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lunes, 12 de mayo de 2025

Burbuja: La chica burbuja. Thunderbolts: ¿Héroes o marginados, o las dos cosas?

 Llevaba una temporada viendo películas de terror, sangre y cuchillos, y tampoco me gustaron mucho. Luego tengo pesadillas, aunque mi parte morbosa quiere seguir viéndolas, pero decidí cambiar un poco el registro y ver pelis más amables. Estas son 2 de ellas.

Burbuja (Bubble), de Tetsuro Araki. La vi en Netflix.


Cinta de animación japonesa, una joyita escondida del anime. Un día ocurrió un apocalipsis cuando empezaron a caer burbujas sobre el mundo, pero tantas que destrozaron los edificios y destruyeron la vida tal como la conocemos. La acción tiene lugar en un Tokio derruido y aislado, donde viven grupos de jóvenes que han perdido a sus familias y se dedican a practicar parkour en los edificios que todavía quedan en pie y a hacer batallas entre equipos. Hibiki, el muchacho más arriesgado e imprudente, cae un día al vacío de las burbujas en el cielo, y una extraña chica con poderes especiales, que la verdad es que no sabemos de dónde ha salido, le salva la vida. La chica se enamora de él y él le pone el nombre de Uta. Dicen que la historia de amor entre estos 2 adolescentes está inspirada en La sirenita. Cinta muy bonita visualmente y, bueno, con todas las características de los animes. Muy recomendable, aunque sólo sea por ver la belleza de las imágenes y colores.

Thunderbolts, de Jake Schraier. La vi en el cine.


Los Vengadores ya no están. Se han disuelto, o han huído, o han muerto. Entonces, ¿quién va a salvar el mundo ahora (el mundo según Marvel, que para DC tenemos a otros). Pues tenemos a los Thunderbolts, un grupo de inadaptados que pueden llegar a ser héroes, aunque atormentados o con pasados traumáticos, pero en el momento de la verdad nos pueden salvar a todos. No tienen el glamour de Los Vengadores o El Escuadrón Suicida, pero sí que tienen poder y mucha voluntad. Tenemos a la hermana y el padre de la Viuda Negra, de los Vengadores; el Soldado de Invierno, amigo del Capitán América; una chica que si se pone un traje especial, se convierte en un fantasma ultrarrápido e invisible; un Capitán América que no sé de dónde ha salido (yo es que no me he leído los cómics); y un personaje que puede ser más poderoso que todos los Vengadores juntos, pero todo depende de para qué utilice ese poder y de que caiga en las manos adecuadas. Entre los rostros conocidos están Florence Pugh, David Harbour y Sebastian Stan, y ya no conozco a más. Ah, también hay una super villana. Recomendable para pasar un buen rato.    
  

lunes, 29 de julio de 2013

Películas del verano pasado IV

Pesadilla en Elm Street 5, el niño de los sueños (A nightmare on Elm Street V: the dream child), de Stephen Hopkins. La carrera de este director se compone de films más o menos mediocres y entretenidos, como Depredador 2, Los demonios de la noche, Perdidos en el espacio o La cosecha, trabajando, eso sí, con grandes actores o incluso estrellas del momento, como Jeff Bridges, Tommy Lee Jones, Michael Douglas o Hillary Swank. Tal vez su trabajo más destacado en el cine sea Llámame Peter, biopic del controvertido Peter Sellers, encarnado por el genial Geoffrey Rush. Después se ha dedicado a la tv, participando en la dirección de exitosas series como 24 o Californication. Pero, antes de todo eso, fue el responsable del quinto film de la saga del psicópata de las cuchillas. Esta vez la prota es Alice, heroína desde la mitad de la anterior entrega (tomando el relevo de Kristen), y la única superviviente, junto con su novio, Dan, que en esta quinta parte la palma pronto, la verdad. En una especie de giro del guión (aunque tampoco es que se hayan comido mucho el coco), Freddy actúa ahora a través de los sueños del niño aún no nacido de Alice, esperando apoderarse de su alma y convertirle en cómplice de sus asesinatos. La pobre chica tendrá que luchar una vez más para salvar a su hijo, a sus amigos y a sí misma. Los amigos sufrirán distintas muertes, a cuál más sanguinolenta e imaginativa, como ocurre en todo slasher que se precie. Algunas escenas son francamente desagradables, en mi opinión, pero siempre sin perder los toques de fantasía, que para eso estamos en un slasher onírico. Se siguen manteniendo las señas de identidad propias de la saga: escenarios surrealistas, humor retorcido, y conoceremos algo más del pasado de Freddy, a través del espíritu de su madre, la atormentada Amanda Krueger. A estas alturas, la fórmula parecía ya algo agotada, pero a mí me da igual, yo disfruté con esta entrega casi tanto como con las anteriores.


Mi semana con Marilyn (My week with Marilyn), de Simon Curtis. Michelle Williams se mete en la piel de uno de los iconos inmortales de la pantalla, la divina y atormentada Marilyn Monroe. Y, en mi opinión, lo hace muy bien. Michelle no es una actriz que me entusiasme mucho, y pienso que, en belleza y glamour, no se puede comparar con Marilyn, la verdad. Pero ha conseguido captar sus gestos, sus poses, y yo diría que hasta su alma. La película está basada en la novela de un tal Colin Clark y en el romance que, según él, mantuvo con la rubia estrella, mientras trabajaba como ayudante de producción en el rodaje de El príncipe y la corista, en Inglaterra. Dicho rodaje, bastante tormentoso, transcurrió entre las habituales crisis nerviosas de Marilyn, su choque de egos con Laurence Olivier, y los altibajos y abandonos de su tercer marido, Arthur Miller. El film está hecho para el lucimiento de su actriz protagonista, y también de Kenneth Branagh, que interpreta al gran Sir Laurence (no podía haber un actor más acertado para este papel). Tanto Michelle Williams como él fueron nominados al oscar, en las categorías de actriz principal y actor secundario. También aparecen por ahí, en papeles secundarios, Emma Watson, Judi Dench y Julia Ormond, que encarna a Vivien Leigh, a la que tampoco se parece en nada. El auténtico protagonista y narrador de esta historia, Colin, está interpretado por Eddie Redmayne, actor  al que hemos visto mucho últimamente, en films y telefilms de época, como Las hermanas Bolena, Los pilares de la Tierra o la superproducción Los miserables;  y es que se le da muy bien hacer de joven sufridor enamorado, a pesar de que físicamente es bastante feíllo (sí, es un comentario horrible y frívolo, pero, a ver quién tiene el valor de decirme que es guapo). La película, que parece una tv movie (sin que eso tenga que ser negativo), nos permite asomarnos, a través de la excelente interpretación de la actriz protagonista, al interior del mito de Marilyn, una estrella tan deslumbrante como desdichada.


Ciegas de amor (Histerical blindness), de Mira Nair. La filmografía de esta directora hindú se divide entre las historias que reflejan aspectos de la cultura de su país (Salaam Bombay!, Kama Sutra, La boda del Monzón), las películas de argumentos y personajes típicamente americanos o británicos (La feria de las vanidades, Cuando salí de Cuba, el biopic Amelia), o las obras en las se mezclan ambas sociedades (Mississippi Massala, El buen nombre, El fundamentalista reticente). Ciegas de amor, que pertenece al grupo de películas americanas, es un telefilm poco conocido (yo por lo menos no la conocía de nada, y eso que fue nominada a diversos premios), de 2002, y protagonizado por tres maravillosas actrices: nada menos que Uma Thurman, mi actriz preferida de todos los tiempos, Juliette Lewis, que también me encanta, y la fantástica Gena Rowlands. Uma y Juliette son Debby y Beth, dos amigas solteras, en los años 80, que salen de marcha por las noches intentando encontrar a su príncipe azul. La búsqueda es más difícil de lo que pensaban. Con este argumento pensaréis que la peli es una comedia romántica, pero no. Más bien es un dramón romántico y psicológico, porque ¡anda que no sufren todas! Gena Rowlands interpreta a la madre de Debby, la sensata Virginia. Bueno, pues la película está en la línea típica de telefilm-dramático-de mujeres, creo yo, por mucho que haya sido nominada a Emmys, Globos de Oro e Independent Spirit Awards; pero, eso sí, cuenta con la baza de sus tres grandes actrices, que bordan sus papeles, sobre todo mi querida Uma Thurman, que emociona y enerva con su personaje de Debby, una chica frustrada, obsesionada y caprichosa, que se niega a ver la realidad. Un personaje complejo y antiheroína total. También me conmovió Juliette Lewis interpretando a Beth, compañera de juergas y de penas, madre soltera, con tanto protagonismo en la película como Debby, y más equilibrada emocionalmente que ella, vamos, que es un personaje más “blanco”, y también está fantástica y muy guapa. Gena Rowlands, estupenda, como no podía ser menos (también sufre de lo lindo), y también aparecen por ahí, el prestigioso Ben Gazzara, y Justin Chambers, que la verdad es que no sé quién es. Jolie Peters es la pequeña Amber Autumn, la hija de Debby, una niña inteligente y más madura que su madre. En definitiva, una película para deleitarse con las actuaciones, dramas y amores de sus protagonistas.


John Carter, de Andrew Stanton. Esta es la primera (y última, por ahora, creo yo) película de su director que no es de animación; sus anteriores films fueron tres exitazos de Pixar: Bichos, la maravillosa Buscando a Nemo (codirigidas con John Lasseter y Lee Unkrich, respectivamente), y la muy original y de culto Wall-E. John Carter, producida por Disney, está basada en las novelas de la Serie Marciana, sobre todo en “Una princesa de Marte”, publicada en 1917 y escrita, igual que toda la saga, nada menos que por Edgar Rice Burroughs, el creador del mítico Tarzán. Total, que entre lo alto que tenía el listón el director por la gran calidad de su anterior filmografía, la dificultad de contentar a los lectores de las novelas, que por lo visto son obras de culto y precursoras de la ciencia ficción, y la fama de blanditas y anodinas que tienen las películas de Disney, era de esperar que a la gente no le iba a gustar mucho, y así ha sido. Que si es plana, sosa, aburrida, con un guión absurdo, que han mancillado el original… suele pasar con las adaptaciones. El argumento es un poco surrealista y naif, al fin y al cabo se trata de aventuras espaciales de principios del siglo XX. John Carter es un veterano de la Guerra de Secesión americana que un día, huyendo de los apaches, entra en una cueva y se encuentra un misterioso medallón. Al tocarlo, se ve teletransportado al planeta Marte, llamado Barsoom en el idioma de sus habitantes. El planeta es un extraño mundo en el que viven seres, también muy extraños, claro, y de distintas razas. Están los tharks, que parecen un cruce entre el saltamontes Flip, de la abeja Maya, y Jar Jar Binks, el repelente bicho de La amenaza fantasma (y secuelas), pero con cara de mala ostia (aunque al final son muy majos), cuatro brazos, y tamaño humano, o más altos, no me acuerdo. Hay unos animales monstruosos, enormes, y feos de c…, que no tengo palabras para describir. Pero también hay seres con aspecto humano, como los Therns, una especie de videntes tenebrosos de oscuras intenciones, valga la redundancia; los habitantes de Zodanga, y los de Helium. Precisamente estos dos últimos pueblos están envueltos en una guerra, y John tendrá que ayudar a los de Helium, que son los buenos. Además, la princesa de Helium, Dejah Thoris, es muy bella, luchadora, científica, y gran líder de su pueblo, así que, claro, los dos protas se tienen que enamorar. Nuestro héroe, entre otros poderes que ha desarrollado en este nuevo entorno, puede desplazarse con enormes saltos, debido a una menor gravedad, y el problema del idioma lo soluciona bebiendo un extraño mejunje. Todo resulta muy bizarro y absurdo, y eso es lo que argumentan los  muchos detractores de la película. Pero, no sé, los que quieran rigor científico, que lean una novela de Isaac Asimov, digo yo. Después están los puristas, que como suele ocurrir en estos casos, dicen que el film no adapta fielmente y traiciona el espíritu de las novelas, pero yo ni las he leído ni las voy a leer, así que me da igual. Total, que sí, que la peli es blandita, infantil, y absurda, pero a mí me ha entretenido mucho. Hay bonitos paisajes desérticos, aventuras simplonas, filosofía naif, guapos protagonistas (Lynn Collins es la bella princesa y Taylor Kitsch es el musculoso John Carter), y también están por ahí Willem Dafoe y Samantha Morton poniendo voces de bichos (de tharks), así que… ¿qué más queréis? ¡A desconectar!

Bueno, amigos, esta ha sido mi cuarta entrada de las películas que vi el verano pasado. Empecé hace diez meses, así que he cambiado ligeramente el título para adaptarlo a los nuevos tiempos. Pido perdón a mis fans, si me queda alguno, por tardar tanto. La verdad es que no tengo excusa, chicos. Todavía me queda otro post, espero volver más pronto que tarde, pero... no sé. ¡Saludos y feliz verano a todos!

sábado, 24 de septiembre de 2011

Juego de tronos: Mundos medievales

Esta historia transcurre en una época indefinida, que se parece mucho a la Edad Media, y en un lugar llamado Poniente, un continente formado por siete reinos, donde las estaciones pueden durar años y el invierno es muy crudo y terrorífico. Poniente está separado de los territorios del Norte por un enorme muro de hielo, vigilado por la Guardia de la Noche, para proteger a sus habitantes de los peligros del exterior. Se dice que al otro lado viven los Otros, unos seres espectrales y feroces que caminan por la nieve y devoran a todo el que pillan a su paso (una especie de zombies de leyenda), y que cada vez están más cerca del muro. Pero no es esa la única amenaza que se cierne sobre Poniente. Se avecina una guerra por el gobierno de los Siete Reinos y el poder de sentarse en el Trono de Hierro. Hace 15 años, en una guerra civil, Robert Baratheon expulsó a la familia real, los Targaryen, y se proclamó rey de Poniente. Ahora, el heredero exiliado Viserys Targaryen, prepara un plan para recuperar el trono. Para ello, ha casado a su hermana, la joven y angelical Daenerys, de largos cabellos plateados, con Khal Drogo, el líder de los Dothrakis, una tribu de bárbaros muy bárbaros y muy brutos, para formar una alianza y conquistar Poniente. Al mismo tiempo, dentro de los reinos, se desarrollan numerosas intrigas, luchas de poder, y conspiraciones, en un ambiente de política y violencia, donde para que no te maten se necesita saber manejar la espada tanto como usar el cerebro y medir las palabras.

Juego de tronos es la adaptación a la pequeña pantalla de la primera novela de Canción de hielo y fuego, una saga literaria escrita por George R. R. Martin, que contará con siete libros, de los cuales se han publicado cinco por el momento. Lo que hemos visto hasta ahora es la primera temporada, compuesta por diez capítulos. En abril del año que viene, al parecer, se estrenará en USA la segunda, Choque de reyes, y mientras tenga éxito, se seguirá haciendo una temporada por cada novela, supongo (en el mundo de las audiencias nunca se sabe). Esta primera etapa ha tenido mucho éxito, y no es para menos; las palabras con las que mejor puedo definir esta serie son dos: adictiva y fascinante. Desde el principio me enganchó (a mí y a casi todo el mundo que la ha visto, creo yo), esta historia épica y de fantasía, un relato de caballeros y princesas donde la mayoría de los personajes muestran su naturaleza más oscura y ambigua. Porque la ambigüedad es lo que domina en el comportamiento de los protagonistas (como en la vida misma). Aquí no hay maniqueísmo y cada personaje tiene su historia, traumas y secretos confesados o inconfensados; hay patriarcas honorables, guerreros salvajes, reyes lujuriosos, reinas maquiavélicas, chicas que quieren ser princesas, niñas que juegan con espadas, príncipes psicópatas, prostitutas y damas valerosas. Hay un bastardo atormentado (y muy guapo, todo hay que decirlo), un enano cínico y carismático y una chica dragón. Hay héroes oscuros, muchos personajes ambiciosos, y algunos totalmente perturbados. Entre los protas yo destacaría a Lord Stark, que se come la pantalla con su imponente presencia; Viserys Targaryen, odioso, irascible y guapísimo; Joffrey, el niño príncipe más hijo de puta que se haya visto en la pantalla, impresionante; y el que todos estabais esperando: Tyrion Lannister, el Gnomo, interpretado por el maravilloso Peter Dinklage.














El estudio de los caracteres es tan importante como las escenas de acción y los paisajes de leyenda. Los diálogos son tan poéticos como contundentes. La fotografía, espectacular, y la música te envuelve desde los títulos de crédito iniciales. Pero aún hay más. ¿Queréis violencia, sexo y palabras malsonantes pronunciadas en los momentos más oportunos? También los hay. ¿Queréis una historia inteligente, con conspiraciones, fantasía y aventuras? Estáis de enhorabuena. Esta vez no llevo la contraria a la mayoría y me uno a las legiones de fans de Juego de tronos. Bienvenidos a Invernalia.

jueves, 15 de abril de 2010

Acantilado rojo: Batallas épicas chinas

El domingo 28 de marzo vi en el cine Acantilado rojo (Chi bi), de John Woo, un realizador que nació en China y creció en Hong Kong, donde comenzó a dirigir películas de acción con actores orientales como Chow Yun-Fat y Tony Leung, continuando después su carrera en USA, donde siguió dirigiendo películas de acción, pero ahora con actores americanos como Nicolas Cage, John Travolta y Christian Slater. Acantilado rojo es una película épica china compuesta originalmente por dos partes, durando en total unos 280 minutos, pero en la versión occidental las han reducido a una sola cinta, que dura 148 minutos. Narra la batalla del Acantilado Rojo, extraída de una novela histórica china, El Romance de los Tres Reinos, escrita en el siglo XIV. La acción se sitúa en el año 208 D.C., cuando China estaba dividida en varios reinos. Cao Cao, el primer ministro del reino del norte (el reino de Han), que es el malo malísimo de la película, convence al emperador, que es muy manipulable, para declarar la guerra e invadir a los otros reinos. Él dice que es para unificar el país en un solo reino, pero en realidad lo que quiere es gobernar sobre todos en plan dictador. Primero su ejército ataca a los reinos de Xu al oeste y el este, haciendo huir al pueblo, y después se dirige hacia el reino del sur (el reino de Wu). Los generales del reino de Xu deciden enviar a un emisario, Zhu-Ge Liang, al reino de Wu, para intentar hacer una alianza con ellos antes de que el malo los invada a todos. Supongo que os habréis hecho un lío con tantos nombres chinos, normal. Del reparto sólo conozco a Tony Leung, que ya había trabajado anteriormente con el director, en su etapa de Hong Kong, y con otros directores como Wong Kar-Wai, y que aquí interpreta a Zhou Yu, el virrey del reino del sur y general, o comandante, o lo que sea, del ejército. Este personaje es uno de los principales de la peli, junto con el de Zhu-Ge Liang, el emisario, que es estratega, filósofo y poeta, y está interpretado por el guapísimo Takeshi Kaneshiro. Otros personajes importantes son: Cao Cao, el villano; Xiao Qiao, la guapa y angelical esposa de Zhou Yu; y también una princesa guerrera, cuyo nombre no recuerdo. También soy incapaz de saber los nombres de los actores que los interpretan. Es una película muy épica, muy bélica, y muy larga, pero no se me hizo nada pesada. Como buena peli oriental, tiene una parte poética, reflexiva y minimalista, recreándose en los detalles y las ceremonias chinas, sin resultar aburrida ni lenta. Pero la mayor parte del metraje se dedica a mostrarnos las estrategias de los ejércitos y el arte de la guerra; a mí nunca me ha parecido que la guerra sea un arte, sino algo que no debería existir, y a pesar de eso está contada de una forma que se te hace apasionante. La acción no tiene el estilo característico vertiginoso de John Woo; es espectacular, pero realista (aquí no hay flechas voladoras ni guerreros haciendo acrobacias imposibles). La fotografía es impresionante (sobre todo las imágenes aéreas de los ejércitos en formación), y la banda sonora está llena de melodías bellas y tristes. Total, que es una película muy recomendable y fantástica en el aspecto técnico y estético; el argumento no es que sea muy profundo, en realidad es bastante ingenuo, pero tiene el encanto de las antiguas leyendas.