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lunes, 12 de mayo de 2025

Burbuja: La chica burbuja. Thunderbolts: ¿Héroes o marginados, o las dos cosas?

 Llevaba una temporada viendo películas de terror, sangre y cuchillos, y tampoco me gustaron mucho. Luego tengo pesadillas, aunque mi parte morbosa quiere seguir viéndolas, pero decidí cambiar un poco el registro y ver pelis más amables. Estas son 2 de ellas.

Burbuja (Bubble), de Tetsuro Araki. La vi en Netflix.


Cinta de animación japonesa, una joyita escondida del anime. Un día ocurrió un apocalipsis cuando empezaron a caer burbujas sobre el mundo, pero tantas que destrozaron los edificios y destruyeron la vida tal como la conocemos. La acción tiene lugar en un Tokio derruido y aislado, donde viven grupos de jóvenes que han perdido a sus familias y se dedican a practicar parkour en los edificios que todavía quedan en pie y a hacer batallas entre equipos. Hibiki, el muchacho más arriesgado e imprudente, cae un día al vacío de las burbujas en el cielo, y una extraña chica con poderes especiales, que la verdad es que no sabemos de dónde ha salido, le salva la vida. La chica se enamora de él y él le pone el nombre de Uta. Dicen que la historia de amor entre estos 2 adolescentes está inspirada en La sirenita. Cinta muy bonita visualmente y, bueno, con todas las características de los animes. Muy recomendable, aunque sólo sea por ver la belleza de las imágenes y colores.

Thunderbolts, de Jake Schraier. La vi en el cine.


Los Vengadores ya no están. Se han disuelto, o han huído, o han muerto. Entonces, ¿quién va a salvar el mundo ahora (el mundo según Marvel, que para DC tenemos a otros). Pues tenemos a los Thunderbolts, un grupo de inadaptados que pueden llegar a ser héroes, aunque atormentados o con pasados traumáticos, pero en el momento de la verdad nos pueden salvar a todos. No tienen el glamour de Los Vengadores o El Escuadrón Suicida, pero sí que tienen poder y mucha voluntad. Tenemos a la hermana y el padre de la Viuda Negra, de los Vengadores; el Soldado de Invierno, amigo del Capitán América; una chica que si se pone un traje especial, se convierte en un fantasma ultrarrápido e invisible; un Capitán América que no sé de dónde ha salido (yo es que no me he leído los cómics); y un personaje que puede ser más poderoso que todos los Vengadores juntos, pero todo depende de para qué utilice ese poder y de que caiga en las manos adecuadas. Entre los rostros conocidos están Florence Pugh, David Harbour y Sebastian Stan, y ya no conozco a más. Ah, también hay una super villana. Recomendable para pasar un buen rato.    
  

miércoles, 28 de mayo de 2014

La Lego película: Bienvenidos al mundo de los muñequitos

Existe un mundo cuyos habitantes son muñequitos, o figuritas, de Lego, el famoso juego de construcciones, y todos sus objetos, edificios, animales, caminos… están formados por piezas de Lego. En este mundo hay ciudades, carreteras, personas que trabajan, van en coche a sus trabajos, sufren atascos, descansan, se divierten, compran y consumen… Todo a imagen y semejanza de cualquiera de nuestras ciudades modernas. Todos son felices en este mundo perfecto y con sus reglas adecuadas. Allí vive Emmet, un ciudadano normal, corriente y afable, un obrero de la construcción que sigue las normas y se conforma con todo. Emmet es tan anodino que a veces se siente ignorado por los demás y no termina de encajar en este mundo maravilloso, aunque él cree que sí. Un día aparece una chica muy guapa y aguerrida (otra figurita, claro), que le dice que él es el Elegido en una misión importantísima para salvar el mundo. Tras el asombro inicial, Emmet se embarcará junto a Super Cool (llamada, en la versión original, Wildstyle), la guapa chica luchadora, en una trepidante aventura donde conocerá a personajes legendarios, héroes de comic, villanos megalómanos, y descubrirá que hay muchos universos más allá del que él conocía.

La Lego película (The Lego movie) es un film producido por el grupo Lego, una empresa danesa que en 1934 creó oficialmente el famosísimo juego de bloques, primero de madera, después de plástico, con el que los niños de todo el mundo hemos dado rienda suelta a nuestra imaginación fabricando edificios, vehículos, y todo lo que se nos ocurriera (bueno, a mí se me ocurría poco, nunca se me han dado muy bien las construcciones, y además siempre he sido más de los clicks). No es la primera película sobre este juego; la propia compañía ya produjo anteriormente un buen número de series de tv, películas y cortometrajes, recreando el mundo de los ninjas, héroes como Indiana Jones o Batman, la Guerra de las Galaxias o el Señor de los Anillos. Y esta es una de las bazas con las que cuenta la película: la cantidad de personajes populares que aparecen; desde protagonistas de comics y sus adaptaciones cinematográficas hasta iconos de la historia y cultura americanas, desde Abraham Lincoln hasta Superman, Wonder Woman o Gandalf (genial el diálogo en que le confunden con el profesor Dumbledore, de la saga Harry Potter), pasando por los protas de Star Wars, se pasean por los distintos universos Lego, provocando la sonrisa (o carcajada) del público adulto más friki. Los niños más pequeños  no entenderán estos guiños, pero se lo pasarán en grande con la acción desenfrenada y las aventuras de estos entrañables muñequitos. Bajo el barniz de la diversión, enseguida encontramos el mensaje de autosuperación y búsqueda de la identidad, tan frecuente en las películas americanas. Además, el argumento recuerda muchísimo al de Matrix, con su aire filosófico y metafísico, sus mundos reales y ficticios, y sus protas embarcados en la misión de descubrir la verdad oculta. A medida que avanza la acción, la historia va desvariando, con giros inesperados, de modo que llega a convertirse en una auténtica paranoia.


Como artífices del film, nos encontramos a tres directores: Philip Lord, Chris Miller y Chris McKay. Los dos primeros son responsables, además, del guión. De sus cabezas, no sé si muy pensantes en este caso, han salido productos como la primera Lluvia de albóndigas, película de animación que a mí me parece horrible, pero que tuvo bastante éxito entre el púbico infantil; Infiltrados en clase, comedia, esta vez de acción real, con Jonah Hill y Channing Tatum haciendo el tonto (supongo, porque no la he visto), como unos policías disfrazados de estudiantes, y su inevitable secuela, Infiltrados en la Universidad. Chris McKay es uno de los creadores de Robot chicken y Robot chicken: Star wars: Episode III, series de animación ya de culto. La primera tiene un humor bastante gamberro, paródico, salvaje, y no recomendable para los niños (vamos, yo no se la dejaría ver a mis hijos, si los tuviera). Te ríes bastante, eso sí. En la segunda el humor creo que es más naif, más inocente (corregidme si me equivoco, porque apenas la he visto), e igual de absurdo. Por el título, ya os podéis imaginar a qué saga parodia, ¿verdad? Chris McKay debe de ser responsable de la parte técnica de La Lego película, o tiene el mismo equipo de animadores que en Robot chicken, porque los muñequitos de Lego, sus caras y sus movimientos, me recordaron desde el principio a los personajes de dicha serie, salvando las distancias, porque Lego va dirigida a toda la familia, y Robot… pues no.
He dejado lo mejor de la peli para el final: dos canciones.  La primera, “Todo es fabuloso” en la versión española, y “Everything is awesome” en la versión original, tema interpretado por el protagonista, Emmet, y coreado por multitud de muñequitos, es algo así como el himno oficial de Legoland, todo un canto a la alegría y el optimismo, llevado a extremos cómicos y surrealistas, como el “Always look on the bright side of life” de La vida de Brian. Y, como este último tema, es muy pegadizo y te da buen rollito. La segunda canción la canta Batman, sí, Batman, que aparece en la película con un papel importante. Y la canción es tan genial como él: oscura, absurda, horrible y tronchante. Porque el Batman de Lego es una parodia de sí mismo, un verdadero anti-super-héroe. Y ya no os digo más; si queréis conocer más de este personaje y de los mundos alocados e imaginativos de Lego, ¡a ver la peli! No os arrepentiréis (o sí, nunca se sabe).

miércoles, 5 de febrero de 2014

Películas de aquel verano V


Pesadilla final, la muerte de Freddy (Freddy’s dead: the final nightmare), de Rachel Talalay. Desde que, en 1984, el maestro Wes Craven ideara y dirigiera la emblemática y ya obra de culto Pesadilla en Elm Street, cada año, o como mucho, cada dos, aparecía una nueva entrega de la saga de Freddy Krueger, el psychokiller que vive (y mata) en los sueños de los adolescentes. La fórmula del slasher, que comenzó a finales de los 80 con Viernes 13 y La noche de Halloween, parecía funcionar. A la gente le gustaba ver a jóvenes guapos y descerebrados morir violentamente en la pantalla, y el hecho de que el asesino sólo apareciese cuando las víctimas estaban dormidas, entroncaba directamente con los terrores infantiles con los que todos nos podemos identificar. Pero no se puede estirar eternamente una buena idea, y el filón empezaba a agotarse. Cada nueva secuela ganaba en humor y en surrealismo, pero perdía en calidad, como las fotocopias de las fotocopias. Había que darle un final medio digno a la saga, y Freddy tenía que morir, esta vez definitivamente, porque mira que lo mataron y derrotaron veces, pero nada, siempre resucitaba. Así que, en la VI Pesadilla en Elm Street, Freddy muere, parece que del todo. Pero… luego aparece otra vez en La nueva pesadilla de Wes Craven, en 1994, pero… no era exactamente Freddy, así que se puede considerar que sí, el personaje está muerto, remakes aparte, claro. Pesadilla final se estrenó en 1991 y la dirigió Rachel Talalay, que fue ayudante de producción en las anteriores entregas. En la historia, han pasado diez años desde los acontecimientos de la quinta parte, y esta vez no hay ninguna conexión con los personajes anteriores: todos los protagonistas aparecen por primera vez. Freddy ha vuelto, aparte de para divertirse matando gente, para buscar, nada menos que a su hija. Sí, nuestro psicópata tiene una hija, ya bastante crecidita, por cierto, e intentará localizarla a través de los sueños de un joven amnésico, único superviviente de la matanza de adolescentes de Springwood (es la primera vez que se dice el nombre del pueblo escenario de la saga, creo yo). La chica, interpretada por Lisa Zane, luchará contra su monstruoso padre, con la ayuda de varios jóvenes rebeldes y problemáticos, que, como es lógico, irán cayendo por el camino. También veremos algunas partes de la infancia de Krueger, y nos intentarán explicar por qué estaba tan desquiciado. Las muertes son bastante grotescas, imaginativas, y algo brutales, pero no tanto como en los slashers de hoy en día (todavía faltaban unos añitos para Destino final), y siempre en el entorno surrealista de las pesadillas. La película tiene escenas psicodélicas, un cameo de Johnny Depp, y en general es absurda y cutre, como un producto de serie B. Encima, en un alarde de originalidad, o de “bizarrismo”, hay incluso escenas en 3-D, y como estábamos en los 90, y esto no era Avatar, pues estaban fatal hechas. Total, que fue un fracaso. Hoy todos la siguen poniendo a parir. A mí me encanta. Volví a sumergirme y a disfrutar del universo terrorífico, fantástico y kitsch creado por el incombustible Wes Craven. Robert Englund, magnífico, como siempre, encarnando a un Freddy cada vez más autoparódico, pero, ¿qué más da? Sigue siendo un icono del terror moderno, ¿o no?

 
La vida de Brian (The life of Brian), de Terry Jones. ¿Qué se puede decir de esta película mítica, que no se haya dicho ya? Esta vez mi opinión sí es la de la mayoría. Obra maestra, redonda, genial e irrepetible de los Monthy Phyton. Como sabéis, este grupo de cómicos británicos (excepto Terry Gilliam, que es americano), comenzó su andadura a principios de los 70 con una serie en la tv inglesa, Monty Python’s Flying Circus, compuesta por sketches con un humor absurdo y surrealista y una fuerte carga de crítica social. Después, a los largo de los 70 y 80, realizaron varias películas, en la misma línea, como Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, La vida de Brian o El sentido de la vida. Eran obras dirigidas, escritas y protagonizadas por ellos, en las que satirizaban, de forma más o menos directa, diversos aspectos de la sociedad y política británicas, siempre a través de guiones delirantes e historias disparatadas, a menudo ambientadas en otras épocas o en entornos de fantasía. La vida de Brian es la mejor (creo yo). La película, como su nombre indica, cuenta la vida de Brian, un hombre sencillo, que vive en la Galilea de la época de Jesucristo, y que casualmente, nace el mismo día que el Mesías. Ya el día de su nacimiento los Reyes Magos se equivocan y casi le entregan los regalos a él. De adulto, Brian se enamora de Judith, una activista revolucionaria que pertenece a uno de los muchos grupos que luchan por liberar a Judea del Imperio Romano. Sin comerlo ni beberlo, se une al grupo, que se llama Frente Popular de Judea, y, sin tener mucho interés en la política, se ve envuelto en las acciones rebeldes, sólo por amor. Total, que el pobre Brian pasa por un sinfín de peripecias, hasta que un buen día la multitud le confunde con un profeta, después con el Mesías, y comienza a ganar numerosos seguidores, totalmente en contra de su voluntad. Una especie de Forrest Gump pero con menos suerte. Y ya no os cuento más, tenéis que verla (una tontería por mi parte decir esto, porque seguro que todos la habéis visto, además varias veces). Como la mayoría de las películas de los Monthy Python, La vida de Brian esconde una ácida crítica social, política, y a la humanidad en general; pero no fue esto lo que la convirtió en una obra bastante polémica en su día, sino el hecho de mezclar la figura de Jesucristo en una trama tan delirante, algo que muchos consideraban irrespetuoso. De todas formas, no creo que el escándalo fuera comparable al de Jesucristo Superstar, 6 años antes, o al de La última tentación de Cristo, 9 años después; aunque en esta última, dicen que el aparente revuelo era sólo un truco publicitario, y es que cada vez estamos más de vuelta de todo (bueno, algunos). La película, como de costumbre, es recomendable verla en V.O. Yo no soy una fanática de las versiones originales, aunque las prefiero, pero en este caso hay que escuchar la descacharrante actuación de Terry Jones haciendo de la madre de Brian o a un Poncio Pilatos, interpretado por Michael Palin, con problemas de dicción. Ah, y no tengo más remedio que mencionar los surrealistas títulos de crédito, obra de Terry Gilliam, y la alegre canción final, compuesta por Eric Idle, que hace que termines de ver la peli con muy buen rollito. Pues nada, todos a verla otra vez. Y recordad: “Always look on the bright side of life… la la, la la, la la, la la…”, o algo así.
 Brian era interpretado por Graham Chapman, otro de los miembros de los Monthy Python, que, lamentablemente, falleció en 1989.
En su funeral, Eric Idle cantó un fragmento de “Always look on the bright side of life”.
Hay también otro grupo de películas, que no fueron realizadas por el grupo completo, pero en las que participan varios de sus miembros, como directores, guionistas o actores. En ellas se mantiene buena parte del estilo, humor y fantasía de sus proyectos en común, y algunas son verdaderas joyitas, como Los héroes del tiempo, Eric el vikingo, o Un pez llamado Wanda. Terry Gilliam, el único miembro americano del conjunto, guió su carrera por otros derroteros, realizando películas con un estilo muy personal, de corte fantástico, pero siempre con una vertiente oscura, y no exenta de polémica. Pero esa es otra historia.


¡Piratas! (The pirates! Band of misfits), de Peter Lord y Jeff Newitt. Otra de las simpáticas obras de Aardman Animation, productora británica fundada a mediados de los 70 por el propio Peter Lord y David Sproxton y especializada en la animación en stop-motion y claymation (es decir, con muñequitos de plastilina). Sus primeros trabajos consistieron en pequeños espacios animados para diversos programas de la BBC y en dos series de cortos, Animated conversations y Creature comforts, con peculiares personajes, tanto humanos como animales, todos hechos de plastilina. En 1985 se unió al estudio Nick Park, el creador de los emblemáticos Wallace, un inventor torpe y bonachón, y Gromit, su perro, mucho más inteligente que él. Wallace y Gromit protagonizaron varios cortos, acumuladores de buenas críticas, oscars y otros premios, antes de dar el salto al largometraje en 2005 con "Wallace & Gromit. La maldición de las verduras", una película, muy fiel al estilo de la productora, con un humor entre naif y surrealista, personajes adorables, y un conejo mutante y feroz. Su ingenio nos conquistó a todos y le hizo ganar el oscar a la mejor película de animación. Pero no fue este el primer largometraje de Aardman. En 2000 se había estrenado la fantástica Chicken run: Evasión en la granja, divertido homenaje a las películas de fugas de campos de concentración, como La gran evasión, y protagonizada por un grupo de gallinas que quieren huir de la granja donde llevan una vida alienante y de la amenaza de acabar en la mesa de los granjeros como comida de los domingos. Esta peli también consiguió diversas nominaciones y premios, pero el carisma de la voluntariosa gallina Ginger y sus amigas no fue suficiente para que entrase en la competición de los oscars, por desgracia. Tanto Evasión en la granja como La maldición de las verduras fueron producto de un acuerdo firmado entre Aardman y Dreamworks, para que Aardman realizase sus películas con la ayuda de las nuevas tecnologías. De este acuerdo nació también, en 2006, Ratónpolis, la historia de Roddy, una rata que vive a todo lujo en una casita de muñecas, creo recordar, y que termina cayendo a una alcantarilla, donde conocerá el mundo subterráneo de Ratónpolis y a sus variopintos personajes. Esta película, al parecer, no tuvo tanto éxito de crítica ni público como las dos anteriores, y esto provocó que los dos estudios dejasen de trabajar juntos, y es que, en el maravilloso mundo del cine, también “la pela es la pela”. En 2011 se estrenó Arthur Christmas: Operación regalo, esta vez en coproducción con Sony Pictures e incorporando el 3-D a su tecnología; un film muy navideño que nos cuenta los avatares, nada menos que del hijo de Santa Claus.
 Bueno, y después de enrollarme tanto con la historia de Aardman, voy a hablar de Piratas (paso de seguir escribiendo las exclamaciones que lleva el título), que ya va siendo hora. Estrenada en 2012, producida enteramente por Aardman, volviendo al stop motion y la plastilina, pero sin dejar los efectos digitales ni el 3-D (debieron pensar que, si no, no se iban a comer una rosca hoy en día). Cuenta las aventuras de una tripulación de piratas que son todo menos temibles. A ellos les gustaría que su nombre y sus hazañas fuesen conocidas del uno al otro confín del mundo, pero los pobres siempre terminan siendo el desastre de los Siete Mares. El mayor sueño de su capitán, al que todos llaman Capitán Pirata, es ganar el premio al Pirata del Año. Para eso tiene que conseguir más botines y asaltar más barcos que nadie, pero todo les sale al revés a él y su tripulación. Hasta que conocen nada menos que a Charles Darwin, y terminan yendo con él a Inglaterra, a un congreso de científicos internacionales. Pero la Inglaterra de la época es la de la reina Victoria, que resulta ser una hija de… la Gran Bretaña, y que odia a muerte a los piratas. Así que nuestros amigos correrán muchos peligros y aventuras. La película mantiene la impronta característica de Aardman, y que tan buenos resultados suele darle: personajes entrañables, aventuras alocadas, humor asequible a todas las edades, perfeccionismo y cuidado en los detalles (gran recreación de la Inglaterra victoriana), y un estilo muy british. En la versión original, el doblaje cuenta con voces de lujo, como Hugh Grant, Imelda Staunton (Queen Victoria, cómo no), el maravilloso Brendan Gleeson, o Salma Hayek, haciendo de pirata sexy. Aunque a mí no me gusta nada esa moda de poner actores o famosos doblando en películas de animación. Me da muchísima rabia, porque suelen sonar muy forzados, y encima le quitan trabajo a los verdaderos actores de doblaje de animación, que sí que lo hacían bien, y eso será en todos los países, supongo. En fin, en nuestra versión patria, tenemos a José Coronado poniendo la voz del Capitán Pirata, y, mira, no lo hacía mal, y también estaba por allí Iniesta (sí, el futbolista, que no chirriaba mucho, creo recordar, ¿o sí?). Bueno, película muy divertida y recomendable, para los niños y sus sufridos padres, con la que Aardman vuelve a demostrar que puede abrirse camino entre los monstruos de la animación (Pixar, Disney, Ghibli, Dreamworks…). Ah, atención a un pirata que no es exactamente lo que parece (aunque te das cuenta en seguida, que al fin y al cabo es una peli infantil).



Los mercenarios 2 (The expendables 2), de Simon West. Y por fin llegamos a la última película, el colofón de mi serie de posts sobre las pelis que vi en agosto de 2012 (ya era hora, que llevo más de un año para escribir todas estas críticas). Bueno, pues esta la vi en septiembre, pero me lo pasé tan bien, que tenía que incluirla. Además, esta saga, convertida en obra de culto antes de haber concluido (el año que viene tendremos la 3ª entrega), es cine palomitero a más no poder, muy adecuado para el verano, que no es época de recogimiento y mucho menos de pensar. En 2010 se estrenó Los mercenarios, dirigida por el ya-talludito-pero-todavía-cachas-y-seguro-que-muy-operado Sylvester Stallone, y con guión del propio Stallone y un tal Dave Callaham. La cinta reunía a algunas de las mayores estrellas del cine de acción del presente, o presente-pasado, como Jason Statham, Jet Li o, por supuesto, Stallone, con veteranos todavía dispuestos a repartir tortas, como Dolph Lundgren (ay, Dolph, quién le ha visto y quién le ve, con lo guapo que era cuando hacía He-Man y los Masters del Universo), y Eric Roberts (ese siempre ha sido feo, lo siento). Pero es que, además, aparecían nada menos que Bruce Willis, en un breve papel, y nuestro gobernador de California preferido, Arnold Schwarzenegger, en poco más que un cameo. También estaban por ahí el inigualable Mickey Rourke, en un personaje filosófico (y paradójicamente, sin escenas de acción), y Terry Crews y Randy Couture, que no sé muy bien quiénes son. Como era de esperar, la película fue un éxito entre los amantes del cine de acción ochentero. Tenía todos los ingredientes: héroes de antaño, convenientemente operados y/o anabolizados, luchando junto a action men del cine actual, musculosos y con cara de mala ostia, pero con buen corazón. Todos dispuestos para la batalla y con buen rollo y camaradería entre ellos. Tiros, explosiones (muchas), golpetazos, patadones, guión infantiloide, como era de esperar, diálogos que no son ingeniosos ni lo pretenden (genial el “porque yo lo valgo” de Jason Statham), y, como no podía ser menos, una guapa chica que mantiene un pseudo-rollo romántico con Barney Ross, el personaje de Sylvester Stallone. También hay una escena entre Sylvester y Arnold que, aunque es muy tonta, nos hizo reír a todos por los guiños que contiene. Total, que la peli se convirtió rápidamente en un blockbuster nostálgico del cine de machotes. Había que seguir explotando el filón, y dos años después llegó la secuela, dirigida por Simon West, cuya filmografía no engaña a nadie, ya que se compone de éxitos de acción y entretenimiento como Con Air, Lara Croft: Tomb raider, la penosa Cuando llama un extraño, o The mechanic, ésta última para mayor gloria de Jason Statham. Los mercenarios 2, en mi opinión, no cumple el dicho de "segundas partes nunca fueron buenas", ya que es mejor, más divertida y un poco más elaborada (aunque sigue siendo disparatada, claro), que su antecesora, y cuenta con ilustres incorporaciones, como ya sabéis. Para bajar un poco la media de edad de los protagonistas, aparece (aunque no durante mucho tiempo) Liam Hemsworth (sí, el hermano de Chris “Thor” Hemsworth y el muchachote moreno de Los juegos del hambre). El malo malísimo es nada menos que Jean-Claude Van Damme. En esta entrega, lamentablemente, no tenemos a Mickey Rourke y sus reflexiones espirituales, pero el papel de Bruce Willis es más relevante y la intervención de Arnold Schwarzenegger también es un poco más larga, lo cual se agradece. Ambos participan junto a los protas en la lucha final, el clímax de la película, donde también se luce… sí, el que todos estáis esperando: el incombustible Chuck Norris, que actualmente triunfa tanto en internet con los chistes que se cuentan sobre él, como con la serie Walker Texas Ranger. No me acuerdo si en la peli lanza una de sus patadas giratorias, pero sí aparece en otra escena delirante y autoparódica. En Los mercenarios 2 (se agradece que no hayan puesto ningún subtítulo tipo “El regreso”, “Misión mortal” o “Más peligrosos que nunca”, sobre todo con las traducciones tan patéticas que se hacen en español), las aventuras son a mayor escala, ya que tienen que salvar al mundo de los terroristas y sus cargamentos de plutonio. Los personajes son más “entrañables” y se toman un poco más en serio a sí mismos, aunque siguen siendo sacos de músculos con conversaciones tontas y siempre dispuestos a pegar tiros y dar tortas con tal de defender a los inocentes, que es lo que se pretende al fin y al cabo. Ah, y Dolph Lundgren ya no parece sólo un bulldog; ahora parece un bulldog que habla y a veces hasta dice algo gracioso (ay, Dolph, que eras uno de mis ídolos de mis carpetas de estudiante, por Dios). Lo que te puede llegar a cambiar el exceso de bótox y de tomar el sol. En fin, que Los mercenarios 2 me gustó más que la 1ª y os la recomiendo si sois amantes de la acción y de la nostalgia ochentera, y no la habéis visto todavía, lo cual es imposible. Al parecer, en la 3ª no estará Chuck Norris, qué decepción para sus fans, bueno, siempre nos quedará Walker.


Bueno, chicos, esta ha sido mi quinta y última entrada de las películas que vi en agosto de 2012. Ya ni siquiera es el verano pasado, así que he vuelto a cambiar el título por otro más poético, que lo será más conforme vaya pasando el tiempo, y algún día vuelva a releer mis "escritos" (porque no creo que nadie más lo haga, de hecho, creo que yo tampoco lo haré). De todas formas, cuando desaparezca internet y los soportes digitales actuales, y haya otros medios de información super virtuales e interactivos, ¿qué pasará con todas estas palabras que escribimos? ¿Se podrán recuperar? ¿Quedarán perdidas en el espacio y el tiempo, por muchas copias de seguridad que tengamos? No me hagáis caso, son reflexiones pesimistas y delirantes. En fin, que aunque he tardado tanto, no os quejéis, que son cuatro pelis en un post, ¿eh?

¡Volveré!

lunes, 29 de julio de 2013

Películas del verano pasado IV

Pesadilla en Elm Street 5, el niño de los sueños (A nightmare on Elm Street V: the dream child), de Stephen Hopkins. La carrera de este director se compone de films más o menos mediocres y entretenidos, como Depredador 2, Los demonios de la noche, Perdidos en el espacio o La cosecha, trabajando, eso sí, con grandes actores o incluso estrellas del momento, como Jeff Bridges, Tommy Lee Jones, Michael Douglas o Hillary Swank. Tal vez su trabajo más destacado en el cine sea Llámame Peter, biopic del controvertido Peter Sellers, encarnado por el genial Geoffrey Rush. Después se ha dedicado a la tv, participando en la dirección de exitosas series como 24 o Californication. Pero, antes de todo eso, fue el responsable del quinto film de la saga del psicópata de las cuchillas. Esta vez la prota es Alice, heroína desde la mitad de la anterior entrega (tomando el relevo de Kristen), y la única superviviente, junto con su novio, Dan, que en esta quinta parte la palma pronto, la verdad. En una especie de giro del guión (aunque tampoco es que se hayan comido mucho el coco), Freddy actúa ahora a través de los sueños del niño aún no nacido de Alice, esperando apoderarse de su alma y convertirle en cómplice de sus asesinatos. La pobre chica tendrá que luchar una vez más para salvar a su hijo, a sus amigos y a sí misma. Los amigos sufrirán distintas muertes, a cuál más sanguinolenta e imaginativa, como ocurre en todo slasher que se precie. Algunas escenas son francamente desagradables, en mi opinión, pero siempre sin perder los toques de fantasía, que para eso estamos en un slasher onírico. Se siguen manteniendo las señas de identidad propias de la saga: escenarios surrealistas, humor retorcido, y conoceremos algo más del pasado de Freddy, a través del espíritu de su madre, la atormentada Amanda Krueger. A estas alturas, la fórmula parecía ya algo agotada, pero a mí me da igual, yo disfruté con esta entrega casi tanto como con las anteriores.


Mi semana con Marilyn (My week with Marilyn), de Simon Curtis. Michelle Williams se mete en la piel de uno de los iconos inmortales de la pantalla, la divina y atormentada Marilyn Monroe. Y, en mi opinión, lo hace muy bien. Michelle no es una actriz que me entusiasme mucho, y pienso que, en belleza y glamour, no se puede comparar con Marilyn, la verdad. Pero ha conseguido captar sus gestos, sus poses, y yo diría que hasta su alma. La película está basada en la novela de un tal Colin Clark y en el romance que, según él, mantuvo con la rubia estrella, mientras trabajaba como ayudante de producción en el rodaje de El príncipe y la corista, en Inglaterra. Dicho rodaje, bastante tormentoso, transcurrió entre las habituales crisis nerviosas de Marilyn, su choque de egos con Laurence Olivier, y los altibajos y abandonos de su tercer marido, Arthur Miller. El film está hecho para el lucimiento de su actriz protagonista, y también de Kenneth Branagh, que interpreta al gran Sir Laurence (no podía haber un actor más acertado para este papel). Tanto Michelle Williams como él fueron nominados al oscar, en las categorías de actriz principal y actor secundario. También aparecen por ahí, en papeles secundarios, Emma Watson, Judi Dench y Julia Ormond, que encarna a Vivien Leigh, a la que tampoco se parece en nada. El auténtico protagonista y narrador de esta historia, Colin, está interpretado por Eddie Redmayne, actor  al que hemos visto mucho últimamente, en films y telefilms de época, como Las hermanas Bolena, Los pilares de la Tierra o la superproducción Los miserables;  y es que se le da muy bien hacer de joven sufridor enamorado, a pesar de que físicamente es bastante feíllo (sí, es un comentario horrible y frívolo, pero, a ver quién tiene el valor de decirme que es guapo). La película, que parece una tv movie (sin que eso tenga que ser negativo), nos permite asomarnos, a través de la excelente interpretación de la actriz protagonista, al interior del mito de Marilyn, una estrella tan deslumbrante como desdichada.


Ciegas de amor (Histerical blindness), de Mira Nair. La filmografía de esta directora hindú se divide entre las historias que reflejan aspectos de la cultura de su país (Salaam Bombay!, Kama Sutra, La boda del Monzón), las películas de argumentos y personajes típicamente americanos o británicos (La feria de las vanidades, Cuando salí de Cuba, el biopic Amelia), o las obras en las se mezclan ambas sociedades (Mississippi Massala, El buen nombre, El fundamentalista reticente). Ciegas de amor, que pertenece al grupo de películas americanas, es un telefilm poco conocido (yo por lo menos no la conocía de nada, y eso que fue nominada a diversos premios), de 2002, y protagonizado por tres maravillosas actrices: nada menos que Uma Thurman, mi actriz preferida de todos los tiempos, Juliette Lewis, que también me encanta, y la fantástica Gena Rowlands. Uma y Juliette son Debby y Beth, dos amigas solteras, en los años 80, que salen de marcha por las noches intentando encontrar a su príncipe azul. La búsqueda es más difícil de lo que pensaban. Con este argumento pensaréis que la peli es una comedia romántica, pero no. Más bien es un dramón romántico y psicológico, porque ¡anda que no sufren todas! Gena Rowlands interpreta a la madre de Debby, la sensata Virginia. Bueno, pues la película está en la línea típica de telefilm-dramático-de mujeres, creo yo, por mucho que haya sido nominada a Emmys, Globos de Oro e Independent Spirit Awards; pero, eso sí, cuenta con la baza de sus tres grandes actrices, que bordan sus papeles, sobre todo mi querida Uma Thurman, que emociona y enerva con su personaje de Debby, una chica frustrada, obsesionada y caprichosa, que se niega a ver la realidad. Un personaje complejo y antiheroína total. También me conmovió Juliette Lewis interpretando a Beth, compañera de juergas y de penas, madre soltera, con tanto protagonismo en la película como Debby, y más equilibrada emocionalmente que ella, vamos, que es un personaje más “blanco”, y también está fantástica y muy guapa. Gena Rowlands, estupenda, como no podía ser menos (también sufre de lo lindo), y también aparecen por ahí, el prestigioso Ben Gazzara, y Justin Chambers, que la verdad es que no sé quién es. Jolie Peters es la pequeña Amber Autumn, la hija de Debby, una niña inteligente y más madura que su madre. En definitiva, una película para deleitarse con las actuaciones, dramas y amores de sus protagonistas.


John Carter, de Andrew Stanton. Esta es la primera (y última, por ahora, creo yo) película de su director que no es de animación; sus anteriores films fueron tres exitazos de Pixar: Bichos, la maravillosa Buscando a Nemo (codirigidas con John Lasseter y Lee Unkrich, respectivamente), y la muy original y de culto Wall-E. John Carter, producida por Disney, está basada en las novelas de la Serie Marciana, sobre todo en “Una princesa de Marte”, publicada en 1917 y escrita, igual que toda la saga, nada menos que por Edgar Rice Burroughs, el creador del mítico Tarzán. Total, que entre lo alto que tenía el listón el director por la gran calidad de su anterior filmografía, la dificultad de contentar a los lectores de las novelas, que por lo visto son obras de culto y precursoras de la ciencia ficción, y la fama de blanditas y anodinas que tienen las películas de Disney, era de esperar que a la gente no le iba a gustar mucho, y así ha sido. Que si es plana, sosa, aburrida, con un guión absurdo, que han mancillado el original… suele pasar con las adaptaciones. El argumento es un poco surrealista y naif, al fin y al cabo se trata de aventuras espaciales de principios del siglo XX. John Carter es un veterano de la Guerra de Secesión americana que un día, huyendo de los apaches, entra en una cueva y se encuentra un misterioso medallón. Al tocarlo, se ve teletransportado al planeta Marte, llamado Barsoom en el idioma de sus habitantes. El planeta es un extraño mundo en el que viven seres, también muy extraños, claro, y de distintas razas. Están los tharks, que parecen un cruce entre el saltamontes Flip, de la abeja Maya, y Jar Jar Binks, el repelente bicho de La amenaza fantasma (y secuelas), pero con cara de mala ostia (aunque al final son muy majos), cuatro brazos, y tamaño humano, o más altos, no me acuerdo. Hay unos animales monstruosos, enormes, y feos de c…, que no tengo palabras para describir. Pero también hay seres con aspecto humano, como los Therns, una especie de videntes tenebrosos de oscuras intenciones, valga la redundancia; los habitantes de Zodanga, y los de Helium. Precisamente estos dos últimos pueblos están envueltos en una guerra, y John tendrá que ayudar a los de Helium, que son los buenos. Además, la princesa de Helium, Dejah Thoris, es muy bella, luchadora, científica, y gran líder de su pueblo, así que, claro, los dos protas se tienen que enamorar. Nuestro héroe, entre otros poderes que ha desarrollado en este nuevo entorno, puede desplazarse con enormes saltos, debido a una menor gravedad, y el problema del idioma lo soluciona bebiendo un extraño mejunje. Todo resulta muy bizarro y absurdo, y eso es lo que argumentan los  muchos detractores de la película. Pero, no sé, los que quieran rigor científico, que lean una novela de Isaac Asimov, digo yo. Después están los puristas, que como suele ocurrir en estos casos, dicen que el film no adapta fielmente y traiciona el espíritu de las novelas, pero yo ni las he leído ni las voy a leer, así que me da igual. Total, que sí, que la peli es blandita, infantil, y absurda, pero a mí me ha entretenido mucho. Hay bonitos paisajes desérticos, aventuras simplonas, filosofía naif, guapos protagonistas (Lynn Collins es la bella princesa y Taylor Kitsch es el musculoso John Carter), y también están por ahí Willem Dafoe y Samantha Morton poniendo voces de bichos (de tharks), así que… ¿qué más queréis? ¡A desconectar!

Bueno, amigos, esta ha sido mi cuarta entrada de las películas que vi el verano pasado. Empecé hace diez meses, así que he cambiado ligeramente el título para adaptarlo a los nuevos tiempos. Pido perdón a mis fans, si me queda alguno, por tardar tanto. La verdad es que no tengo excusa, chicos. Todavía me queda otro post, espero volver más pronto que tarde, pero... no sé. ¡Saludos y feliz verano a todos!

lunes, 29 de abril de 2013

Películas veraniegas III

Silkwood, de Mike Nichols. Esta película pertenece al género de cine social y comprometido que estaba muy en boga en los 70 y principios de los 80. Basado en hechos reales y vehículo para el lucimiento de la gran Meryl Streep, que interpreta a Karen Silkwood, una trabajadora de una central nuclear que descubre que en la misma no se cumplen las medidas de seguridad y que hay riesgos para la salud de los operarios. Su empeño en revelar la verdad le llevará a un enfrentamiento brutal contra los directivos de la empresa, que no quieren que se destapen sus chanchullos, y contra sus propios compañeros, que no quieren perder sus trabajos. Un tema bastante actual, ¿verdad? Meryl Streep, como de costumbre, está fantástica en un personaje complejo, que evoluciona desde la joven irreflexiva y con ansias de libertad, hasta la luchadora concienciada. También aparecen Kurt Russell, que yo no sé si es buen actor o no, pero me da igual, me encanta, y Cher, que la verdad es que cuando sale en pantalla eclipsa a la mismísima Meryl. La película tuvo 5 nominaciones a los Oscars y a los Globos de Oro en 1983, pero sólo ganó el Globo de Oro para Cher como actriz secundaria (en los Oscars, francamente, no tenía nada que hacer frente a la increíble caracterización de Linda Hunt en El año que vivimos peligrosamente). La película hoy en día se ha convertido casi en una obra de culto, y los temas que trata son polémicos y atrayentes, pero, en mi opinión, tiene un aire de telefilm de sobremesa (muy propio de Mike Nichols), que estropea sus buenas intenciones. La mayoría del metraje transcurre entre las acciones cotidianas de Karen y la relación con su novio y su amiga, sobre todo sus peleas y reconciliaciones, más que en abordar la trama verdaderamente importante del film. Por eso, pienso que es una cinta interesante, pero muy, muy desaprovechada.


Tarzán y su hijo (Tarzan finds a son!), de Richard Thorpe. Me encanta el título original. ¡Tarzán encuentra un hijo!, hala, caído del cielo, y en realidad es así. Un avión se estrella en la selva, en él viajaban un matrimonio inglés y su bebé, que resulta ser el único superviviente. Tarzán y Jane lo encuentran y lo adoptan. Cinco años después, llega su familia en una expedición para llevárselo a la civilización (qué manía tienen todos, con lo bien que se está en la selva); encima resulta que Boy (como le bautizaron sus padres adoptivos, en un alarde de imaginación), es de sangre noble y heredero de una gran fortuna. Pero hay intereses encontrados entre los familiares buenos y los familiares malos, que quieren quedarse con la herencia; además, como es lógico, Tarzán y Jane no quieren que su hijo se vaya, y él menos todavía, ya que es muy feliz en la jungla, brincando, nadando, y sin ir al colegio. Película estrenada en 1939, es la cuarta de las aventuras de Tarzán protagonizada por Johnny Weismuller y Maureen O’Sullivan. Boy fue interpretado por el pequeño Johhny Sheffield, que tras una fructífera carrera con este y otros personajes selváticos, dejó el cine y se fue a la Universidad a estudiar Empresariales. La cinta continúa en la línea de Tarzán y su compañera, y supongo que de todas las pelis de esta serie: largos planos acuáticos y de animales, conflictos con los europeos malos y los europeos buenos pero tontos, y escenas de peligro con los nativos salvajes y seguramente caníbales, todo encuadrado en una acogedora selva en blanco y negro. Un film muy entretenido e ideal para evadirse un rato, con una pareja muy atractiva y aventuras nostálgicas. El único que me saca de la historia (y de mis casillas) es Boy, lo siento, pero me parece un niño bastante repelente. Para viajar al corazón de la infancia.


Chronicle, de Josh Trank. Tres adolescentes descubren un día un gran agujero en un bosque. Cuando, movidos por la curiosidad (ya se sabe cómo son los adolescentes), entran en él, se encuentran una misteriosa sustancia que les proporciona extraordinarios poderes, tales como mover todo tipo de objetos con la mente y volar. De la noche a la mañana, se ven convertidos en una especie de superhéroes, aunque no utilizan sus habilidades precisamente para salvar el mundo, sino para dedicarse a hacer gamberradas propias de niñatos descerebrados. Las gamberradas se van convirtiendo en bromas pesadas, hasta que, un día, el asunto se les va de las manos… Chronicle no es la típica película comercial de superhéroes, sino un drama psicológico adolescente de corte indie, con toques de fantasía, y unos cuantos efectos especiales. Oscura y pesimista, el argumento de los superhéroes es una excusa para lanzar el previsible mensaje de advertencia a los jóvenes: “Tened cuidado con todos los bienes y dones a los que tenéis acceso ilimitado, que tal vez un día no los podréis manejar.” Lo mismo vale para los poderes, que para las drogas o el sexo. Estas nuevas capacidades resultan especialmente tentadoras y destructivas para Andrew, el personaje más complejo de los tres, un chico introvertido y atormentado, con padre alcohólico y madre enferma terminal. Matt, su primo y único amigo, está bastante obsesionado con subir puestos en la escala de popularidad, y sobre todo, con ligar. Y el tercer chico, Steve, es el más guay, el más popular, y simplemente pasaba por allí. La película no va más allá del tópico de “qué dramática puede llegar a ser la vida de los adolescentes” y del ya mencionado mensaje de advertencia. Tampoco los efectos especiales son nada del otro mundo, aunque ya sabemos que, al ser esta una cinta adolescente indie, sólo están ahí para reforzar la historia. Historia que está narrada con el recurso de cámara en mano, pero que, a estas alturas, ya no resulta nada original. Total, que la peli no va de comercial ni de blockbuster, pero yo lo habría preferido, así me habría entretenido más.



Rock of ages, de Adam Shankman. Con esta sí que me lo pasé bien. La primera vez que vi el cartel pensé: “Esta no la veo yo ni loca”, sobre todo cuando vi que en él aparecía Russell Brand, conocido sobre todo por su papel de rockero descerebrado en esa “joya” de la comedia americana, Todo sobre mi desmadre. Pero Russell Brand está muy contenido en esta película, y además es sólo uno de los muchos actores de esta comedia coral, musical… y sobre todo muy romántica, no sólo por las diversas historias que se desarrollan entre sus personajes, entre canción y canción, sino porque la cinta es toda una declaración de amor a uno (o dos) estilos de música, el glam y el rock, y a una época, los gloriosos 80 (gloriosos para mí y la gente de mi edad, principalmente). El argumento no puede ser mas naif: una chica de pueblo llega a Los Angeles para abrirse camino en el mundo de la música (sí, como en El bar Coyote, Burlesque, y Showgirls, salvando las distancias de años luz entre la peli de Verhoeven y todas las demás). Empieza a trabajar en un club y, claro, se enamora de otro camarero que también es aspirante a estrella. Juntos ayudarán a los dueños del local en su lucha contra el malvado alcalde y su puritana mujer, que pretenden cerrar el club. Sí, el argumento es de película de Disney, pero no de Disney de ahora, sino de los 60. Pero… está basada en un musical de Broadway, así que, como comprenderéis, el argumento es lo de menos. Y los temas de ese musical son versiones de famosas canciones rock de los 80, y a mí me suelen gustar los musicales, y más si se refieren a esa época. Así que disfruté como una enana con los gorgoritos y las coreografías del reparto, que incluye a viejas glorias como Paul Giamatti, Alec Baldwin y Bryan Cranston. Mención aparte para Tom Cruise, en la piel de una megaestrella del rock y con una interpretación casi autoparódica, y para Catherine Zeta-Jones, impagable como una villana desmelenada. La joven y “disneyana” pareja protagonista está encarnada por Julianne Hough, que no sabía quién era hasta que la vi en el remake de Footloose, película que… oh, no os escandalicéis, pero me gustó casi tanto como la original; y Diego Boneta, que éste si que no tengo ni idea de quién es. El caso es que los dos son guapos, con cara de simpáticos (las dotes de interpretación aquí dan un poco igual), y yo creo que cantan y bailan muy bien (pero vamos, que yo no soy nada entendida, como ya sabréis). Total, que a mí me encantó, pero no os la recomiendo si os gustan los musicales con versiones originales, si no os gustan los musicales en absoluto, o si no os gustan las comedias que parece que van a ser muy gamberras y luego resultan ser de humor blanco. En fin, queridos amigos, que no os la recomiendo, pero yo le he puesto un 9 en filmaffinity, ¡hala!, con un par… Mi escena preferida: Dennys y Lonny (Alec Baldwin y Russell Brand), dos viejos amigos, socios y rockeros, se confiesan sus sentimientos cantando “Can’t fight this feeling”. Todo el mundo dice que es una escena muy ridícula, pero a mí se me pusieron los pelos como escarpias. ¡Qué bonito es el amor!


lunes, 28 de enero de 2013

Películas veraniegas II

Hola, amigos, ya estoy aquí otra vez, después de muchísimo tiempo, con el segundo post de las películas que vi en verano, que ya no pega ni con cola, y sé que no tengo disculpa, ni perdón de Dios, pero en fin, ahí va:

Madagascar 3: De marcha por Europa (Madagascar 3: Europe’s most wanted), de Eric Darnell. Los cuatro animalitos que en la primera parte se escaparon del zoo de Nueva York y acabaron en la isla de Madagascar, vuelven ahora en la tercera entrega de una de las franquicias animadas de Dreamworks. Esta vez, aburridos de su vida en el mundo salvaje, deciden volver al zoo, siempre liderados por Alex, el león. Así, tratando de llegar a América, pasan por Montecarlo y terminan enrolándose en un circo que recorre distintas ciudades europeas. La película tiene las señas de identidad de toda la saga y de este tipo de cine: humor alocado, efectos digitales impresionantes, como no podía ser de otra manera (estamos hablando de la productora de Spielberg), y personajes excéntricos. Los protagonistas son animales que actúan como personas y pueden hacer lo mismo que ellas, más o menos, pero sólo cuando no están en presencia humana, lo cual lleva a situaciones bastante absurdas. Sí que son humanos los villanos, a cuya cabeza está la capitana DuBois, una malvada agente de la policía de Montecarlo obsesionada con capturar a nuestros héroes y añadir la cabeza del león Alex a su colección. Hay acrobacias imposibles, saltos que se convierten casi en vuelos, rompiendo todas las leyes de la gravedad, y descubriremos que un tigre puede pasar por el ojo de una aguja. También hay parejas (románticas) muy surrealistas y más imposibles todavía, como la formada por el rey de los lemures y Sonia, una osa que es todo menos delicada. O la de Gloria y Melman, hipopótama y jirafa (pero jirafa macho, ¿eh?, que no se asusten los papás, que no hay amor animal homosexual), respectivamente. De todas formas, los cuatro personajes principales son bastante carismáticos y no me resultan muy histriónicos, excepto, quizá, Marty, la cebra. Pero los mejores son los pingüinos, que acompañan a nuestros protagonistas desde el principio, y son una especie de batallón militar, y los “adorables” perritos del circo, con voz de mafiosos.

El filo de la navaja (The razor’s edge), de Edmund Goulding. Adaptación de 1946 de una famosa novela de Somerset Maugham, escrita en 1944. Tyrone Power, uno de los galanes más cotizados del momento, interpreta a Larry Darrell, un joven americano que, tras la I Guerra Mundial, desencantado de todo, decide abandonar su cómoda existencia, para encontrarse a sí mismo y al sentido de la vida. Esta búsqueda le lleva a los bohemios barrios de París y al Himalaya, nada menos. Años después vuelve convertido en un hombre nuevo, con toda la sabiduría y la espiritualidad del mundo, y se reencuentra con su antigua prometida, Isabel, casada y con hijos. Ella recurrirá a todo tipo de maniobras, algunas no muy éticas, para recuperarle. El tema principal de la película me parece muy interesante, ya que siempre me han atraído estas cuestiones místicas y filosóficas, pero opino que la cinta no le saca todo el partido que podría, ni mucho menos. No sé cómo será la novela, pero la película se centra más que nada en la relación tormentosa de la pareja protagonista, y en las vicisitudes de algunos personajes secundarios (bueno, sobre todo de uno, el de Anne Baxter). Me habría gustado que nos mostrasen algo del proceso de transformación del protagonista, o de su estancia en el Tibet, pero sólo vemos a Larry antes, con su crisis existencial, y después, convertido ya en un ser iluminado. De todas formas, los personajes son interesantes y están llenos de matices, sobre todo Isabel, interpretada por la guapísima Gene Tierney: superficial, maquiavélica, atormentada y enamorada. También está fantástica Anne Baxter, en un papel breve pero intenso, que le valió el oscar a la mejor actriz secundaria. En fin, todo un dramón clásico y romántico.

Tan fuerte, tan cerca (Extremely loud and incredibly close), de Stephen Daldry. La verdad es que sólo vi esta película por mi tonta costumbre de ver cada año todos los filmes nominados al oscar a mejor película, y como cada año hay más… qué agobio. Había leído críticas que la ponían a parir: “falsa e histérica”, “pornografía del dolor” (esa expresión está muy de moda ahora), “insoportable cursilería”… eran algunas de las perlas que soltaban los entendidos. Además los anteriores trabajos de Stephen Daldry ya me parecían un poco lacrimógenos gratuitamente: la aclamada Billy Elliot tiene un argumento y unos actores estupendos, pero el desarrollo de la peli me parece tramposo e inverosímil; Las horas también tiene grandes actuaciones, pero, en mi opinión, abusa de los momentos dramáticos, y algunos no vienen ni a cuento; El lector me gustó más, pero también es un dramón de tomo y lomo. Total, que creía que iba a ser una cinta de estas que se recrean en el sufrimiento y que dan un poco de vergüenza ajena, por muy doloroso y terrible que sea el acontecimiento en el que se basa. Pero, para mi sorpresa, me encontré con un argumento bastante interesante, con un niño protagonista muy particular, con problemas emocionales y psicológicos, que arrastra la pena y el recuerdo de su padre muerto en el atentado del 11-S, y embarcado en una especie de búsqueda del tesoro en pleno Manhattan. La historia me pareció emotiva y no sensiblera, los protagonistas, bastante cercanos y creíbles, y los personajes de fondo, los habitantes de N. York, muy humanos, unidos por un dolor colectivo en el que la película no se recrea excesivamente, en mi opinión. El niño, Thomas Horn, está fantástico, un poco repelente y antipático, pero en realidad su personaje va de eso, no creo que pretenda ser un niño encantador. Él es la verdadera estrella de la función y los demás personajes danzan a su alrededor. Tenemos a Tom Hanks, en un breve papel que le va como anillo al dedo, el de padre de familia entregado y que lo soluciona todo; a Sandra Bullock, de madre sufridora, cuya actuación por lo menos no chirría, y tratándose de ella me conformo; y a la gran vieja gloria Max Von Sydow, que debe tener como 400 años, pero que lo borda, como siempre. Así que yo os recomiendo la peli. Mi sensibilidad debe ser distinta a la de los críticos, porque no me pareció tan lacrimógena, sino bastante conmovedora.

Brave, de Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell. Otra nueva peli de animación de Pixar, que desde que es Pixar-Disney, o Disney-Pixar, ha decaído bastante en sus argumentos y en la forma de contarlos, aunque sigue siendo impecable en los aspectos técnicos. En mi opinión, sus pelis ya no son esas obras de arte que nos fascinaban con su originalidad y sus personajes tan humanos, aunque en realidad eran objetos, animales o extraños seres. Ya no es la indiscutible líder del cine de animación occidental, la única capaz de competir con las maravillosas y surrealistas producciones del Studio Ghibli. Pues no, Pixar ya no es lo que era, y ahora su cine se debate entre la ñoñería familiar de Disney y la dura competencia de un sin fin de productoras (Dreamworks, Skyline, Aardman Animation…), capaces de facturar obras de igual calidad y entretenimiento para niños y mayores. Al final, el sueño creado por Steve Jobs y John Lasseter fue engullido por la maquinaria Disney, qué pena. En el caso de Brave, como podíamos esperar, el argumento es bastante simple, pero visualmente es una maravilla. La película está ambientada en la antigua Escocia, en la época de los clanes, y la protagonista es Merida, la hija mayor del rey Fergus, una joven rebelde que se niega a seguir la tradición de casarse con uno de los primogénitos de los otros clanes para unir a las familias, ya que ella es una chica independiente y sólo desea ser arquera. Comienza así una especie de viaje interior para tratar de encontrarse a sí misma y su camino en la vida, unido esto a acontecimientos de tipo mágico que afectarán también a su entorno. La película nos presenta los mensajes habituales en este tipo de producciones destinadas a niños y preadolescentes: la búsqueda de la madurez, la importancia de tomar tus propias decisiones, sin olvidar tampoco el valor de la tolerancia y la comprensión hacia las personas que te rodean y que no piensan como tú. En Brave, este rol lo representa la propia familia de Merida, que son adorables y encantadores, pero no comparten del todo su forma de ver la vida. Como veis, el contenido de la cinta es totalmente Disney; sólo el envoltorio es Pixar, con unos efectos visuales impresionantes, una recreación fantástica de los verdes paisajes escoceses y un cuidado por los mínimos detalles en los decorados y personajes. Mención especial para el pelo de Merida (una preciosa melena roja y encrespada), y para sus hermanos pequeños, tres diablillos que aportan el tono políticamente incorrecto a la cinta. Los personajes en general son bastante divertidos y cercanos, y no hay villanos propiamente dichos (aunque aparece por ahí una bruja con algo de mala leche…). En fin, una peli recomendable para toda la familia, con aire de cuento de hadas, y un regalo para la vista, pero que tampoco nos cuenta nada nuevo. Ah, últimas noticias (como tardo tanto en escribir…). En Navidad he visto Rompe Ralph, que es totalmente Disney, pero parece cien por cien Pixar (o lo que era antes Pixar): un prodigio de imaginación y de creación de otros mundos. ¿Se estarán intercambiando los papeles en la factoría del tío Walt?

Todavía me quedan dos posts más con las pelis veraniegas de 2012, y como al final no se acabó el mundo, no tengo más remedio que escribirlos, así que los terminaré, aunque sea en el verano de 2014. Un abrazo y hasta pronto, espero!

jueves, 20 de septiembre de 2012

Películas veraniegas I

Hola amigos, después de tantísimo tiempo sin escribir, por varias razones, pero, principalmente, porque mi estado de ánimo sube y baja como una noria, estoy intentando retomar este fascinante mundo de los blogs; y he decidido hacer varias minicríticas de todas las pelis que he visto este verano. Pero resulta que, sólo en agosto, he visto 22 películas, entre cine y dvd, así que he pensado que mejor las dividiré en varias entradas, y las de julio las dejaré para un post nostálgico dentro de 10 años, o algo así. Encima, como he estado tanto tiempo sin aparecer por aquí, me encuentro que los de blogger han cambiado la configuración, o la estética, o lo que sea, algo que odio, porque no me adapto muy bien a los cambios, y menos en informática. Así que he puesto un nuevo diseño, que parece muy bonito, y voy a seguir probando hasta que aprenda a manejar esto otra vez (qué agobio). Bueno, pues allá voy con mis minicríticas:
 
Pesadilla en Elm Street 3, guerreros de los sueños (A nightmare on Elm Street III: dream warriors), de Chuck Russell. Me compré el pack de mi saga de terror favorita (a ver si algún día escribo sobre ella), compuesto por las 6 partes, más La pesadilla final de Wes Craven, más un cd lleno de extras!! (sólo falta el remake de 2010, lástima). Las había visto todas hacía tiempo, y la 3ª, junto con la 1ª, me parecían dos obras maestras (la 2ª es patética, creo que en eso estamos todos de acuerdo), pero entonces yo tenía 16 ó 17 años. Ahora, ya cuarentona, opino, quizá por la nostalgia, que la 1ª Pesadilla es una joyita, original y fascinante, casi una obra maestra; y la 3ª, aunque no llega a su nivel, también es una cinta interesante, entretenida, y que continúa dignamente con el legado de la original, interrumpido por la horrorosa 2ª Pesadilla. Los protagonistas-víctimas de Freddy,  encabezados por la ahora muy famosa Patricia Arquette, son jóvenes carismáticos y les tomas cariño. Además… ¡se retoma el personaje de Nancy! ¿Qué más queréis?  


Pesadilla en Elm Street 4 (A nightmare on Elm Street IV: the dream master), de Renny Harlin. El director finlandés, uno de los action man de Hollywood, se ocupa de  la 4ª entrega de la saga, que continúa en la misma línea: jóvenes muriendo uno a uno, de las formas más macabras y retorcidas, efectos artesanales (todavía no había llegado la era digital), gore a mansalva, pero todo en un entorno surrealista y de fantasía, como corresponde a un asesino que sólo actúa en los sueños. Me gustó casi tanto como la anterior.
Prometheus, de Ridley Scott. La anhelada precuela de la mítica Alien, decepcionó a casi todo el mundo, creo que esperaban una obra de arte maravillosa, gran error. Yo no soy muy admiradora de esta saga (al contrario que a todo el mundo, las que más me gustan son la 3ª y la 4ª) y no esperaba mucho. Así que no me sentí decepcionada, sino que me sumergí en los espectaculares paisajes espaciales, el decorado futurista, que me recordaba a la sci-fi de los 70, y la historia, algo mística y más o menos coherente. Cuando el argumento de ciencia ficción deja paso al terror, como debe ser en una cinta alien, el resultado es lo que uno se espera en estos casos, creo yo: bichos, carreras, gritos, chorros de sangre, y una escena en particular que te pone los pelos de punta (los que la hayan visto saben a lo que me refiero). Eso sí, resulta difícil empatizar con los personajes, que a veces tienen unas reacciones muy estúpidas y absurdas. Los mejores, sin duda, Michael Fassbender, uno de los androides más ambiguos e inquietantes que he visto nunca, y Charlize Theron, impresionante, con su belleza glacial. Noomi Rapace, la heroína, está bastante correcta.



Grease, de Randal Kleiser. Todo un clásico. ¿Cómo olvidar las muy pegadizas canciones, los alocados (y elaborados) números musicales, los divertidos personajes, la chulería de Danny, la inocencia angelical de Sandy?... La mejor, sin duda, Rizzo, la típica chica de vuelta de todo, irónica y borde como ella sola. También me gusta mucho el personaje de Frenchy, tan entrañable y natural, con sus comeduras de coco acerca de su futuro. Una película que te transmite alegría de vivir, y muy adecuada para ver en verano. El argumento es completamente tonto, pero ¿qué más da?

Tarzán y su compañera (Tarzan and his mate), de Cedric Gibbons. Segunda película en la que Johnny Weissmuller  y Maureen O’Sullivan interpretan a Tarzán y Jane, la mítica pareja selvática, que viven felices entre lianas, elefantes y cocodrilos. Esta vez se tienen que enfrentar a dos cazadores malísimos que quieren saquear un cementerio de elefantes para llevarse el marfil. Bueno, en realidad el malo es sólo uno de ellos; el otro, un chico muy majo, es el ex novio de Jane y quiere llevársela de vuelta a la civilización, pero no lo consigue, ni siquiera tentándola con vestidos de París. Y es que donde esté el amor verdadero, que se quiten todos los lujos de la vida moderna. Entretenida y refrescante película de aventuras, muy adecuada también para el verano. Muchas escenas de animalitos en plan documental, también bastantes escenas acuáticas, que por algo Johnny fue campeón olímpico de natación, y algunas un poco “subiditas de tono” para la época, en las que Jane aparece más ligerita de ropa de lo que permitía la decencia (se nota que la peli se estrenó justo antes de la aparición del Código Hays, porque en las siguientes de Tarzán ya no encontramos nada parecido). Ah, y Johnny Weissmuller, además de ser el mejor Tarzán de la historia, está buenísimo, en mi opinión.

Bueno, chicos, pues éste ha sido mi primer post de las pelis que vi en agosto. Ahora lo que no sé es cuándo voy a escribir los otros 4 ó 5 que me quedan. A ver si los termino antes del verano que viene. Gracias y hasta pronto, espero!