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martes, 10 de junio de 2025

En mil pedazos: Autodestrucción. Ana de los mil días: Amor y muerte.

Cada vez que hablo aquí de 2 películas, me gusta buscar algo que ambas tengan en común, es una manía, pero me parece original. Esta vez es muy difícil encontrar un nexo de unión entre ellas, excepto que las 2 llevan la palabra "mil" en su título. Aparentemente no tienen nada en común, pero... las 2 tratan de alguna manera de autodestrucción y destrucción.

En mil pedazos (A million little pieces), de SamTaylor-Johnson. La vi en Prime Video, pagando, por cierto.


Esta es la historia de autodestrucción, redención y superación de James. Adicto a todas las drogas del mundo, ha ingresado involuntariamente en una clínica de rehabilitación, obligado por su hermano. Allí, tras enterarse de que su conducta le ha llevado a las puertas de la muerte, experimentará todo tipo de emociones: negación,
resistencia a dejar las drogas, culpa, dolor, rabia, destrucción, autodestrucción, liberación... La película trata sobre todo esto y su relación con otros pacientes de la clínica, la psicóloga, y su hermano. La clínica existe realmente, está en Minnessota, y todos los pacientes y trabajadores que hay allí son adictos. Es como una gran terapia de grupo. James encontrará también el amor, que inevitablemente va de la mano del dolor, y aprenderá que uno no está a salvo de las recaídas.

El prota es Aaron Taylor-Johnson, que aunque durante toda la peli aparece hecho polvo, sigue siendo guapo (la cinta la dirige su mujer, a lo mejor es por eso). También aparecen por allí Giovanni Ribisi, Juliette Lewis y Charlie Hunnam. A los demás actores no los conozco. Recomendable película.

Ana de los mil días (Anne of the thousand days), de Steve Jarrot. La vi en Filmin.

Esta es la historia de amor turbulento entre Enrique VIII y Ana Bolena. Más que una historia de autodestrucción, es de destrucción, porque ya sabemos que Enrique VIII destruía vidas como le daba la gana y se llevaba por delante a todos los que le estorbaban o no le caían bien.

La película, de 1969, narra todos los acontecimientos desde que el rey se encapricha de Ana y quiere hacerla su esposa, pero había un problema, Enrique ya tenía una esposa, Catalina de Aragón, española, hija de los Reyes Católicos. Pero eso no era problema para el rey, y después de muchas dudas y muchas conversaciones con sus consejeros, decide renegar del Papa y crear su propia Iglesia, en la que él mandaría, claro, y así pudo divorciarse y librarse de Catalina (tuvo suerte que no la mandó ejecutar). El rey y Ana Bolena se casan y tienen una época de amor apasionado, hasta que el rey se cansa de ella porque no le daba hijos varones (todos los niños nacían muertos, sólo sobrevivió Isabel, que después reinaría y demostraría que los tenía bien puestos, más que muchos hombres). Enrique se encapricha entonces de otra dama de la corte, Jane Seymour, y para deshacerse de Ana se inventa que ha cometido adulterio y la condena a ser decapitada, junto con otros miembros de la corte que, según él, estaban en el complot. Más vidas destruidas. Enrique VIII era un monarca megalómano, violento, y muy peligroso, y su reinado era de terror total.

Viendo el cine que se hace hoy, siempre es bueno revisitar los clásicos de vez en cuando, como esta peli con un soberbio Richard Burton en el papel de Enrique VIII (fue nominado al Oscar, pero no ganó), y una arrebatadora Geneviève Bujold como Ana Bolena. Fantástica ambientación de la época, y al menos se llevó el Oscar al Mejor Vestuario. La habéis visto alguna vez?

P.D.: Esta última crítica parece una crónica de la gran Nieves Concostrina, jajaja.    

 

jueves, 10 de abril de 2025

La sombra de la ley: Convulsos años 20

 La sombra de la ley, de Dani de la Torre. La vi en Netflix.


Los años 20 fueron una época de cambio y crisis en casi todo el mundo, y en España también. Comenzaban las huelgas y las manifestaciones, los trabajadores (y las trabajadoras) estaban hartos de aguantar y se rebelaban, nace la CNT y el movimiento anarquista, y la policía respondía con contundencia y violencia. Los clubs se llenaban de gente rica, sobre todo hombres, que venían a ver a las chicas bailar y enseñar las piernas, o lo que hiciera falta, a beber alcohol, y a dejar su dinero. Uno de los clubs más frecuentados está regentado por El Barón (grande Manolo Solo), un hombre sin escrúpulo ninguno a la hora de hacer trapicheos y ganar dinero.
En 1921 llega a Barcelona Aníbal Uriarte, apodado El Vasco, un policía que viene a unirse a la Brigada de Información, cuya principal misión en ese momento es recuperar unas armas que se han usado en el asalto a un tren militar. Sus compañeros policías son todos corruptos y no dudan en usar la violencia y en dejarse sobornar. Sobre todo el Inspector Rediú (Vicente Romero, al que nunca he visto hacer de bueno), el más malo y corrupto de todos los corruptos. Si es que yo creo que allí el único policía honrado es el Comisario Verdaguer (Pep Tosar). Uriarte, el prota, interpretado por Luis Tosar, tampoco es muy fino que digamos. Pero entonces se infiltra entre los anarquistas, conoce a Sara (Michelle Jenner), una joven anarquista luchadora, y cambia un poco.
La peli es interesante y está bien ambientada, aunque muchos dicen que no, que quiere imitar al Chicago de los años 20, el de los gangsters y los coches de lujo por las calles, y que no, que España estaba mucho más atrasada. Y vosotros, habéis visto la peli? Qué os pareció?

miércoles, 26 de marzo de 2025

Crónicas del finde pasado: Swallow y La voz dormida

 Voy a comentar las películas que vi el finde pasado en plataformas (concretamente en Prime Video), porque las que vi en el cine, The Alto Knights y Los aitas, no me convencieron mucho, me parecieron un poco anodinas, y no me merece la pena hablar de ellas.

Vi dos películas de mujeres que sufren y lo pasan muy, muy mal, en situaciones límite, pero por muy distintas circunstancias.


  Swallow, de Carlo Mirabella-Davis. La vi en Prime Video.

Atormentada y obsesiva. Hunter es una joven ama de casa que vive en un hogar de lujo y alucinante, diría yo, con su guapo marido Richie. Su cuento de hadas se tambalea cuando descubre que está embarazada y empieza a tener la compulsión de tragarse objetos peligrosos para su salud. Su obsesión y su ansiedad pronto son descubiertas por su marido y su familia política, que intentan tomar medidas, pero Hunter burla todas las medidas y cada vez se traga objetos más amenazantes y horrorosos, lo cual empieza a tener consecuencias.
La película me ha producido sentimientos encontrados. El argumento me parece muy interesante, ya que me atraen los temas de trastornos mentales, y este trastorno, aunque parezca mentira, existe, se llama síndrome de pica o altrofagia. Yo calificaría la peli casi de terror y body horror; produce horror y a la vez fascinación ver cómo Hunter se traga, desde canicas hasta agujas, con las posteriores consecuencias para su salud. Impresiona bastante. Durante toda la película, mi curiosidad era averiguar de dónde venía la obsesión de la protagonista, y había varias explicaciones posibles. Pero luego llega un final muy abierto, y eso no me gustó, de hecho me dejó frustrada, porque la película me estaba gustando bastante, y odio los finales abiertos. Y a vosotros, os gusta el body horror? Y los finales abiertos?


La voz dormida, de Benito Zambrano. La vi en Prime Video.
Doloroso drama real. En la posguerra, Pepita, una joven cordobesa, se va a vivir a Madrid para estar cerca de su hermana Hortensia, que está en la cárcel y embarazada. Allí entra en contacto con el mundo de los republicanos que siguen luchando contra el régimen, e incluso surge el amor con uno de ellos, en condiciones muy complicadas.
La película es un drama que describe las durísimas condiciones en las cárceles de mujeres durante la posguerra española, donde te podían detener, encarcelar, torturar y fusilar aunque no hubieras hecho nada, simplemente por ser familiar de un republicano. Situaciones terribles e injustas de la guerra, porque las guerras siempre son terribles e injustas, y las guerras civiles más. Aquí en España, yo creo que esta negra página de la historia no se olvidará jamás.
Hay que destacar las impresionantes actuaciones de las dos protagonistas, Pepita, interpretada por María León en su primera película, y Hortensia, una mujer abatida, desconsolada, pero a la vez orgullosa y luchadora, encarnada por Inma Cuesta, que está absolutamente fantástica. Para verla con el corazón en un puño.


jueves, 20 de marzo de 2025

Crónicas del finde pasado: La inspiración más profunda y Lee Miller

 El finde pasado, entre otras, vi dos películas inspiradoras, acerca de personas que realizaron y realizan hazañas asombrosas, arriesgaron su vida, y sobrepasaron continuamente los límites.


 
Lee Miller (Lee), de Ellen Kuras. La vi en el cine.

La fotógrafa del horror. Historia de la fotógrafa norteamericana Lee Miller, que, tras ser modelo, consiguió irse a la Segunda Guerra Mundial como corresponsal de guerra de Vogue, con gran esfuerzo porque no dejaban entrar a mujeres en ningún sitio, a no ser que fueran enfermeras; pero ella se las arreglaba para colarse en todos los frentes, y así, huyendo de las bombas y los francotiradores, retrató con su cámara el peligro y la muerte de la guerra, las devastadoras consecuencias y los miles de cadáveres que dejó tras de sí, y la miseria de la posguerra. Vio cientos de cadáveres apilados en los campos de exterminio. Vio cómo le cortaban las piernas a los soldados heridos en los hospitales de campaña. Y al final, se reencontró con viejos amigos y volvió a su casa, con su marido. Hoy está considerada como la corresponsal mujer más influyente de la historia.

Kate Winslet está fantástica, como no podía ser de otra forma, y se mete perfectamente en la piel de Lee Miller, una mujer que tenía mucho carácter y siempre aparece en las fotos con el ceño fruncido, como enfadada, pero tras esto escondía una gran humanidad. Película muy recomendable.


La inspiración más profunda (The deepest breath), de Laura McGann. La vi en Netflix.
Asombroso este documental sobre uno de los deportes más extremos y peligrosos que puede haber en el mundo: la apnea, que consiste en sumergirse en el agua, a la mayor profundidad posible, sin equipo de buceo, aguantando la respiración. A mí, que no entiendo los deportes de riesgo, que me dan miedo hasta las atracciones de la feria, me resulta increíble. Los apneístas son personas adictas a la adrenalina y absolutamente asombrosas. Tienen que bajar siempre con uno o dos buceadores de seguridad por lo que pueda pasar. A veces pierden el conocimiento, y también ha habido accidentes mortales, eso, por desgracia, es inevitable. Se celebran campeonatos mundiales en los que los apneístas están continuamente batiendo el récord del día anterior.
La película sigue los pasos de la italiana Alessia Zecchini, que ostenta varios records mundiales, y el irlandés Stephen Keenan, considerado el mejor buceador de seguridad del mundo.
Pues nada, estupefacta me he quedado al ver las inmersiones de estos adictos al riesgo, que viven para jugarse la vida. Ellos dicen que a tan grandes profundidades encuentran la paz, y que reconectan consigo mismos. Yo no entiendo cómo pueden hacer eso si tienen que estar pendientes de aguantar la respiración, pero en fin... El documental es muy interesante y recomendable, y da vértigo.


miércoles, 5 de febrero de 2014

Películas de aquel verano V


Pesadilla final, la muerte de Freddy (Freddy’s dead: the final nightmare), de Rachel Talalay. Desde que, en 1984, el maestro Wes Craven ideara y dirigiera la emblemática y ya obra de culto Pesadilla en Elm Street, cada año, o como mucho, cada dos, aparecía una nueva entrega de la saga de Freddy Krueger, el psychokiller que vive (y mata) en los sueños de los adolescentes. La fórmula del slasher, que comenzó a finales de los 80 con Viernes 13 y La noche de Halloween, parecía funcionar. A la gente le gustaba ver a jóvenes guapos y descerebrados morir violentamente en la pantalla, y el hecho de que el asesino sólo apareciese cuando las víctimas estaban dormidas, entroncaba directamente con los terrores infantiles con los que todos nos podemos identificar. Pero no se puede estirar eternamente una buena idea, y el filón empezaba a agotarse. Cada nueva secuela ganaba en humor y en surrealismo, pero perdía en calidad, como las fotocopias de las fotocopias. Había que darle un final medio digno a la saga, y Freddy tenía que morir, esta vez definitivamente, porque mira que lo mataron y derrotaron veces, pero nada, siempre resucitaba. Así que, en la VI Pesadilla en Elm Street, Freddy muere, parece que del todo. Pero… luego aparece otra vez en La nueva pesadilla de Wes Craven, en 1994, pero… no era exactamente Freddy, así que se puede considerar que sí, el personaje está muerto, remakes aparte, claro. Pesadilla final se estrenó en 1991 y la dirigió Rachel Talalay, que fue ayudante de producción en las anteriores entregas. En la historia, han pasado diez años desde los acontecimientos de la quinta parte, y esta vez no hay ninguna conexión con los personajes anteriores: todos los protagonistas aparecen por primera vez. Freddy ha vuelto, aparte de para divertirse matando gente, para buscar, nada menos que a su hija. Sí, nuestro psicópata tiene una hija, ya bastante crecidita, por cierto, e intentará localizarla a través de los sueños de un joven amnésico, único superviviente de la matanza de adolescentes de Springwood (es la primera vez que se dice el nombre del pueblo escenario de la saga, creo yo). La chica, interpretada por Lisa Zane, luchará contra su monstruoso padre, con la ayuda de varios jóvenes rebeldes y problemáticos, que, como es lógico, irán cayendo por el camino. También veremos algunas partes de la infancia de Krueger, y nos intentarán explicar por qué estaba tan desquiciado. Las muertes son bastante grotescas, imaginativas, y algo brutales, pero no tanto como en los slashers de hoy en día (todavía faltaban unos añitos para Destino final), y siempre en el entorno surrealista de las pesadillas. La película tiene escenas psicodélicas, un cameo de Johnny Depp, y en general es absurda y cutre, como un producto de serie B. Encima, en un alarde de originalidad, o de “bizarrismo”, hay incluso escenas en 3-D, y como estábamos en los 90, y esto no era Avatar, pues estaban fatal hechas. Total, que fue un fracaso. Hoy todos la siguen poniendo a parir. A mí me encanta. Volví a sumergirme y a disfrutar del universo terrorífico, fantástico y kitsch creado por el incombustible Wes Craven. Robert Englund, magnífico, como siempre, encarnando a un Freddy cada vez más autoparódico, pero, ¿qué más da? Sigue siendo un icono del terror moderno, ¿o no?

 
La vida de Brian (The life of Brian), de Terry Jones. ¿Qué se puede decir de esta película mítica, que no se haya dicho ya? Esta vez mi opinión sí es la de la mayoría. Obra maestra, redonda, genial e irrepetible de los Monthy Phyton. Como sabéis, este grupo de cómicos británicos (excepto Terry Gilliam, que es americano), comenzó su andadura a principios de los 70 con una serie en la tv inglesa, Monty Python’s Flying Circus, compuesta por sketches con un humor absurdo y surrealista y una fuerte carga de crítica social. Después, a los largo de los 70 y 80, realizaron varias películas, en la misma línea, como Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, La vida de Brian o El sentido de la vida. Eran obras dirigidas, escritas y protagonizadas por ellos, en las que satirizaban, de forma más o menos directa, diversos aspectos de la sociedad y política británicas, siempre a través de guiones delirantes e historias disparatadas, a menudo ambientadas en otras épocas o en entornos de fantasía. La vida de Brian es la mejor (creo yo). La película, como su nombre indica, cuenta la vida de Brian, un hombre sencillo, que vive en la Galilea de la época de Jesucristo, y que casualmente, nace el mismo día que el Mesías. Ya el día de su nacimiento los Reyes Magos se equivocan y casi le entregan los regalos a él. De adulto, Brian se enamora de Judith, una activista revolucionaria que pertenece a uno de los muchos grupos que luchan por liberar a Judea del Imperio Romano. Sin comerlo ni beberlo, se une al grupo, que se llama Frente Popular de Judea, y, sin tener mucho interés en la política, se ve envuelto en las acciones rebeldes, sólo por amor. Total, que el pobre Brian pasa por un sinfín de peripecias, hasta que un buen día la multitud le confunde con un profeta, después con el Mesías, y comienza a ganar numerosos seguidores, totalmente en contra de su voluntad. Una especie de Forrest Gump pero con menos suerte. Y ya no os cuento más, tenéis que verla (una tontería por mi parte decir esto, porque seguro que todos la habéis visto, además varias veces). Como la mayoría de las películas de los Monthy Python, La vida de Brian esconde una ácida crítica social, política, y a la humanidad en general; pero no fue esto lo que la convirtió en una obra bastante polémica en su día, sino el hecho de mezclar la figura de Jesucristo en una trama tan delirante, algo que muchos consideraban irrespetuoso. De todas formas, no creo que el escándalo fuera comparable al de Jesucristo Superstar, 6 años antes, o al de La última tentación de Cristo, 9 años después; aunque en esta última, dicen que el aparente revuelo era sólo un truco publicitario, y es que cada vez estamos más de vuelta de todo (bueno, algunos). La película, como de costumbre, es recomendable verla en V.O. Yo no soy una fanática de las versiones originales, aunque las prefiero, pero en este caso hay que escuchar la descacharrante actuación de Terry Jones haciendo de la madre de Brian o a un Poncio Pilatos, interpretado por Michael Palin, con problemas de dicción. Ah, y no tengo más remedio que mencionar los surrealistas títulos de crédito, obra de Terry Gilliam, y la alegre canción final, compuesta por Eric Idle, que hace que termines de ver la peli con muy buen rollito. Pues nada, todos a verla otra vez. Y recordad: “Always look on the bright side of life… la la, la la, la la, la la…”, o algo así.
 Brian era interpretado por Graham Chapman, otro de los miembros de los Monthy Python, que, lamentablemente, falleció en 1989.
En su funeral, Eric Idle cantó un fragmento de “Always look on the bright side of life”.
Hay también otro grupo de películas, que no fueron realizadas por el grupo completo, pero en las que participan varios de sus miembros, como directores, guionistas o actores. En ellas se mantiene buena parte del estilo, humor y fantasía de sus proyectos en común, y algunas son verdaderas joyitas, como Los héroes del tiempo, Eric el vikingo, o Un pez llamado Wanda. Terry Gilliam, el único miembro americano del conjunto, guió su carrera por otros derroteros, realizando películas con un estilo muy personal, de corte fantástico, pero siempre con una vertiente oscura, y no exenta de polémica. Pero esa es otra historia.


¡Piratas! (The pirates! Band of misfits), de Peter Lord y Jeff Newitt. Otra de las simpáticas obras de Aardman Animation, productora británica fundada a mediados de los 70 por el propio Peter Lord y David Sproxton y especializada en la animación en stop-motion y claymation (es decir, con muñequitos de plastilina). Sus primeros trabajos consistieron en pequeños espacios animados para diversos programas de la BBC y en dos series de cortos, Animated conversations y Creature comforts, con peculiares personajes, tanto humanos como animales, todos hechos de plastilina. En 1985 se unió al estudio Nick Park, el creador de los emblemáticos Wallace, un inventor torpe y bonachón, y Gromit, su perro, mucho más inteligente que él. Wallace y Gromit protagonizaron varios cortos, acumuladores de buenas críticas, oscars y otros premios, antes de dar el salto al largometraje en 2005 con "Wallace & Gromit. La maldición de las verduras", una película, muy fiel al estilo de la productora, con un humor entre naif y surrealista, personajes adorables, y un conejo mutante y feroz. Su ingenio nos conquistó a todos y le hizo ganar el oscar a la mejor película de animación. Pero no fue este el primer largometraje de Aardman. En 2000 se había estrenado la fantástica Chicken run: Evasión en la granja, divertido homenaje a las películas de fugas de campos de concentración, como La gran evasión, y protagonizada por un grupo de gallinas que quieren huir de la granja donde llevan una vida alienante y de la amenaza de acabar en la mesa de los granjeros como comida de los domingos. Esta peli también consiguió diversas nominaciones y premios, pero el carisma de la voluntariosa gallina Ginger y sus amigas no fue suficiente para que entrase en la competición de los oscars, por desgracia. Tanto Evasión en la granja como La maldición de las verduras fueron producto de un acuerdo firmado entre Aardman y Dreamworks, para que Aardman realizase sus películas con la ayuda de las nuevas tecnologías. De este acuerdo nació también, en 2006, Ratónpolis, la historia de Roddy, una rata que vive a todo lujo en una casita de muñecas, creo recordar, y que termina cayendo a una alcantarilla, donde conocerá el mundo subterráneo de Ratónpolis y a sus variopintos personajes. Esta película, al parecer, no tuvo tanto éxito de crítica ni público como las dos anteriores, y esto provocó que los dos estudios dejasen de trabajar juntos, y es que, en el maravilloso mundo del cine, también “la pela es la pela”. En 2011 se estrenó Arthur Christmas: Operación regalo, esta vez en coproducción con Sony Pictures e incorporando el 3-D a su tecnología; un film muy navideño que nos cuenta los avatares, nada menos que del hijo de Santa Claus.
 Bueno, y después de enrollarme tanto con la historia de Aardman, voy a hablar de Piratas (paso de seguir escribiendo las exclamaciones que lleva el título), que ya va siendo hora. Estrenada en 2012, producida enteramente por Aardman, volviendo al stop motion y la plastilina, pero sin dejar los efectos digitales ni el 3-D (debieron pensar que, si no, no se iban a comer una rosca hoy en día). Cuenta las aventuras de una tripulación de piratas que son todo menos temibles. A ellos les gustaría que su nombre y sus hazañas fuesen conocidas del uno al otro confín del mundo, pero los pobres siempre terminan siendo el desastre de los Siete Mares. El mayor sueño de su capitán, al que todos llaman Capitán Pirata, es ganar el premio al Pirata del Año. Para eso tiene que conseguir más botines y asaltar más barcos que nadie, pero todo les sale al revés a él y su tripulación. Hasta que conocen nada menos que a Charles Darwin, y terminan yendo con él a Inglaterra, a un congreso de científicos internacionales. Pero la Inglaterra de la época es la de la reina Victoria, que resulta ser una hija de… la Gran Bretaña, y que odia a muerte a los piratas. Así que nuestros amigos correrán muchos peligros y aventuras. La película mantiene la impronta característica de Aardman, y que tan buenos resultados suele darle: personajes entrañables, aventuras alocadas, humor asequible a todas las edades, perfeccionismo y cuidado en los detalles (gran recreación de la Inglaterra victoriana), y un estilo muy british. En la versión original, el doblaje cuenta con voces de lujo, como Hugh Grant, Imelda Staunton (Queen Victoria, cómo no), el maravilloso Brendan Gleeson, o Salma Hayek, haciendo de pirata sexy. Aunque a mí no me gusta nada esa moda de poner actores o famosos doblando en películas de animación. Me da muchísima rabia, porque suelen sonar muy forzados, y encima le quitan trabajo a los verdaderos actores de doblaje de animación, que sí que lo hacían bien, y eso será en todos los países, supongo. En fin, en nuestra versión patria, tenemos a José Coronado poniendo la voz del Capitán Pirata, y, mira, no lo hacía mal, y también estaba por allí Iniesta (sí, el futbolista, que no chirriaba mucho, creo recordar, ¿o sí?). Bueno, película muy divertida y recomendable, para los niños y sus sufridos padres, con la que Aardman vuelve a demostrar que puede abrirse camino entre los monstruos de la animación (Pixar, Disney, Ghibli, Dreamworks…). Ah, atención a un pirata que no es exactamente lo que parece (aunque te das cuenta en seguida, que al fin y al cabo es una peli infantil).



Los mercenarios 2 (The expendables 2), de Simon West. Y por fin llegamos a la última película, el colofón de mi serie de posts sobre las pelis que vi en agosto de 2012 (ya era hora, que llevo más de un año para escribir todas estas críticas). Bueno, pues esta la vi en septiembre, pero me lo pasé tan bien, que tenía que incluirla. Además, esta saga, convertida en obra de culto antes de haber concluido (el año que viene tendremos la 3ª entrega), es cine palomitero a más no poder, muy adecuado para el verano, que no es época de recogimiento y mucho menos de pensar. En 2010 se estrenó Los mercenarios, dirigida por el ya-talludito-pero-todavía-cachas-y-seguro-que-muy-operado Sylvester Stallone, y con guión del propio Stallone y un tal Dave Callaham. La cinta reunía a algunas de las mayores estrellas del cine de acción del presente, o presente-pasado, como Jason Statham, Jet Li o, por supuesto, Stallone, con veteranos todavía dispuestos a repartir tortas, como Dolph Lundgren (ay, Dolph, quién le ha visto y quién le ve, con lo guapo que era cuando hacía He-Man y los Masters del Universo), y Eric Roberts (ese siempre ha sido feo, lo siento). Pero es que, además, aparecían nada menos que Bruce Willis, en un breve papel, y nuestro gobernador de California preferido, Arnold Schwarzenegger, en poco más que un cameo. También estaban por ahí el inigualable Mickey Rourke, en un personaje filosófico (y paradójicamente, sin escenas de acción), y Terry Crews y Randy Couture, que no sé muy bien quiénes son. Como era de esperar, la película fue un éxito entre los amantes del cine de acción ochentero. Tenía todos los ingredientes: héroes de antaño, convenientemente operados y/o anabolizados, luchando junto a action men del cine actual, musculosos y con cara de mala ostia, pero con buen corazón. Todos dispuestos para la batalla y con buen rollo y camaradería entre ellos. Tiros, explosiones (muchas), golpetazos, patadones, guión infantiloide, como era de esperar, diálogos que no son ingeniosos ni lo pretenden (genial el “porque yo lo valgo” de Jason Statham), y, como no podía ser menos, una guapa chica que mantiene un pseudo-rollo romántico con Barney Ross, el personaje de Sylvester Stallone. También hay una escena entre Sylvester y Arnold que, aunque es muy tonta, nos hizo reír a todos por los guiños que contiene. Total, que la peli se convirtió rápidamente en un blockbuster nostálgico del cine de machotes. Había que seguir explotando el filón, y dos años después llegó la secuela, dirigida por Simon West, cuya filmografía no engaña a nadie, ya que se compone de éxitos de acción y entretenimiento como Con Air, Lara Croft: Tomb raider, la penosa Cuando llama un extraño, o The mechanic, ésta última para mayor gloria de Jason Statham. Los mercenarios 2, en mi opinión, no cumple el dicho de "segundas partes nunca fueron buenas", ya que es mejor, más divertida y un poco más elaborada (aunque sigue siendo disparatada, claro), que su antecesora, y cuenta con ilustres incorporaciones, como ya sabéis. Para bajar un poco la media de edad de los protagonistas, aparece (aunque no durante mucho tiempo) Liam Hemsworth (sí, el hermano de Chris “Thor” Hemsworth y el muchachote moreno de Los juegos del hambre). El malo malísimo es nada menos que Jean-Claude Van Damme. En esta entrega, lamentablemente, no tenemos a Mickey Rourke y sus reflexiones espirituales, pero el papel de Bruce Willis es más relevante y la intervención de Arnold Schwarzenegger también es un poco más larga, lo cual se agradece. Ambos participan junto a los protas en la lucha final, el clímax de la película, donde también se luce… sí, el que todos estáis esperando: el incombustible Chuck Norris, que actualmente triunfa tanto en internet con los chistes que se cuentan sobre él, como con la serie Walker Texas Ranger. No me acuerdo si en la peli lanza una de sus patadas giratorias, pero sí aparece en otra escena delirante y autoparódica. En Los mercenarios 2 (se agradece que no hayan puesto ningún subtítulo tipo “El regreso”, “Misión mortal” o “Más peligrosos que nunca”, sobre todo con las traducciones tan patéticas que se hacen en español), las aventuras son a mayor escala, ya que tienen que salvar al mundo de los terroristas y sus cargamentos de plutonio. Los personajes son más “entrañables” y se toman un poco más en serio a sí mismos, aunque siguen siendo sacos de músculos con conversaciones tontas y siempre dispuestos a pegar tiros y dar tortas con tal de defender a los inocentes, que es lo que se pretende al fin y al cabo. Ah, y Dolph Lundgren ya no parece sólo un bulldog; ahora parece un bulldog que habla y a veces hasta dice algo gracioso (ay, Dolph, que eras uno de mis ídolos de mis carpetas de estudiante, por Dios). Lo que te puede llegar a cambiar el exceso de bótox y de tomar el sol. En fin, que Los mercenarios 2 me gustó más que la 1ª y os la recomiendo si sois amantes de la acción y de la nostalgia ochentera, y no la habéis visto todavía, lo cual es imposible. Al parecer, en la 3ª no estará Chuck Norris, qué decepción para sus fans, bueno, siempre nos quedará Walker.


Bueno, chicos, esta ha sido mi quinta y última entrada de las películas que vi en agosto de 2012. Ya ni siquiera es el verano pasado, así que he vuelto a cambiar el título por otro más poético, que lo será más conforme vaya pasando el tiempo, y algún día vuelva a releer mis "escritos" (porque no creo que nadie más lo haga, de hecho, creo que yo tampoco lo haré). De todas formas, cuando desaparezca internet y los soportes digitales actuales, y haya otros medios de información super virtuales e interactivos, ¿qué pasará con todas estas palabras que escribimos? ¿Se podrán recuperar? ¿Quedarán perdidas en el espacio y el tiempo, por muchas copias de seguridad que tengamos? No me hagáis caso, son reflexiones pesimistas y delirantes. En fin, que aunque he tardado tanto, no os quejéis, que son cuatro pelis en un post, ¿eh?

¡Volveré!

domingo, 6 de marzo de 2011

Las seis esposas de Enrique VIII: Amor, poder, y terror en la corte

Inglaterra, 1509. Enrique VIII es coronado tras la muerte de su padre, el rey Enrique VII. Antes se había casado con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos de España y cuñada de él, porque era la esposa de su hermano mayor, Arturo, heredero al trono y fallecido 8 años antes a consecuencia de unas fiebres. En el momento de la boda, Enrique tenía 18 años y Catalina 24. Catalina fue la primera de las esposas de Enrique VIII, quien a lo largo de su reinado de 38 años se casó 6 veces, cambió a todo el país de religión, mandó ejecutar a media corte (es un decir, pero sí se llevó por delante a muchos de sus allegados, entre ellos a dos de sus esposas), y en definitiva, provocó importantes cambios a nivel político y religioso, marcando uno de los periodos más convulsos y fascinantes en la historia de Inglaterra y de Europa. Enrique anhelaba tener un heredero varón, pero todos los niños que daba a luz Catalina nacían muertos, morían al poco de nacer, o ni siquiera nacían. La única hija que sobrevivió fue María, la futura María Tudor. Enrique VIII, después de tener varias amantes, se encaprichó de una de las jóvenes de la corte, Ana Bolena, y como el Papa Clemente VII no quería anular su matrimonio con Catalina, decidió anularlo por su cuenta. Fue entonces cuando creó la Iglesia Anglicana, separando a su nación de la religión católica y del poder de Roma. En 1533 se divorció de Catalina, la mandó a un castillo lejos de allí y se casó con Ana Bolena. Ese mismo año nació su hija Isabel (la futura Elizabeth I que fue la que finalmente reinó durante 44 años), pero después Ana no tenía más que abortos y bebés muertos. Así que Enrique, que seguía obsesionado con lo del heredero varón, y ayudado por los intrigantes de su corte, terminó acusándola de adulterio múltiple, traición, brujería, y hasta incesto con su hermano Jorge Bolena, vamos, todo lo que se le ocurrió para quitarla de en medio. Se ha demostrado que todos los cargos eran falsos, pero de poco le sirvió a la pobre Ana, que fue condenada y decapitada en 1536. Enrique, que no paraba, ya se había fijado en otra dama de la corte, Jane Seymour, con la que se casó pocos días después de haber ejecutado a su segunda cónyuge. La tercera mujer de Enrique VIII fue la que le dio por fin un heredero varón, el príncipe Eduardo, que nació en 1537. Fue siempre un niño de frágil salud y murió con sólo 16 años, pero por lo menos le dio tiempo a reinar durante 6 años, tras la muerte de su padre, siendo sucedido por su hermanastra María Tudor. Jane murió dos semanas después de nacer su hijo; fue la esposa a la que más quiso Enrique VIII, ya que le dio su ansiado heredero (además, como murió pronto, tampoco le dio tiempo a cansarse de ella). En 1540, Enrique volvió a casarse, esta vez con Ana de Cleves, una noble alemana. Fue un matrimonio de conveniencia para intentar aliar a Inglaterra con los protestantes alemanes. A Enrique su esposa no le parecía nada atractiva físicamente, y este motivo, unido a la nueva alianza del rey con el emperador Carlos V, hizo que esta unión durara sólo 7 meses. Enrique anuló el matrimonio, Ana, que tenía mucho sentido común, no puso inconveniente, le dieron un montón de títulos nobiliarios y posesiones, y quedaron tan amigos. Vamos, que se libró de una buena, porque a Thomas Cromwell, que había impulsado este matrimonio, sí que lo condenaron a muerte. En 1540, el mismo día de la ejecución de Cromwell (el bueno de Enrique no tenía muchos escrúpulos para estas cosas), el monarca se casó con su quinta esposa, Catalina Howard, que era mucho más joven que él. Enrique ya era viejo, gordo, con gota y úlcera, así que la pobre Catalina se tuvo que buscar otros entretenimientos fuera del matrimonio y se echó un amante, el cortesano Thomas Culpeper. Cuando se descubrió esto y que Catalina había tenido otro amante antes de casarse, Francis Derham, los tres fueron ejecutados. En 1543, Enrique ya estaba fatal de salud, pero de todas formas se casó con su última esposa, Catalina Parr, una viuda rica. A ésta le fue bastante bien, porque el rey murió antes que ella. Aún así, estuvo a punto de llevarla también a la Torre de Londres por atreverse a discutir de religión con su esposo (Catalina era calvinista). Sin embargo, la perdonó y fueron razonablemente felices hasta la muerte del rey; ella incluso logró reconciliarle con sus hijas María e Isabel, a las que había mandado lejos, a otros palacios, y declarado ilegítimas, renegado de ellas, y yo que sé cuántas cosas más.


Todo este culebrón se cuenta, y muy bien contado, en Las seis esposas de Enrique VIII (The six wives of Henry VIII), miniserie producida por la BBC en 1970. La serie tiene 6 episodios, correspondientes a cada uno de los matrimonios. En la producción se nota la calidad y el rigor histórico con que se narran los acontecimientos: se nota que se han documentado bien. La recreación de la época, los escenarios, la caracterización de los personajes, son muy acertados. Algunos personajes, como Jane Seymour, Cromwell, y sobre todo el arzobispo Thomas Cranmer, son clavados a los que aparecen en los cuadros de la época. Vamos, que viéndola te transportas al siglo XVI, excepto quizás por la forma de decir los diálogos, que me parece demasiado solemne, muy de teatro clásico. Especialmente emocionantes y dramáticos son los capítulos de Jane Seymour, Catalina Howard y Ana Bolena; estos dos últimos tienen, además, unas escenas de torturas a prisioneros bastante espeluznantes. Los actores no son conocidos, yo por lo menos no los conozco de nada, pero desde luego están todos fantásticos; destaco a Keith Mitchell como el omnipresente Enrique VIII, impresionante sobre todo en los últimos capítulos, con ese maquillaje de rey viejo y enfermo, y ese aire entre amenazador y grotesco. No voy a comparar esta serie con otras adaptaciones que se han hecho sobre el tema porque todas las que he visto me han gustado (sí, también me gusta Los Tudor, aunque hayan puesto al modelo de pasarela de Jonathan Rhys Meyers para hacer de Enrique VIII). Total, que merece la pena rescatar esta serie, todo un clásico, para contemplar una historia real llena de intrigas palaciegas y de alcoba, chanchullos políticos y persecuciones religiosas, donde había que moverse con inteligencia para no acabar en la hoguera, en el potro o sin cabeza, y donde los destinos de los personajes estaban gobernados por un rey caprichoso, una especie de Barba Azul al que sus súbditos y sus mujeres, sin embargo, mostraban gran devoción, incluso cuando estaba a punto de matarlos, y es que en aquella época, el Rey estaba justo por debajo de Dios, y la religión se usaba para dominar a la gente. Tremendo.

sábado, 30 de octubre de 2010

La cinta blanca: El pueblo de los niños siniestros


En 1913, justo antes de que estalle la Primera Guerra Mundial, en un pequeño pueblo en el norte de Alemania, empiezan a ocurrir una serie de extraños accidentes a algunos de sus habitantes. Nadie sabe quién los ha podido provocar. La voz en off del Maestro del pueblo nos va contando toda la historia. La vida en esta comunidad se rige por una estricta educación basada en la doctrina luterana, propia del lugar y de la época. El que manda allí es el Barón, que vive con su mujer, hijos y criados, en su palacio, en torno al cual se estructura toda la vida del pueblo, en plan sociedad feudal. Otras personalidades importantes son el Administrador, el Médico y por supuesto el Pastor, o Reverendo, o como se diga, la autoridad moral del lugar. Los demás son campesinos en su mayoría, que viven bajo la sombra y la protección del Barón. En las familias, casi todas numerosas, claro, los niños son sometidos a una férrea disciplina, en especial en la familia del Pastor, en la que vemos a sus seis hijos sufriendo esta dura educación. A veces llevan una cinta blanca como recordatorio de la pureza y la obediencia que tienen que alcanzar, pero aquí no hay nada de pureza. Todo el tiempo se respira un ambiente de represión y violencia contenida. Ves a los niños andando en grupo por la calle, todos rubios y silenciosos, e inmediatamente te acuerdas de la peli El pueblo de los malditos o Los chicos del maíz. Son niños siniestros, y algunos están muy desquiciados, sobre todo los hijos del Pastor (no me extraña, con ese padre), y sobre todo la hija mayor, todo un ejemplo de niña diabólica. También vemos en las mujeres los efectos de esta sociedad represora, asfixiante y machista; todas vestidas de negro, con el pelo recogido y apariencia austera, excepto la Baronesa, que curiosamente es el personaje más libre, el que más puede decidir sobre su destino. La cinta blanca es una película de Michael Haneke, director austríaco, y fue nominada a los últimos oscars en la categoría de Película extranjera. Éste es el único motivo por el cual decidí verla, porque la verdad es que el cine de Michael Haneke no me atrae mucho. En sus films suele criticar el modo de vida de la sociedad actual, a través de personajes atormentados e insatisfechos, con un estilo crudo y seco, y con violencia, no explícita, pero muy desasosegante. Una de sus obras más conocidas es Funny games, de la que él mismo hizo el remake americano, y dicen que es tremendamente dura y agobiante, aunque no se muestre la violencia directamente. Hay muchos espectadores a los que les fascina este tipo de cine. A mí tanto sufrimiento no me mola, pero he de decir que me llevé una grata sorpresa con La cinta blanca. Me pareció una película muy buena, donde se muestran la represión, odio y venganza de una forma muy, muy sutil, a través de los diálogos y también de los silencios. Recuerda mucho al cine clásico nórdico (además está rodada en blanco y negro), siempre tan austero, minimalista y tenebroso. Hay todo tipo de maltratos y castigos físicos y psicológicos, y nunca los vemos, pero la violencia verbal es tremenda; yo me quedé sobrecogida con algunas de las frases que se dicen en determinados momentos. Los únicos personajes buenos y de mente sana son el Maestro y su prometida, la joven e inocente Eva. Su relación es como un soplo de aire fresco en medio de tanta corrupción oculta. Todos los demás son personas oscuras, débiles o con secretos inconfesables. Cuando salta la noticia de que ha empezado la Gran Guerra (la Primera Guerra Mundial), parece como si todos los pequeños dramas cotidianos hubieran explotado en un gran desastre mundial. Los críticos y espectadores dicen que esta película describe el germen del nazismo. A mí no me sugiere exactamente eso, sino más bien el odio reconcentrado producido por una forma de vida tan castradora que sólo podía conducir a una cadena de venganzas, y en la que todos, hasta los personajes más terribles, son también víctimas. Aunque no tengo intención de ver el resto de la obra de Michael Haneke, sí que os recomiendo esta peli, ya que es bastante fascinante, aunque se pase un poco mal viéndola.

lunes, 17 de mayo de 2010

El discípulo: Jesucristo de Canal Sur


El domingo 2 de mayo vi en el cine El discípulo, de Emilio Ruiz Barrachina. La película pretende ser un acercamiento a los últimos días en la vida de Jesucristo desde una perspectiva revolucionaria, presentándolo como un líder político y espiritual más que como ser divino e Hijo de Dios. Esta teoría, al parecer, viene avalada por estudios recientes de historiadores. La narración de los hechos se mezcla con escenas de una conversación entre dos evangelistas, Lucas y Juan, cada uno con su propia versión de la historia: Lucas defiende la idea tradicional y mística, la de que Jesús era el Salvador y el Elegido para traernos el Reino de Dios; la opinión de Juan es mucho más desmitificadora: Jesús luchaba para liberar al pueblo de Israel de la invasión romana, daba discursos sobre una nueva era y sobre el Reino de los Cielos, en plan iluminado, e intentaba ayudar a la gente, pero sus acciones no eran milagrosas ni mucho menos. Está claro que la teoría de Lucas es la que ha llegado hasta nosotros. La película, como veis, es muy transgresora y podía haber sido muy polémica y muy interesante, pero para eso tendría que haber estado bien hecha, y no es así. El director, al parecer, es documentalista de Canal Sur, y se nota. Seguro que Canal Sur tiene documentales buenísimos, y esta peli hubiera estado muy bien como documental, pero como medio-ficción resulta muy cutre y rodada con pobreza de recursos. A mí eso normalmente no me importa, hay muchas películas que son cutres pero entrañables, o emocionantes, pero ésta sólo es aburrida y chapucera. Parece un vídeo casero: el montaje, la fotografía, la ambientación, todo es artesanal, en el mal sentido de la palabra. La cinta está rodada en pueblos de Granada y Almería y salen bonitas imágenes de olivos, castillos andaluces y desiertos almerienses, pero el color parece de super 8 (a lo mejor lo han hecho a propósito para que resulte más naif, no sé). La bso está compuesta de música clásica y melodías flamencas, para que no se nos olvide quién produce la peli; vamos, que a ratos parece que estás viendo un espacio de esos que nos ponen en la tv andaluza de relleno para promocionar los pueblos de aquí. Los actores también están fatal; Jesucristo es un tal Joel West, que está muy sobreactuado. Según el guión, su personaje es un Jesús fanático, a veces iracundo y a veces melancólico, pero lo único que hace es poner todo el tiempo cara de cabreado, no tiene más registros. Supongo que para darle proyección internacional, la mitad de los actores son españoles y la otra mitad ingleses, o anglosajones. La Virgen María es una tal Marisa Berenson, que por lo visto es una vieja gloria, y su personaje también es muy desmitificador porque tiene más hijos, o sea, que no es virgen, pero yo aquí lo único que veo es una vieja actriz con gesto de sufridora y rostro operado. María Magdalena es Ruth Gabriel, que nadie se acordará pero era la protagonista de Días contados, una peli de Imanol Uribe, de 1994, sobre terrorismo y bajos fondos madrileños. Es una mujer que, sin ser muy guapa, tiene cierto morbo, y como es la que mejor actúa de la peli, está bastante bien en su papel, también de sufridora y enamorada de Jesús. El más conocido es Juanjo Puigcorbé, que interpreta a Poncio Pilatos, cuya escena más relevante es cuando se lava las manos, pero porque estaba comiendo uvas. El pobre actúa como resignado y hace lo que puede con este guión tan malo. A los demás actores no los conozco; hay muchos ingleses, como he dicho antes, pero además es que tienen cara de ingleses. A veces me recordaba a La vida de Brian, parecía que de un momento a otro se iban a poner a cantar: “Always look on the bright side of life, lala lalalaaaaa…….”. Hay escenas de lucha y acción, pero también parecen cómicas. Yo no me di cuenta, pero Javi asegura que vio morir a uno ¡dos veces! (¿sería que lo había resucitado Jesús?). La película podía haber sido muy polémica, podía haber sido de las que critican en la Cope, con manifestaciones a la puerta de los cines y el Papa excomulgando a los guionistas, pero, como es tan mala, nadie se la va a tomar en serio. Que nadie se ofenda, yo soy andaluza, pero por favor, Canal Sur que trate estos temas en documentales y deje la ficción para series como Arrayán.

martes, 17 de noviembre de 2009

Quo vadis: Espectacular y religiosa

Como buena cinéfila-cinéfaga-consumista que soy, de vez en cuando me compro alguna peli para tenerla para toda la vida, es decir, hasta que se ralle el dvd o se acabe el formato de dvd y todo sea blue-ray, es decir, por poco tiempo. Pero bueno, disfrutaré mi colección mientras pueda. Esta vez me he comprado Quo vadis en edición coleccionista con fotos muy chulas de la época, y la he visto por cuarta vez en mi vida, creo. Quo vadis, de 1951, dirigida por Mervyn LeRoy, pertenece al grupo de películas que siempre ponen en la tv en Semana Santa. Épica, bíblica, espectacular, con imponentes escenas de masas y transmisora de los más clásicos valores morales y religiosos. A mí me encanta. Dentro del género de películas de romanos (también llamado “peplum”) es la que más me gusta, junto con Espartaco y una que no es de romanos, sino de egipcios, pero que está cortada por el mismo patrón: Los diez mandamientos (Ben Hur ya se me hace un poco pesada). Quo vadis se sitúa en los principios del cristianismo y en el principio de la decadencia del Imperio Romano, en el reinado de Nerón. Narra la persecución de los cristianos, el famoso episodio del incendio de Roma y la historia de amor entre Marco Vinicio y Ligia. Marco Vinicio, interpretado por el galán Robert Taylor, es un importante legado del ejército romano, que se enamora de Ligia, una rubia y angelical cristiana, interpretada por Deborah Kerr, con su belleza fría y lánguida. Marco al principio es cínico y arrogante, un chulo, vamos, pero el amor de Ligia y la fe cristiana le transforman. También hay una emotiva historia de amor entre Petronio, tío de Marco y una especie de consejero de Nerón, y Eunice, su esclava española. Petronio tiene unos diálogos ingeniosos y geniales con Nerón. Nerón, interpretado por el maravilloso Peter Ustinov, está absolutamente soberbio. Es uno de los villanos más psicópatas y a la vez cómicos que he visto nunca. También está espléndida Popea, la mujer de Nerón, interpretada por una tal Patricia Laffan, con su expresión de zorra maquiavélica y perversa. Hay una escena típica de matanza de cristianos en el circo romano, con los leones, que me parece emocionante y con mucha tensión; lo que pasa es que hemos visto la peli tantas veces, que ya no da ni tensión ni nada, pero a mí me sigue pareciendo emocionante de todas formas, aunque ya sepa todo lo que va a pasar. La pareja principal, Robert Taylor y Deborah Kerr, también lo hacen muy bien. Siempre he pensado que son muy sositos los dos, pero la verdad es que aquí resultan muy creíbles, y ella sobre todo está guapísima. La película tiene unos discursos religiosos y moralistas que no veas, pero es lo que se puede esperar en este tipo de cine y en esa época, yo creo que ya todo el mundo sabe lo que va a ver. La fotografía me resulta muy curiosa, con ese color típico de los libros y las postales de los años 50. Da como nostalgia, aunque no haya vivido esa época.

sábado, 17 de octubre de 2009

Ágora: La decadencia de una época

El lunes 12 de octubre, después de tanto tiempo esperando, vi por fin en el cine Ágora, la mega-obra de Alejandro Amenábar, de producción totalmente española, pero con todos los actores extranjeros. Me ha gustado más de lo que pensaba, en realidad me ha fascinado. Pensé que iba a ser una superproducción monumental sin alma, y sí, es una película monumental y comercial orientada al mercado exterior, pero tiene el sello propio y característico de Amenábar. Yo creo que una vez más ha vuelto a demostrar que es un genio y un director diferente. La peli recrea la antigua civilización de Alejandría, en el siglo IV d.c., y su protagonista absoluta y heroína es un personaje histórico que nunca se ha tratado en el cine, que yo sepa (yo ni siquiera la conocía de nada): Hipatia, una mujer que fue filósofa, matemática y astrónoma, una científica adelantada a su época. En la película, además, es bondadosa y guapísima (claro, es que la interpreta Rachel Weisz), y tiene dos enamorados incondicionales: Davo, uno de sus esclavos, y Orestes, uno de sus discípulos. Pero a ella no le interesa el amor terrenal, está entregada al estudio y al conocimiento del Universo. En esta época se produjo la división entre el Imperio Romano de Oriente y de Occidente, y fue decisiva en la historia de la humanidad porque supuso el cambio de las religiones politeístas, que adoraban a los dioses, a las monoteístas, en este caso la judía y la cristiana. La película nos muestra cómo convivían todas estas culturas en Alejandría. Bueno, convivir, no convivían mucho, más bien se llevaban a matar. El cristianismo comenzaba a consolidarse como una de las religiones dominantes en la nueva civilización. Y como el poder corrompe, los cristianos son los villanos de la peli, unos fanáticos fundamentalistas. Ésta es otra de las grandes originalidades de Ágora: se muestra al cristianismo en sus orígenes como una secta oscura y perversa, unos auténticos talibanes. Todos hemos visto las películas de la Inquisición donde se ven las barbaridades que hizo la Iglesia Católica, pero nadie hasta ahora había tenido el atrevimiento de mostrar esas barbaridades en la incipiente Iglesia Cristiana. Todos los fanatismos son malos, por muy buenas que sean las ideologías.

La película tiene imágenes espectaculares y escenas muy poéticas. Hay partes muy realistas, cuando se muestra cómo era la vida cotidiana en aquella época, las calles, la gente… En el aspecto técnico también me parece muy innovadora, con movimientos de cámara inusuales, pero que ayudan en el avance de la historia. A veces la cámara se aleja y refleja la acción desde el exterior, tanto, que hay varias imágenes del planeta Tierra, como si fuera un documental del Universo. Mucha gente ha criticado este recurso, dicen que no pega con la historia, pero yo creo que pega perfectamente, porque nos acerca a la mentalidad de Hipatia y a su pasión por las estrellas. Yo creo que la gente que no le ha gustado esta película es porque esperaban una cinta histórica convencional, y Ágora no lo es.