzenegger, en poco más que un cameo. También estaban por ahí el inigualable Mickey Rourke, en un personaje filosófico (y paradójicamente, sin escenas de acción), y Terry Crews y Randy Couture, que no sé muy bien quiénes son. Como era de esperar, la película fue un éxito entre los amantes del cine de acción ochentero. Tenía todos los ingredientes: héroes de antaño, convenientemente operados y/o anabolizados, luchando junto a action men del cine actual, musculosos y con cara de mala ostia, pero con buen corazón. Todos dispuestos para la batalla y con buen rollo y camaradería entre ellos. Tiros, explosiones (muchas), golpetazos, patadones, guión infantiloide, como era de esperar, diálogos que no son ingeniosos ni lo pretenden (genial el “porque yo lo valgo” de Jason Statham), y, como no podía ser menos, una guapa chica que mantiene un pseudo-rollo romántico con Barney Ross, el personaje de Sylvester Stallone. También hay una escena entre Sylvester y Arnold que, aunque es muy tonta, nos hizo reír a todos por los guiños que contiene. Total, que la peli se convirtió rápidamente en un blockbuster nostálgico del cine de machotes. Había que seguir explotando el filón, y dos años después llegó la secuela, dirigida por Simon West, cuya filmografía no engaña a nadie, ya que se compone de éxitos de acción y entretenimiento como Con Air, Lara Croft: Tomb raider, la penosa Cuando llama un extraño, o The mechanic, ésta última para mayor gloria de Jason Statham. Los mercenarios 2, en mi opinión, no cumple el dicho de "segundas partes nunca fueron buenas", ya que es mejor, más divertida y un poco más elaborada (aunque sigue siendo disparatada, claro), que su antecesora, y cuenta con ilustres incorporaciones, como ya sabéis. Para bajar un poco la media de edad de los protagonistas, aparece (aunque no durante mucho tiempo) Liam Hemsworth (sí, el hermano de Chris “Thor” Hemsworth y el muchachote moreno de Los juegos del hambre). El malo malísimo es nada menos que Jean-Claude Van Damme. En esta entrega, lamentablemente, no tenemos a Mickey Rourke y sus reflexiones espirituales, pero el papel de Bruce Willis es más relevante y la intervención de Arnold Schwarzenegger también es un poco más larga, lo cual se agradece. Ambos participan junto a los protas en la lucha final, el clímax de la película, donde también se luce… sí, el que todos estáis esperando: el incombustible Chuck Norris, que actualmente triunfa tanto en internet con los chistes que se cuentan sobre él, como con la serie Walker Texas Ranger. No me acuerdo si en la peli lanza una de sus patadas giratorias, pero sí aparece en otra escena delirante y autoparódica. En Los mercenarios 2 (se agradece que no hayan puesto ningún subtítulo tipo “El regreso”, “Misión mortal” o “Más peligrosos que nunca”, sobre todo con las traducciones tan patéticas que se hacen en español), las aventuras son a mayor escala, ya que tienen que salvar al mundo de los terroristas y sus cargamentos de plutonio. Los personajes son más “entrañables” y se toman un poco más en serio a sí mismos, aunque siguen siendo sacos de músculos con conversaciones tontas y siempre dispuestos a pegar tiros y dar tortas con tal de defender a los inocentes, que es lo que se pretende al fin y al cabo. Ah, y Dolph Lundgren ya no parece sólo un bulldog; ahora parece un bulldog que habla y a veces hasta dice algo gracioso (ay, Dolph, que eras uno de mis ídolos de mis carpetas de estudiante, por Dios). Lo que te puede llegar a cambiar el exceso de bótox y de tomar el sol. En fin, que Los mercenarios 2 me gustó más que la 1ª y os la recomiendo si sois amantes de la acción y de la nostalgia ochentera, y no la habéis visto todavía, lo cual es imposible. Al parecer, en la 3ª no estará Chuck Norris, qué decepción para sus fans, bueno, siempre nos quedará Walker.


Bueno, chicos, esta ha sido mi quinta y última entrada de las películas que vi en agosto de 2012. Ya ni siquiera es el verano pasado, así que he vuelto a cambiar el título por otro más poético, que lo será más conforme vaya pasando el tiempo, y algún día vuelva a releer mis "escritos" (porque no creo que nadie más lo haga, de hecho, creo que yo tampoco lo haré). De todas formas, cuando desaparezca internet y los soportes digitales actuales, y haya otros medios de información super virtuales e interactivos, ¿qué pasará con todas estas palabras que escribimos? ¿Se podrán recuperar? ¿Quedarán perdidas en el espacio y el tiempo, por muchas copias de seguridad que tengamos? No me hagáis caso, son reflexiones pesimistas y delirantes. En fin, que aunque he tardado tanto, no os quejéis, que son cuatro pelis en un post, ¿eh?

¡Volveré!

lunes, 29 de julio de 2013

Películas del verano pasado IV

Pesadilla en Elm Street 5, el niño de los sueños (A nightmare on Elm Street V: the dream child), de Stephen Hopkins. La carrera de este director se compone de films más o menos mediocres y entretenidos, como Depredador 2, Los demonios de la noche, Perdidos en el espacio o La cosecha, trabajando, eso sí, con grandes actores o incluso estrellas del momento, como Jeff Bridges, Tommy Lee Jones, Michael Douglas o Hillary Swank. Tal vez su trabajo más destacado en el cine sea Llámame Peter, biopic del controvertido Peter Sellers, encarnado por el genial Geoffrey Rush. Después se ha dedicado a la tv, participando en la dirección de exitosas series como 24 o Californication. Pero, antes de todo eso, fue el responsable del quinto film de la saga del psicópata de las cuchillas. Esta vez la prota es Alice, heroína desde la mitad de la anterior entrega (tomando el relevo de Kristen), y la única superviviente, junto con su novio, Dan, que en esta quinta parte la palma pronto, la verdad. En una especie de giro del guión (aunque tampoco es que se hayan comido mucho el coco), Freddy actúa ahora a través de los sueños del niño aún no nacido de Alice, esperando apoderarse de su alma y convertirle en cómplice de sus asesinatos. La pobre chica tendrá que luchar una vez más para salvar a su hijo, a sus amigos y a sí misma. Los amigos sufrirán distintas muertes, a cuál más sanguinolenta e imaginativa, como ocurre en todo slasher que se precie. Algunas escenas son francamente desagradables, en mi opinión, pero siempre sin perder los toques de fantasía, que para eso estamos en un slasher onírico. Se siguen manteniendo las señas de identidad propias de la saga: escenarios surrealistas, humor retorcido, y conoceremos algo más del pasado de Freddy, a través del espíritu de su madre, la atormentada Amanda Krueger. A estas alturas, la fórmula parecía ya algo agotada, pero a mí me da igual, yo disfruté con esta entrega casi tanto como con las anteriores.


Mi semana con Marilyn (My week with Marilyn), de Simon Curtis. Michelle Williams se mete en la piel de uno de los iconos inmortales de la pantalla, la divina y atormentada Marilyn Monroe. Y, en mi opinión, lo hace muy bien. Michelle no es una actriz que me entusiasme mucho, y pienso que, en belleza y glamour, no se puede comparar con Marilyn, la verdad. Pero ha conseguido captar sus gestos, sus poses, y yo diría que hasta su alma. La película está basada en la novela de un tal Colin Clark y en el romance que, según él, mantuvo con la rubia estrella, mientras trabajaba como ayudante de producción en el rodaje de El príncipe y la corista, en Inglaterra. Dicho rodaje, bastante tormentoso, transcurrió entre las habituales crisis nerviosas de Marilyn, su choque de egos con Laurence Olivier, y los altibajos y abandonos de su tercer marido, Arthur Miller. El film está hecho para el lucimiento de su actriz protagonista, y también de Kenneth Branagh, que interpreta al gran Sir Laurence (no podía haber un actor más acertado para este papel). Tanto Michelle Williams como él fueron nominados al oscar, en las categorías de actriz principal y actor secundario. También aparecen por ahí, en papeles secundarios, Emma Watson, Judi Dench y Julia Ormond, que encarna a Vivien Leigh, a la que tampoco se parece en nada. El auténtico protagonista y narrador de esta historia, Colin, está interpretado por Eddie Redmayne, actor  al que hemos visto mucho últimamente, en films y telefilms de época, como Las hermanas Bolena, Los pilares de la Tierra o la superproducción Los miserables;  y es que se le da muy bien hacer de joven sufridor enamorado, a pesar de que físicamente es bastante feíllo (sí, es un comentario horrible y frívolo, pero, a ver quién tiene el valor de decirme que es guapo). La película, que parece una tv movie (sin que eso tenga que ser negativo), nos permite asomarnos, a través de la excelente interpretación de la actriz protagonista, al interior del mito de Marilyn, una estrella tan deslumbrante como desdichada.


Ciegas de amor (Histerical blindness), de Mira Nair. La filmografía de esta directora hindú se divide entre las historias que reflejan aspectos de la cultura de su país (Salaam Bombay!, Kama Sutra, La boda del Monzón), las películas de argumentos y personajes típicamente americanos o británicos (La feria de las vanidades, Cuando salí de Cuba, el biopic Amelia), o las obras en las se mezclan ambas sociedades (Mississippi Massala, El buen nombre, El fundamentalista reticente). Ciegas de amor, que pertenece al grupo de películas americanas, es un telefilm poco conocido (yo por lo menos no la conocía de nada, y eso que fue nominada a diversos premios), de 2002, y protagonizado por tres maravillosas actrices: nada menos que Uma Thurman, mi actriz preferida de todos los tiempos, Juliette Lewis, que también me encanta, y la fantástica Gena Rowlands. Uma y Juliette son Debby y Beth, dos amigas solteras, en los años 80, que salen de marcha por las noches intentando encontrar a su príncipe azul. La búsqueda es más difícil de lo que pensaban. Con este argumento pensaréis que la peli es una comedia romántica, pero no. Más bien es un dramón romántico y psicológico, porque ¡anda que no sufren todas! Gena Rowlands interpreta a la madre de Debby, la sensata Virginia. Bueno, pues la película está en la línea típica de telefilm-dramático-de mujeres, creo yo, por mucho que haya sido nominada a Emmys, Globos de Oro e Independent Spirit Awards; pero, eso sí, cuenta con la baza de sus tres grandes actrices, que bordan sus papeles, sobre todo mi querida Uma Thurman, que emociona y enerva con su personaje de Debby, una chica frustrada, obsesionada y caprichosa, que se niega a ver la realidad. Un personaje complejo y antiheroína total. También me conmovió Juliette Lewis interpretando a Beth, compañera de juergas y de penas, madre soltera, con tanto protagonismo en la película como Debby, y más equilibrada emocionalmente que ella, vamos, que es un personaje más “blanco”, y también está fantástica y muy guapa. Gena Rowlands, estupenda, como no podía ser menos (también sufre de lo lindo), y también aparecen por ahí, el prestigioso Ben Gazzara, y Justin Chambers, que la verdad es que no sé quién es. Jolie Peters es la pequeña Amber Autumn, la hija de Debby, una niña inteligente y más madura que su madre. En definitiva, una película para deleitarse con las actuaciones, dramas y amores de sus protagonistas.


John Carter, de Andrew Stanton. Esta es la primera (y última, por ahora, creo yo) película de su director que no es de animación; sus anteriores films fueron tres exitazos de Pixar: Bichos, la maravillosa Buscando a Nemo (codirigidas con John Lasseter y Lee Unkrich, respectivamente), y la muy original y de culto Wall-E. John Carter, producida por Disney, está basada en las novelas de la Serie Marciana, sobre todo en “Una princesa de Marte”, publicada en 1917 y escrita, igual que toda la saga, nada menos que por Edgar Rice Burroughs, el creador del mítico Tarzán. Total, que entre lo alto que tenía el listón el director por la gran calidad de su anterior filmografía, la dificultad de contentar a los lectores de las novelas, que por lo visto son obras de culto y precursoras de la ciencia ficción, y la fama de blanditas y anodinas que tienen las películas de Disney, era de esperar que a la gente no le iba a gustar mucho, y así ha sido. Que si es plana, sosa, aburrida, con un guión absurdo, que han mancillado el original… suele pasar con las adaptaciones. El argumento es un poco surrealista y naif, al fin y al cabo se trata de aventuras espaciales de principios del siglo XX. John Carter es un veterano de la Guerra de Secesión americana que un día, huyendo de los apaches, entra en una cueva y se encuentra un misterioso medallón. Al tocarlo, se ve teletransportado al planeta Marte, llamado Barsoom en el idioma de sus habitantes. El planeta es un extraño mundo en el que viven seres, también muy extraños, claro, y de distintas razas. Están los tharks, que parecen un cruce entre el saltamontes Flip, de la abeja Maya, y Jar Jar Binks, el repelente bicho de La amenaza fantasma (y secuelas), pero con cara de mala ostia (aunque al final son muy majos), cuatro brazos, y tamaño humano, o más altos, no me acuerdo. Hay unos animales monstruosos, enormes, y feos de c…, que no tengo palabras para describir. Pero también hay seres con aspecto humano, como los Therns, una especie de videntes tenebrosos de oscuras intenciones, valga la redundancia; los habitantes de Zodanga, y los de Helium. Precisamente estos dos últimos pueblos están envueltos en una guerra, y John tendrá que ayudar a los de Helium, que son los buenos. Además, la princesa de Helium, Dejah Thoris, es muy bella, luchadora, científica, y gran líder de su pueblo, así que, claro, los dos protas se tienen que enamorar. Nuestro héroe, entre otros poderes que ha desarrollado en este nuevo entorno, puede desplazarse con enormes saltos, debido a una menor gravedad, y el problema del idioma lo soluciona bebiendo un extraño mejunje. Todo resulta muy bizarro y absurdo, y eso es lo que argumentan los  muchos detractores de la película. Pero, no sé, los que quieran rigor científico, que lean una novela de Isaac Asimov, digo yo. Después están los puristas, que como suele ocurrir en estos casos, dicen que el film no adapta fielmente y traiciona el espíritu de las novelas, pero yo ni las he leído ni las voy a leer, así que me da igual. Total, que sí, que la peli es blandita, infantil, y absurda, pero a mí me ha entretenido mucho. Hay bonitos paisajes desérticos, aventuras simplonas, filosofía naif, guapos protagonistas (Lynn Collins es la bella princesa y Taylor Kitsch es el musculoso John Carter), y también están por ahí Willem Dafoe y Samantha Morton poniendo voces de bichos (de tharks), así que… ¿qué más queréis? ¡A desconectar!

Bueno, amigos, esta ha sido mi cuarta entrada de las películas que vi el verano pasado. Empecé hace diez meses, así que he cambiado ligeramente el título para adaptarlo a los nuevos tiempos. Pido perdón a mis fans, si me queda alguno, por tardar tanto. La verdad es que no tengo excusa, chicos. Todavía me queda otro post, espero volver más pronto que tarde, pero... no sé. ¡Saludos y feliz verano a todos!