En el año 2092, el mundo ha experimentado grandes revoluciones a nivel científico. Una de ellas es la regeneración celular (o algo así), que provoca que la gente siempre se mantenga joven y nadie pueda morir de vejez: es la casi inmortalidad. Sólo queda un hombre en todo el mundo que está a punto de morir de viejo: Nemo Nobody, que va a cumplir 118 años y pasa sus días en una clínica, donde es atendido por un psiquiatra para estudiarle e intentar ayudarle con sus lagunas de memoria. Un día, un periodista se cuela en su habitación con la intención de entrevistarle. Nemo empieza a contarle su vida, desde que nació, en 1975, pero no es una existencia normal y corriente, ya que se compone de varias vidas paralelas que han ido cambiando continuamente, según las decisiones que tomase en cada momento. Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr. Nobody), es el tercer largometraje del director belga Jaco Van Dormael, tras Totó el héroe (1991) y El octavo día (1996), bonita película sobre la amistad entre un ejecutivo estresado, interpretado por el gran Daniel Auteuil, y un hombre con síndrome de Down (inmenso Pascal Duquenne). El cine de Van Dormael está lleno de imágenes oníricas y realismo mágico. En Mr. Nobody esta ambientación fantástica está presente en todo el metraje, envolviendo nuestros sentidos y nuestro entendimiento (bueno, nuestro entendimiento más bien lo nubla, porque llega un momento que no te enteras de nada), con cambios continuos de lugar, tiempo y vida, historias que no sabemos si son reales, ficticias o soñadas, mucho romance y mucha ciencia ficción. Las decisiones que Nemo adopta ya desde pequeño, influirán en los distintos caminos que tomará su vida siendo adolescente y adulto, pero se nos presentan todos estos caminos, y no sabemos cuál es real, o si lo son todos. A lo largo de estas vidas paralelas le acompañan sus tres posibles parejas: la rebelde Anna, la atormentada Elise y la dulce Jeanne, interpretadas, respectivamente, por Diane Kruger, Sarah Polley y Linh Dan Pham (en su versión adulta, porque también aparecen de pequeñas y de adolescentes). Y Nemo en su versión adulta es el guapísimo Jared Leto, que además de guapo, es muy camaleónico, y que ha sido secundario en grandes producciones como Alejandro Magno o El señor de la guerra y prota en films más indie como Réquiem por un sueño o El asesinato de John Lennon, donde engordó 20 kilos por lo menos para interpretar al desquiciado Mark Chapman. El argumento de Las vidas posibles de Mr. Nobody, con tantos saltos y dimensiones, es una gran paranoia, pero a mí esas rarezas me encantan, así que me gustó mucho la peli, con su fotografía luminosa, sus escenas oníricas e hipnóticas, y su ambientación de una sociedad futura surrealista en plan Un mundo feliz. Hay viajes a Marte, expansión y contracción del tiempo y el Universo, ángeles en el limbo de los niños… fantasía y ciencia ficción en estado puro. Recomendada para los que les gustaron El efecto mariposa y Olvídate de mí.lunes, 13 de diciembre de 2010
Las vidas posibles de Mr. Nobody: Paradojas temporales
En el año 2092, el mundo ha experimentado grandes revoluciones a nivel científico. Una de ellas es la regeneración celular (o algo así), que provoca que la gente siempre se mantenga joven y nadie pueda morir de vejez: es la casi inmortalidad. Sólo queda un hombre en todo el mundo que está a punto de morir de viejo: Nemo Nobody, que va a cumplir 118 años y pasa sus días en una clínica, donde es atendido por un psiquiatra para estudiarle e intentar ayudarle con sus lagunas de memoria. Un día, un periodista se cuela en su habitación con la intención de entrevistarle. Nemo empieza a contarle su vida, desde que nació, en 1975, pero no es una existencia normal y corriente, ya que se compone de varias vidas paralelas que han ido cambiando continuamente, según las decisiones que tomase en cada momento. Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr. Nobody), es el tercer largometraje del director belga Jaco Van Dormael, tras Totó el héroe (1991) y El octavo día (1996), bonita película sobre la amistad entre un ejecutivo estresado, interpretado por el gran Daniel Auteuil, y un hombre con síndrome de Down (inmenso Pascal Duquenne). El cine de Van Dormael está lleno de imágenes oníricas y realismo mágico. En Mr. Nobody esta ambientación fantástica está presente en todo el metraje, envolviendo nuestros sentidos y nuestro entendimiento (bueno, nuestro entendimiento más bien lo nubla, porque llega un momento que no te enteras de nada), con cambios continuos de lugar, tiempo y vida, historias que no sabemos si son reales, ficticias o soñadas, mucho romance y mucha ciencia ficción. Las decisiones que Nemo adopta ya desde pequeño, influirán en los distintos caminos que tomará su vida siendo adolescente y adulto, pero se nos presentan todos estos caminos, y no sabemos cuál es real, o si lo son todos. A lo largo de estas vidas paralelas le acompañan sus tres posibles parejas: la rebelde Anna, la atormentada Elise y la dulce Jeanne, interpretadas, respectivamente, por Diane Kruger, Sarah Polley y Linh Dan Pham (en su versión adulta, porque también aparecen de pequeñas y de adolescentes). Y Nemo en su versión adulta es el guapísimo Jared Leto, que además de guapo, es muy camaleónico, y que ha sido secundario en grandes producciones como Alejandro Magno o El señor de la guerra y prota en films más indie como Réquiem por un sueño o El asesinato de John Lennon, donde engordó 20 kilos por lo menos para interpretar al desquiciado Mark Chapman. El argumento de Las vidas posibles de Mr. Nobody, con tantos saltos y dimensiones, es una gran paranoia, pero a mí esas rarezas me encantan, así que me gustó mucho la peli, con su fotografía luminosa, sus escenas oníricas e hipnóticas, y su ambientación de una sociedad futura surrealista en plan Un mundo feliz. Hay viajes a Marte, expansión y contracción del tiempo y el Universo, ángeles en el limbo de los niños… fantasía y ciencia ficción en estado puro. Recomendada para los que les gustaron El efecto mariposa y Olvídate de mí.domingo, 5 de diciembre de 2010
Héroes: Aquel verano de los 80
A veces, ves una película que sabes que no es especialmente buena, pero que te produce emociones, te hace soñar, y sales del cine con otra visión de la vida, pensando que has visto una obra maestra, aunque nadie la calificaría así, pero te da igual, la magia del cine te ha hecho, no sólo evadirte, sino que te ha removido algo por dentro. Eso me pasó hace 2 semanas cuando vi Héroes, una cinta española, concretamente catalana, yo diría que cien por cien catalana, ya que ha sido rodada en catalán y por aquí la hemos visto doblada al castellano. Su director es Pau Freixas, que realizó en 2004 Cámara oscura, thriller juvenil ambientado en un barco, con Silke y Unax Ugalde, y que la verdad es que me pareció muy aburrido. También es uno de los directores de Los misterios de Laura, serie de tv donde María Pujalte interpreta a la versión femenina-hispana del detective Colombo, y que nunca he tenido el gusto de ver. Con estos antecedentes del director, la verdad es que era un poco para echarse a temblar, menos mal que no sabía quién era antes de ver la peli (en realidad fui atraída por el trailer, como tantas veces). La acción comienza en una carretera por la que va conduciendo un ejecutivo estresado, que tiene que llegar a una reunión de trabajo, y no hace más que hablar por el móvil con su secretaria. Tras un incidente bastante cómico, se ve obligado a recoger a una chica que va andando tan tranquila con su mochila, y con ella tendrá que continuar el viaje por un tiempo, un viaje lleno de peripecias y contratiempos. Paralela a esta historia, sucede otra, sin nexo aparente entre las dos; es la historia de Xavi, un chico de 12 años que se va con su familia a pasar el verano, como acostumbran, a un pequeño pueblo en la costa de Cataluña. Allí vuelve a reunirse con sus amigos, su pandilla de las vacaciones. Es un verano de los 80, y los chicos van a participar en una carrera de vehículos, contra otras bandas del pueblo, para conseguir el trofeo más preciado: la cabaña que concede los deseos. Lo malo es que sólo son 4 en el grupo, y necesitan uno más para participar en la prueba. En torno a este argumento tan infantil se desarrolla una historia de amistad, problemas familiares, primeros amores, y nostalgia, mucha nostalgia ochentera. Hay referencias y guiños a películas juveniles de aquel tiempo como Los goonies, Cuenta conmigo, ET, y también se inspira mucho en Verano azul, esa serie que a todos nos encantaba en mi época y que empezamos a odiar cuando nos dimos cuenta de que no paraban de reponerla en Tve. En la bso destacan las dos canciones más emblemáticas de Alphaville, Big in Japan y Forever young, que ya sé que es muy típica, pero que me hace flotar cada vez que la escucho. Los actores niños están todos fabulosos. Yo destaco a Marc Balaguer, que interpreta a Colo, un personaje absolutamente genial, cómico y carismático, y que además es clavado a Corey Feldman, uno de mis ídolos ochenteros. En el reparto hay nombres conocidos, como Emma Suárez, Lluís Homar, Nerea Camacho (a la que vimos sufrir tantísimo en Camino, y cuyo personaje recuerda a la Bea de Verano azul), y también están Eva Santolaria y Àlex Brendemühl (qué trabajito me ha costado escribir el nombre). Estos últimos interpretan a los dos viajeros de la historia que sucede en la actualidad. Es muy divertida la relación entre estos dos personajes, debido a sus caracteres opuestos y a la inevitable química que se desarrolla entre ellos. El guión está escrito por el propio Pau Freixas y por Albert Espinosa, guionista y dramaturgo especialista en retratar personajes con minusvalías físicas y psíquicas de una forma totalmente natural, sin hacer hincapié en sus discapacidades, y de hecho, hay un personaje con síndrome de down, Roth, que cumple estas características y que también está fantástico. La película tal vez no sea nada del otro mundo; tal vez sea sólo un film simpático, con protagonistas entrañables, y a ratos una historia bastante ñoña. Pero a mí me ha emocionado, me ha tocado la fibra sensible y me ha hecho soñar. Quizá es por la época que retrata, porque yo soy hija de los 80, y claro, la nostalgia siempre te puede. No sé muy bien por qué, pero me ha encantado esta cinta con estilo de film teen ochentero americano, con influencias de Verano azul, de road movie, y algunos giros en el guión. Para mí es toda una joyita inesperada en la cartelera.domingo, 21 de noviembre de 2010
Agnosia: Luces, sombras y desenfoques
En la Barcelona industrial de finales del siglo XIX, un importante fabricante de lentes ópticas, llamado Prats, ha inventado un sistema que podría ser revolucionario para la industria del armamento, pero decide no usarlo por los peligros que conlleva. Su hija, Joana, tiene una extraña enfermedad llamada agnosia, que consiste en que su mente no interpreta bien la información visual y auditiva que recibe, así que, aunque ve y oye, la información le llega “distorsionada”. Unos conspiradores intentan aprovecharse de este trastorno, confundiendo los sentidos de la joven en un complot para averiguar el secreto del invento de su padre. Agnosia, como Los ojos de Julia, la última peli que comenté, es el segundo trabajo de su director; en este caso el realizador es Eugenio Mira, cuya ópera prima, The birthday, estrenada en 2004, es toda una rareza dentro del cine español. Es una mezcla de comedia y film de terror surrealista, con reparto casi enteramente anglosajón o americano, y donde la acción sucede dentro de un hotel. Yo la vi en dvd, ni siquiera sé si en España llegó a los cines, y tampoco recuerdo que me gustara demasiado, pero sí que se sigue con curiosidad. Lo mejor es que el prota es el muy carismático Corey Feldman, vieja gloria del cine juvenil ochentero (Los goonies, Jóvenes ocultos)…, al que me alegré de volver a ver después de tanto tiempo. Volviendo a Agnosia, me he dado cuenta de que tiene más puntos en común con Los ojos de Julia: las dos son thrillers oscuros en los que la heroína es vigilada y perseguida y sufre lo suyo con su discapacidad visual-sensorial. Pero ahí termina el parecido, porque Agnosia no es tan claustrofóbica ni asfixiante como Los ojos de Julia. A pesar de ser un dramón de misterio gótico, me pareció bastante luminosa y romántica; supongo que es por la ambientación de época, por la protagonista, la maravillosa Bárbara Goenaga, que siempre hace de heroína frágil (su primera aparición en la película es totalmente de princesita Disney), y porque uno de los pilares del argumento es el triángulo amoroso entre la joven heredera, su prometido y un criado recién llegado a la mansión. El prometido de Joana, Carles, está interpretado por Eduardo Noriega, uno de los actores más odiados del cine español, aunque a mí me parece muy creíble y convincente en sus papeles, pero mis opiniones son muy raras, como ya sabéis. Vicente, el joven sirviente y punto de discordia en la trama amorosa, es Félix Gómez, actor que me encanta desde que lo vi hace unos 10 años en el culebrón juvenil Al salir de clase. A mí me gustó bastante la peli, aunque no sé si recomendárosla porque al parecer no le ha gustado a nadie. Se nota su factura televisiva (está producida por Tele 5), pero a mí eso no me importa; pasé un buen rato de evasión en una Barcelona decimonónica y oscura, con malos que conspiran en la sombra y amores ocultos. Eso sí, no sé si está muy bien reflejado el trastorno de la agnosia. Hay un documental muy interesante de 2006, Más allá del espejo, de Joaquín Jordá, que habla sobre esta enfermedad, entrevistando a personas que la padecen, pero yo sigo sin entenderlo muy bien.sábado, 13 de noviembre de 2010
Los ojos de Julia: Adentrándose en la oscuridad
Julia presiente que algo malo le ha ocurrido a Sara, su hermana gemela. Hace seis meses que no habla con ella, pero decide viajar hasta su casa, acompañada por Isaac, su marido, para ver cómo se encuentra. Cuando llegan allí, descubren que Sara se ha ahorcado. Sara tenía una enfermedad degenerativa que la había dejado ciega, y había sido operada, pero al parecer la operación había salido mal y no había podido recuperar la vista. Tal vez por eso se suicidó. Pero Julia no cree que su hermana se suicidara, piensa que la han asesinado, así que se pone a investigar para averiguar la verdad. Lo malo es que Julia tiene la misma enfermedad que Sara, y también está perdiendo la visión. Y mientras intenta averiguar qué le pasó a su hermana, se va adentrando literalmente en un mundo de sombras… Los ojos de Julia, película producida por Guillermo del Toro, es la segunda obra de Guillem Morales, director que en 2005 sorprendió con su ópera prima, El habitante incierto, en círculos más o menos alternativos, que la consideraron una obra innovadora e inquietante. A mí me pareció un plomo absurdo. El protagonista es un hombre al que un día se le cuela alguien en la casa, y tiene la impresión de que se ha quedado viviendo dentro, pero no puede encontrarlo. Después, él hace lo mismo con la casa de los vecinos, se cuela dentro y se queda allí escondido, espiando, pero sin motivo ninguno, y así todo el tiempo (claro, es que son casas de dos plantas, en mi casa lo encontraría rápido…) Luego pasan más cosas, pero ni siquiera me acuerdo. Los entendidos dicen que es muy buena. Opino que Los ojos de Julia es mucho mejor, afortunadamente, y que Guillem Morales ha evolucionado bastante. Eso sí, te tiene que gustar Belén Rueda, porque está hecha para su total y absoluto lucimiento, en un papel muy habitual últimamente en ella: el de heroína doliente y sufridora. A mí no me vuelve loca Belén Rueda, pero me parece que lo hace bastante bien; en ocasiones está un poco sobreactuada, pero la verdad es que te la crees y llegas a pasar miedo y sufrir con ella. La película es bastante efectista, se apoya mucho en los sustos y abusa un poco de las escenas de tensión super-emocionantes. Creo que eso es un defecto del cine actual, sobre todo del cine español, lo he visto en series de tv recientes: todas las escenas no pueden ser super-emocionantes, a veces hay que bajar un poco el ritmo, porque si no, te acabas cansando de tanta adrenalina. Una de las mejores secuencias es la del momento en que Julia descubre a su hermana muerta, estás todo el tiempo en tensión aunque ya sabes lo que va a pasar. Hay otras escenas que, en mi opinión, son demasiado macabras; todo el mundo habla de la parte del vestuario femenino, pero yo creo que es demasiado de peli de terror sin venir mucho a cuento. Hay momentos de claro homenaje a El silencio de los corderos, y eso está muy bien, pero no cuando esos momentos se repiten unas cuantas veces. Por otro lado, el film tiene un arranque muy potente; te mantiene hipnotizado y con la intriga: ¿qué pasará?, ¿se quedará ciega Julia?, ¿quién la persigue?, ¿quién será el malo? Lo malo es que luego todo va decayendo, hasta convertirse en un thriller normal y corriente de… no puedo decir la palabra, sería un spoiler tremendo, qué pena. Nuestra heroína está secundada por muy buenos actores, como Lluís Homar, que interpreta a Isaac, su marido, y que está magnífico. Este hombre siempre hace totalmente creíbles sus papeles, da igual que haga de marido sufridor, de escritor melancólico, o de Papa histórico siniestro. También sale Julia Gutiérrez Caba, que interpreta a Soledad (nombre muy apropiado), vecina de Sara. Hay otros vecinos siniestros cuyas intervenciones parecen de película setentera de serie b. Y también un tal Pablo Derqui, que para mí es el más flojillo, no le veo ningún carisma. De todas formas, a pesar de sus altibajos, merece la pena ver este thriller claustrofóbico, agobiante, con aire de melancolía y soledad, pasarlo mal con Julia, y entrar en su mundo de tinieblas.sábado, 30 de octubre de 2010
La cinta blanca: El pueblo de los niños siniestros

En 1913, justo antes de que estalle la Primera Guerra Mundial, en un pequeño pueblo en el norte de Alemania, empiezan a ocurrir una serie de extraños accidentes a algunos de sus habitantes. Nadie sabe quién los ha podido provocar. La voz en off del Maestro del pueblo nos va contando toda la historia. La vida en esta comunidad se rige por una estricta educación basada en la doctrina luterana, propia del lugar y de la época. El que manda allí es el Barón, que vive con su mujer, hijos y criados, en su palacio, en torno al cual se estructura toda la vida del pueblo, en plan sociedad feudal. Otras personalidades importantes son el Administrador, el Médico y por supuesto el Pastor, o Reverendo, o como se diga, la autoridad moral del lugar. Los demás son campesinos en su mayoría, que viven bajo la sombra y la protección del Barón. En las familias, casi todas numerosas, claro, los niños son sometidos a una férrea disciplina, en especial en la familia del Pastor, en la que vemos a sus seis hijos sufriendo esta dura educación. A veces llevan una cinta blanca como recordatorio de la pureza y la obediencia que tienen que alcanzar, pero aquí no hay nada de pureza. Todo el tiempo se respira un ambiente de represión y violencia contenida. Ves a los niños andando en grupo por la calle, todos rubios y silenciosos, e inmediatamente te acuerdas de la peli El pueblo de los malditos o Los chicos del maíz. Son niños siniestros, y algunos están muy desquiciados, sobre todo los hijos del Pastor (no me extraña, con ese padre), y sobre todo la hija mayor, todo un ejemplo de niña diabólica. También vemos en las mujeres los efectos de esta sociedad represora, asfixiante y machista; todas vestidas de negro, con el pelo recogido y apariencia austera, excepto la Baronesa, que curiosamente es el personaje más libre, el que más puede decidir sobre su destino. La cinta blanca es una película de Michael Haneke, director austríaco, y fue nominada a los últimos oscars en la categoría de Película extranjera. Éste es el único motivo por el cual decidí verla, porque la verdad es que el cine de Michael Haneke no me atrae mucho. En sus films suele criticar el modo de vida de la sociedad actual, a través de personajes atormentados e insatisfechos, con un estilo crudo y seco, y con violencia, no explícita, pero muy desasosegante. Una de sus obras más conocidas es Funny games, de la que él mismo hizo el remake americano, y dicen que es tremendamente dura y agobiante, aunque no se muestre la violencia directamente. Hay muchos espectadores a los que les fascina este tipo de cine. A mí tanto sufrimiento no me mola, pero he de decir que me llevé una grata sorpresa con La cinta blanca. Me pareció una película muy buena, donde se muestran la represión, odio y venganza de una forma muy, muy sutil, a través de los diálogos y también de los silencios. Recuerda mucho al cine clásico nórdico (además está rodada en blanco y negro), siempre tan austero, minimalista y tenebroso. Hay todo tipo de maltratos y castigos físicos y psicológicos, y nunca los vemos, pero la violencia verbal es tremenda; yo me quedé sobrecogida con algunas de las frases que se dicen en determinados momentos. Los únicos personajes buenos y de mente sana son el Maestro y su prometida, la joven e inocente Eva. Su relación es como un soplo de aire fresco en medio de tanta corrupción oculta. Todos los demás son personas oscuras, débiles o con secretos inconfesables. Cuando salta la noticia de que ha empezado la Gran Guerra (la Primera Guerra Mundial), parece como si todos los pequeños dramas cotidianos hubieran explotado en un gran desastre mundial. Los críticos y espectadores dicen que esta película describe el germen del nazismo. A mí no me sugiere exactamente eso, sino más bien el odio reconcentrado producido por una forma de vida tan castradora que sólo podía conducir a una cadena de venganzas, y en la que todos, hasta los personajes más terribles, son también víctimas. Aunque no tengo intención de ver el resto de la obra de Michael Haneke, sí que os recomiendo esta peli, ya que es bastante fascinante, aunque se pase un poco mal viéndola.
martes, 12 de octubre de 2010
West Side story: Romance, música y bandas callejeras
Nueva York, años 50 ó 60. En la zona del West Side, hay una lucha constante entre dos bandas por el dominio de las calles: los Sharks, emigrantes puertorriqueños, y los Jets, nativos anglosajones del lugar. Sus líderes son Bernardo y Riff, respectivamente. Las dos pandillas se odian a muerte y todos son jóvenes pendencieros delincuentes. Un día, en un baile, se conocen y se enamoran María, la hermana de Bernardo, y Tony, gran amigo de Riff y antiguo líder de los Jets, que dejó la banda y ahora vive integrado en la sociedad. Se avecina la tragedia. Y todo esto entre bailes y canciones, porque West Side story es un drama romántico musical, estrenado en 1961 y dirigido por Robert Wise y Jerome Robbins. Robert Wise fue un prolífico realizador cuya obra se extiende desde los años 40 hasta el mismo año 2000, abarcando todo tipo de géneros, con películas como Ultimátum a la Tierra, The haunting, Sonrisas y lágrimas, La amenaza de Andrómeda o Star Trek. Jerome Robbins, bailarín y coreógrafo, se encargó de las escenas de música y baile, ya que además fue el creador del musical de Broadway en el que se basa. Todos dicen que la historia está inspirada en Romeo y Julieta, por eso de los enamorados pertenecientes a familias o grupos enemigos. Yo diría que es un dramón clásico romántico, con un tema universal pero actualizado para la época en que se rodó la peli, en un entorno de delincuencia juvenil, inmigración y denuncia social, una denuncia muy hollywoodiense, porque lo más destacado en la peli es la parte musical, que es fantástica. Los números de baile se suceden a lo largo del argumento y son muy variados: unos recuerdan a los musicales de los 50, como Cantando bajo la lluvia o Siete novias para siete hermanos, con saltos y acrobacias. Otros son más latinos, en las escenas en que cantan los puertorriqueños (sí, el famoso “I like to be in America”), con mucho vuelo de faldas. Otros bailes son de estilo muy vanguardista para la época, muy de los 60. Las canciones de la pareja romántica son más clásicas, en plan Julie Andrews (de hecho, hay una, “I feel pretty”, que la canta María, y yo creía que era de Sonrisas y lágrimas), y son también muy famosas: “María”, “Tonight”… Los enamorados, Tony y María, están interpretados por Richard Beymer, actor poco conocido, y la guapa Natalie Wood, la única estrella de la cinta. Su historia es la base del argumento, y los dos están muy convincentes, con sus miradas profundas, pero me parecen una pareja un poco ñoña, debe ser por sus canciones, que son algo cursilonas, la verdad. Por cierto, al cantar les doblaron, bueno, a ellos y a todos. Ésta es una película para el lucimiento de los secundarios, cuyas intervenciones tienen mucha fuerza y colorido. Bernardo, el jefe de los puertorriqueños, es George Chakiris, galán guapo y moreno de los 50 y 60 (a mi madre le encanta). La novia de Bernardo, Anita, es Rita Moreno, otra morena de carácter. Ambos se llevaron el oscar a actor y actriz secundarios. Riff, el líder de los Sharks, es Russ Tamblyn, fantástico bailarín y actor con carisma, que también salía en Siete novias para siete hermanos. Todos los secundarios realizan escenas de baile realmente impresionantes. El film barrió en los oscars de 1961, llevándose diez, entre ellos el de mejor película y mejor director. West Side story es un musical clásico y moderno a la vez, con una banda sonora que se queda en la memoria, bailes espectaculares y ambientación urbana, oscura o colorista, según el momento. A mí me gusta mucho y la recomiendo, pero sólo para los que les gusten los musicales. Si odiáis cuando los personajes dicen tres o cuatro frases y se ponen a cantar, ésta no es vuestra peli.viernes, 1 de octubre de 2010
Black rain: Mafia japonesa
Nick Conklin es un rebelde y duro policía de Nueva York que no está en su mejor momento: se acaba de divorciar y los de Asuntos Internos le están investigando por corrupción. Él y su compañero, Charlie Vincent, presencian un asesinato por parte de un miembro de la mafia japonesa, y cuando le capturan, se les encarga escoltarle de vuelta a Japón. Pero cuando llegan a Osaka, el criminal, Sato, ayudado por sus compañeros mafiosos, se escapa. Ahora Nick y Charlie tendrán que trabajar con la policía japonesa para capturarle, para lo cual se enfrentarán a la yakuza, la peligrosísima mafia de este país, que encima en ese momento está sacudida por una lucha entre bandas rivales. Contarán con la ayuda de Masahiro, un recto y serio policía, que es de los pocos allí que habla inglés, y de Joyce, una mujer americana que dirige un selecto club nocturno. Black rain es una película de 1989, dirigida por Ridley Scott, realizador británico que tiene obras muy variadas: cintas ya míticas, como Alien, el octavo pasajero, Blade runner, Thelma y Louise (películas que soy la única persona del mundo a la que no le gustan), cintas casi míticas como Gladiator (ésa sí me gusta), pelis que no le gustan a nadie pero a mí sí, como 1492, la conquista del Paraíso, La teniente O’Neill, El reino de los cielos, American gangster, o bodrios como Hannibal o Un buen año. La última fue la nueva revisión del personaje de Robin Hood, con el madurito Russell Crowe. En el cine de Ridley Scott es tan importante el ambiente y la estética como la historia, y sus primeras películas se caracterizan por tener un ambiente oscuro, así que Black rain no iba a ser menos. Es básicamente un thriller de diseño, con una historia normalita, pero que destaca sobre todo por su atmósfera, su fotografía y su música. El prota, Nick, es Michael Douglas, que está bastante bien en su papel de héroe-antihéroe-chulesco. Su amigo Charlie es Andy García, en una de sus primeras actuaciones, con un personaje secundario, simpático, a veces un poco cargante, pero bastante carismático. Es el contrapunto al siempre cabreado Nick. Masahiro, el honrado policía japonés, es Ken Takakura, un actor por lo visto muy conocido en Japón (aquí no mucho), y su papel, sobre todo dándole la réplica a Michael Douglas, es bastante decisivo en la trama. Joyce es la guapa Kate Capshaw, que era la prota femenina de Indiana Jones y el templo maldito, y después se casó con Steven Spielberg. Aquí no es que tenga mucho papel, está más bien de florero, pero bueno, las pocas escenas que interpreta las hace bien. El malo malísimo, Sato, es Yusaku Matsuda, al que tampoco conocemos de nada, claro. No es el único malo de la cinta, este papel recae en todos miembros de la yakuza, mafia violenta y brutal con métodos de castigo tan “sutiles” como cortar los dedos a sus enemigos para limpiar su honor. Ésta tampoco es una peli para el lucimiento de los villanos, que son bastante planos, lo único que vemos de ellos es que son muy brutos y hablan en japonés (normal). A mí la verdad es que me gustó la película, y es una de las que pienso que merece la pena conservar, más que nada por la estética, la fotografía de un Japón de diseño, exótico, nocturno y decadente, el ambiente oscuro, propio de la primera época de Ridley Scott, y sobre todo la banda sonora, poderosa y pegadiza, de Hans Zimmer (yo siempre he creído que era de Ryuichi Sakamoto, he estado un montón de años engañada, jo), con ritmos orientales y también con temas vocales en inglés variados, unos tecno y otros más pop. Hay escenas de acción bastante impactantes, sobre todo una que no voy a decir cuál es, que luego siempre me dicen que pongo muchos spoilers, pero todos los que hayan visto el film la recuerdan, sin ninguna duda. Aunque no hay mucha gente a la que le guste esta peli, yo la recomiendo; sí, es un thriller normalito, pero su ambientación, estética y sonido la convierten, en mi opinión, en una obra interesante y original, y tampoco está mal de vez en cuando ver a un actor como Michael Douglas en sus tiempos mozos en persecuciones de motos y repartiendo mamporros a los malos. Para evadirse un rato en plan nostálgico.
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