lunes, 28 de enero de 2013

Películas veraniegas II

Hola, amigos, ya estoy aquí otra vez, después de muchísimo tiempo, con el segundo post de las películas que vi en verano, que ya no pega ni con cola, y sé que no tengo disculpa, ni perdón de Dios, pero en fin, ahí va:

Madagascar 3: De marcha por Europa (Madagascar 3: Europe’s most wanted), de Eric Darnell. Los cuatro animalitos que en la primera parte se escaparon del zoo de Nueva York y acabaron en la isla de Madagascar, vuelven ahora en la tercera entrega de una de las franquicias animadas de Dreamworks. Esta vez, aburridos de su vida en el mundo salvaje, deciden volver al zoo, siempre liderados por Alex, el león. Así, tratando de llegar a América, pasan por Montecarlo y terminan enrolándose en un circo que recorre distintas ciudades europeas. La película tiene las señas de identidad de toda la saga y de este tipo de cine: humor alocado, efectos digitales impresionantes, como no podía ser de otra manera (estamos hablando de la productora de Spielberg), y personajes excéntricos. Los protagonistas son animales que actúan como personas y pueden hacer lo mismo que ellas, más o menos, pero sólo cuando no están en presencia humana, lo cual lleva a situaciones bastante absurdas. Sí que son humanos los villanos, a cuya cabeza está la capitana DuBois, una malvada agente de la policía de Montecarlo obsesionada con capturar a nuestros héroes y añadir la cabeza del león Alex a su colección. Hay acrobacias imposibles, saltos que se convierten casi en vuelos, rompiendo todas las leyes de la gravedad, y descubriremos que un tigre puede pasar por el ojo de una aguja. También hay parejas (románticas) muy surrealistas y más imposibles todavía, como la formada por el rey de los lemures y Sonia, una osa que es todo menos delicada. O la de Gloria y Melman, hipopótama y jirafa (pero jirafa macho, ¿eh?, que no se asusten los papás, que no hay amor animal homosexual), respectivamente. De todas formas, los cuatro personajes principales son bastante carismáticos y no me resultan muy histriónicos, excepto, quizá, Marty, la cebra. Pero los mejores son los pingüinos, que acompañan a nuestros protagonistas desde el principio, y son una especie de batallón militar, y los “adorables” perritos del circo, con voz de mafiosos.

El filo de la navaja (The razor’s edge), de Edmund Goulding. Adaptación de 1946 de una famosa novela de Somerset Maugham, escrita en 1944. Tyrone Power, uno de los galanes más cotizados del momento, interpreta a Larry Darrell, un joven americano que, tras la I Guerra Mundial, desencantado de todo, decide abandonar su cómoda existencia, para encontrarse a sí mismo y al sentido de la vida. Esta búsqueda le lleva a los bohemios barrios de París y al Himalaya, nada menos. Años después vuelve convertido en un hombre nuevo, con toda la sabiduría y la espiritualidad del mundo, y se reencuentra con su antigua prometida, Isabel, casada y con hijos. Ella recurrirá a todo tipo de maniobras, algunas no muy éticas, para recuperarle. El tema principal de la película me parece muy interesante, ya que siempre me han atraído estas cuestiones místicas y filosóficas, pero opino que la cinta no le saca todo el partido que podría, ni mucho menos. No sé cómo será la novela, pero la película se centra más que nada en la relación tormentosa de la pareja protagonista, y en las vicisitudes de algunos personajes secundarios (bueno, sobre todo de uno, el de Anne Baxter). Me habría gustado que nos mostrasen algo del proceso de transformación del protagonista, o de su estancia en el Tibet, pero sólo vemos a Larry antes, con su crisis existencial, y después, convertido ya en un ser iluminado. De todas formas, los personajes son interesantes y están llenos de matices, sobre todo Isabel, interpretada por la guapísima Gene Tierney: superficial, maquiavélica, atormentada y enamorada. También está fantástica Anne Baxter, en un papel breve pero intenso, que le valió el oscar a la mejor actriz secundaria. En fin, todo un dramón clásico y romántico.

Tan fuerte, tan cerca (Extremely loud and incredibly close), de Stephen Daldry. La verdad es que sólo vi esta película por mi tonta costumbre de ver cada año todos los filmes nominados al oscar a mejor película, y como cada año hay más… qué agobio. Había leído críticas que la ponían a parir: “falsa e histérica”, “pornografía del dolor” (esa expresión está muy de moda ahora), “insoportable cursilería”… eran algunas de las perlas que soltaban los entendidos. Además los anteriores trabajos de Stephen Daldry ya me parecían un poco lacrimógenos gratuitamente: la aclamada Billy Elliot tiene un argumento y unos actores estupendos, pero el desarrollo de la peli me parece tramposo e inverosímil; Las horas también tiene grandes actuaciones, pero, en mi opinión, abusa de los momentos dramáticos, y algunos no vienen ni a cuento; El lector me gustó más, pero también es un dramón de tomo y lomo. Total, que creía que iba a ser una cinta de estas que se recrean en el sufrimiento y que dan un poco de vergüenza ajena, por muy doloroso y terrible que sea el acontecimiento en el que se basa. Pero, para mi sorpresa, me encontré con un argumento bastante interesante, con un niño protagonista muy particular, con problemas emocionales y psicológicos, que arrastra la pena y el recuerdo de su padre muerto en el atentado del 11-S, y embarcado en una especie de búsqueda del tesoro en pleno Manhattan. La historia me pareció emotiva y no sensiblera, los protagonistas, bastante cercanos y creíbles, y los personajes de fondo, los habitantes de N. York, muy humanos, unidos por un dolor colectivo en el que la película no se recrea excesivamente, en mi opinión. El niño, Thomas Horn, está fantástico, un poco repelente y antipático, pero en realidad su personaje va de eso, no creo que pretenda ser un niño encantador. Él es la verdadera estrella de la función y los demás personajes danzan a su alrededor. Tenemos a Tom Hanks, en un breve papel que le va como anillo al dedo, el de padre de familia entregado y que lo soluciona todo; a Sandra Bullock, de madre sufridora, cuya actuación por lo menos no chirría, y tratándose de ella me conformo; y a la gran vieja gloria Max Von Sydow, que debe tener como 400 años, pero que lo borda, como siempre. Así que yo os recomiendo la peli. Mi sensibilidad debe ser distinta a la de los críticos, porque no me pareció tan lacrimógena, sino bastante conmovedora.

Brave, de Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell. Otra nueva peli de animación de Pixar, que desde que es Pixar-Disney, o Disney-Pixar, ha decaído bastante en sus argumentos y en la forma de contarlos, aunque sigue siendo impecable en los aspectos técnicos. En mi opinión, sus pelis ya no son esas obras de arte que nos fascinaban con su originalidad y sus personajes tan humanos, aunque en realidad eran objetos, animales o extraños seres. Ya no es la indiscutible líder del cine de animación occidental, la única capaz de competir con las maravillosas y surrealistas producciones del Studio Ghibli. Pues no, Pixar ya no es lo que era, y ahora su cine se debate entre la ñoñería familiar de Disney y la dura competencia de un sin fin de productoras (Dreamworks, Skyline, Aardman Animation…), capaces de facturar obras de igual calidad y entretenimiento para niños y mayores. Al final, el sueño creado por Steve Jobs y John Lasseter fue engullido por la maquinaria Disney, qué pena. En el caso de Brave, como podíamos esperar, el argumento es bastante simple, pero visualmente es una maravilla. La película está ambientada en la antigua Escocia, en la época de los clanes, y la protagonista es Merida, la hija mayor del rey Fergus, una joven rebelde que se niega a seguir la tradición de casarse con uno de los primogénitos de los otros clanes para unir a las familias, ya que ella es una chica independiente y sólo desea ser arquera. Comienza así una especie de viaje interior para tratar de encontrarse a sí misma y su camino en la vida, unido esto a acontecimientos de tipo mágico que afectarán también a su entorno. La película nos presenta los mensajes habituales en este tipo de producciones destinadas a niños y preadolescentes: la búsqueda de la madurez, la importancia de tomar tus propias decisiones, sin olvidar tampoco el valor de la tolerancia y la comprensión hacia las personas que te rodean y que no piensan como tú. En Brave, este rol lo representa la propia familia de Merida, que son adorables y encantadores, pero no comparten del todo su forma de ver la vida. Como veis, el contenido de la cinta es totalmente Disney; sólo el envoltorio es Pixar, con unos efectos visuales impresionantes, una recreación fantástica de los verdes paisajes escoceses y un cuidado por los mínimos detalles en los decorados y personajes. Mención especial para el pelo de Merida (una preciosa melena roja y encrespada), y para sus hermanos pequeños, tres diablillos que aportan el tono políticamente incorrecto a la cinta. Los personajes en general son bastante divertidos y cercanos, y no hay villanos propiamente dichos (aunque aparece por ahí una bruja con algo de mala leche…). En fin, una peli recomendable para toda la familia, con aire de cuento de hadas, y un regalo para la vista, pero que tampoco nos cuenta nada nuevo. Ah, últimas noticias (como tardo tanto en escribir…). En Navidad he visto Rompe Ralph, que es totalmente Disney, pero parece cien por cien Pixar (o lo que era antes Pixar): un prodigio de imaginación y de creación de otros mundos. ¿Se estarán intercambiando los papeles en la factoría del tío Walt?

Todavía me quedan dos posts más con las pelis veraniegas de 2012, y como al final no se acabó el mundo, no tengo más remedio que escribirlos, así que los terminaré, aunque sea en el verano de 2014. Un abrazo y hasta pronto, espero!

jueves, 20 de septiembre de 2012

Películas veraniegas I

Hola amigos, después de tantísimo tiempo sin escribir, por varias razones, pero, principalmente, porque mi estado de ánimo sube y baja como una noria, estoy intentando retomar este fascinante mundo de los blogs; y he decidido hacer varias minicríticas de todas las pelis que he visto este verano. Pero resulta que, sólo en agosto, he visto 22 películas, entre cine y dvd, así que he pensado que mejor las dividiré en varias entradas, y las de julio las dejaré para un post nostálgico dentro de 10 años, o algo así. Encima, como he estado tanto tiempo sin aparecer por aquí, me encuentro que los de blogger han cambiado la configuración, o la estética, o lo que sea, algo que odio, porque no me adapto muy bien a los cambios, y menos en informática. Así que he puesto un nuevo diseño, que parece muy bonito, y voy a seguir probando hasta que aprenda a manejar esto otra vez (qué agobio). Bueno, pues allá voy con mis minicríticas:
 
Pesadilla en Elm Street 3, guerreros de los sueños (A nightmare on Elm Street III: dream warriors), de Chuck Russell. Me compré el pack de mi saga de terror favorita (a ver si algún día escribo sobre ella), compuesto por las 6 partes, más La pesadilla final de Wes Craven, más un cd lleno de extras!! (sólo falta el remake de 2010, lástima). Las había visto todas hacía tiempo, y la 3ª, junto con la 1ª, me parecían dos obras maestras (la 2ª es patética, creo que en eso estamos todos de acuerdo), pero entonces yo tenía 16 ó 17 años. Ahora, ya cuarentona, opino, quizá por la nostalgia, que la 1ª Pesadilla es una joyita, original y fascinante, casi una obra maestra; y la 3ª, aunque no llega a su nivel, también es una cinta interesante, entretenida, y que continúa dignamente con el legado de la original, interrumpido por la horrorosa 2ª Pesadilla. Los protagonistas-víctimas de Freddy,  encabezados por la ahora muy famosa Patricia Arquette, son jóvenes carismáticos y les tomas cariño. Además… ¡se retoma el personaje de Nancy! ¿Qué más queréis?  


Pesadilla en Elm Street 4 (A nightmare on Elm Street IV: the dream master), de Renny Harlin. El director finlandés, uno de los action man de Hollywood, se ocupa de  la 4ª entrega de la saga, que continúa en la misma línea: jóvenes muriendo uno a uno, de las formas más macabras y retorcidas, efectos artesanales (todavía no había llegado la era digital), gore a mansalva, pero todo en un entorno surrealista y de fantasía, como corresponde a un asesino que sólo actúa en los sueños. Me gustó casi tanto como la anterior.
Prometheus, de Ridley Scott. La anhelada precuela de la mítica Alien, decepcionó a casi todo el mundo, creo que esperaban una obra de arte maravillosa, gran error. Yo no soy muy admiradora de esta saga (al contrario que a todo el mundo, las que más me gustan son la 3ª y la 4ª) y no esperaba mucho. Así que no me sentí decepcionada, sino que me sumergí en los espectaculares paisajes espaciales, el decorado futurista, que me recordaba a la sci-fi de los 70, y la historia, algo mística y más o menos coherente. Cuando el argumento de ciencia ficción deja paso al terror, como debe ser en una cinta alien, el resultado es lo que uno se espera en estos casos, creo yo: bichos, carreras, gritos, chorros de sangre, y una escena en particular que te pone los pelos de punta (los que la hayan visto saben a lo que me refiero). Eso sí, resulta difícil empatizar con los personajes, que a veces tienen unas reacciones muy estúpidas y absurdas. Los mejores, sin duda, Michael Fassbender, uno de los androides más ambiguos e inquietantes que he visto nunca, y Charlize Theron, impresionante, con su belleza glacial. Noomi Rapace, la heroína, está bastante correcta.



Grease, de Randal Kleiser. Todo un clásico. ¿Cómo olvidar las muy pegadizas canciones, los alocados (y elaborados) números musicales, los divertidos personajes, la chulería de Danny, la inocencia angelical de Sandy?... La mejor, sin duda, Rizzo, la típica chica de vuelta de todo, irónica y borde como ella sola. También me gusta mucho el personaje de Frenchy, tan entrañable y natural, con sus comeduras de coco acerca de su futuro. Una película que te transmite alegría de vivir, y muy adecuada para ver en verano. El argumento es completamente tonto, pero ¿qué más da?

Tarzán y su compañera (Tarzan and his mate), de Cedric Gibbons. Segunda película en la que Johnny Weissmuller  y Maureen O’Sullivan interpretan a Tarzán y Jane, la mítica pareja selvática, que viven felices entre lianas, elefantes y cocodrilos. Esta vez se tienen que enfrentar a dos cazadores malísimos que quieren saquear un cementerio de elefantes para llevarse el marfil. Bueno, en realidad el malo es sólo uno de ellos; el otro, un chico muy majo, es el ex novio de Jane y quiere llevársela de vuelta a la civilización, pero no lo consigue, ni siquiera tentándola con vestidos de París. Y es que donde esté el amor verdadero, que se quiten todos los lujos de la vida moderna. Entretenida y refrescante película de aventuras, muy adecuada también para el verano. Muchas escenas de animalitos en plan documental, también bastantes escenas acuáticas, que por algo Johnny fue campeón olímpico de natación, y algunas un poco “subiditas de tono” para la época, en las que Jane aparece más ligerita de ropa de lo que permitía la decencia (se nota que la peli se estrenó justo antes de la aparición del Código Hays, porque en las siguientes de Tarzán ya no encontramos nada parecido). Ah, y Johnny Weissmuller, además de ser el mejor Tarzán de la historia, está buenísimo, en mi opinión.

Bueno, chicos, pues éste ha sido mi primer post de las pelis que vi en agosto. Ahora lo que no sé es cuándo voy a escribir los otros 4 ó 5 que me quedan. A ver si los termino antes del verano que viene. Gracias y hasta pronto, espero!



viernes, 15 de junio de 2012

Los juegos del hambre: Desafío extremo adolescente


Estamos en un futuro postapocalíptico y devastado, otra vez. Tras una serie de guerras civiles, Estados Unidos, que ahora se llama Panem, es un territorio lleno de contrastes. El Gobierno  se encuentra en la ciudad del Capitolio, donde la gente vive rodeada de lujo, tecnología y excentricidad. Esta ciudad está rodeada por 12 distritos, en los que la vida es mucho más dura, la pobreza abunda y el ambiente es como de Revolución Industrial o Crack del 29, pero peor. Cada año se celebra una competición muy letal; los participantes son dos jóvenes de cada distrito (un chico y una chica), elegidos por sorteo, y todos tienen que luchar a muerte en un bosque, hasta que sólo quede uno, que es el vencedor, y después de eso ya tiene la vida resuelta (qué menos). Son los Juegos del hambre, símbolo del sometimiento de los distritos a la dictadura del Gobierno. Como es lógico, esta versión brutal de Supervivientes despierta siempre la expectación y el morbo de los ciudadanos, sobre todo los del Capitolio, que no tienen nada mejor que hacer, y que se lo pasan en grande viendo las mejores jugadas en pantallas gigantes, animando a sus favoritos y llorando cuando éstos mueren.



Los juegos del hambre (The hunger games), de Gary Ross, es la adaptación de la primera novela de la trilogía del mismo nombre, escrita por Suzanne Collins. El gran éxito de la película ha convertido a esta primera parte y a las otras dos, En llamas y Sinsajo, en lecturas superventas, destinadas sobre todo a los adolescentes, como el fenómeno Crepúsculo, así que las comparaciones han sido inevitables. Sin embargo, la saga de los Juegos no parece despertar tantos odios entre el público adulto como la de los jóvenes vampiros, que como ya sabemos es la más aborrecida de la historia del cine y la literatura. A mí, que soy tan rara, me encanta Crepúsculo y me ha fascinado Los juegos del hambre. Sí, es una peli comercial, y es la primera de una franquicia dirigida a un público (muy) juvenil, y, como en Crepúsculo, hay un triángulo amoroso entre la heroína protagonista y dos guapos jóvenes: un rubito de aspecto atormentado y un moreno apuesto y musculoso. Pero también hay un cierto toque indie en esta cinta, hay una descripción, bastante aterradora, de un universo lleno de brutales diferencias sociales, y un mensaje de advertencia acerca de lo que nos espera, y a lo que nos estamos encaminando (ya sé que esto está muy visto, pero ¿qué argumento no lo está?) Los efectos especiales no son apabullantes y están al servicio de la historia, no al revés. Y además, la prota es Jennifer Lawrence, que estuvo nominada a mejor actriz por Winter’s bone, y a la que aquí vemos en un registro parecido (salvando las distancias), como chica dura, autosuficiente y sostén de su familia (este personaje, Katniss Everdeen, no tiene nada que ver con la lánguida Bella de Crepúsculo). También tenemos algunos secundarios de lujo, como Woody Harrelson, que se sale, como siempre, Stanley Tucci, Toby Jones, el maravilloso Wes Bentley y la vieja gloria indiscutible Donald Sutherland (los peinados y la ropa hortera de Stanley Tucci son dignos de ver). Pues yo os recomiendo Los juegos del hambre, y, aunque odiéis Crepúsculo como todo el mundo, olvidad las comparaciones y dadle una oportunidad. Creo que merece la pena ese viaje a una realidad distópica desde una América profunda y salvaje hasta un mundo hipertecnológico y deshumanizado. Hay emoción, romance casi imposible, entorno futurista, y, si conseguís que no os moleste el filtro adolescente, podéis sumergiros en la historia como me ocurrió a mí. Sólo puede quedar uno.

martes, 13 de marzo de 2012

Quark, la escoba espacial: Comedia galáctica



Año 2222. Esta vez estamos en un futuro tipo Star Trek, donde son habituales los viajes entre los distintos planetas y galaxias. La base espacial Perma Uno es la que coordina la comunicación interestelar y se ocupa del buen funcionamiento de la galaxia de nuestros protagonistas, encargando las misiones a todos los capitanes de su flota. Uno de estos capitanes es Adam Quark, que está a cargo de la United Galaxy Sanitation Patrol. La misión de esta nave es muy importante, pero no es que tenga mucho glamour, porque se trata de recoger la basura que arrojan los planetas al espacio, y que está por ahí flotando en bolsas gigantes. Vamos, que son los basureros de la galaxia. Pero a Quark le gustaría realizar misiones más peligrosas, para poder demostrar su valentía, y así convertirse en una especie de héroe interplanetario. Y claro, al final siempre se ve envuelto en innumerables (y surrealistas) aventuras, tanto él como su tripulación.


Los miembros de su tripulación son cada uno de un planeta y no tienen desperdicio (nunca mejor dicho): el ingeniero jefe de la nave se llama Gene/Jean, y aunque tiene apariencia de hombre, en realidad es un transmutado, lo cual quiere decir que tiene genes masculinos y femeninos; esto hace que a veces actúe como un machote guerrero, dispuesto siempre a luchar contra terribles enemigos como los gorgons, y otras como una chica coqueta y asustadiza, cuya mayor preocupación es lavarse el pelo. Encima, estos cambios de comportamiento se producen continuamente, provocando el desconcierto entre sus compañeros, que nunca terminan de acostumbrarse. También hay dos gemelas sexys que son las pilotos de la nave, y que responden al nombre de las Bettys, ya que son clónicas y las dos se llaman igual, así que no hay manera de distinguirlas; siempre están intentando ligar con Quark y discutiendo entre ellas, porque cada una dice que es la original y la otra el clon. En el episodio piloto aparecía el oficial científico Obeemud, un viejo impertinente, cascarrabias y con un parche en un ojo, ya que se quedó tuerto tras quedarse dormido mirando por el microscopio (qué gore). Obeemud era el creador de Andy, un robot muy cobarde, siempre preparado para salir huyendo, y construido con piezas de chatarra (uno de mis “personajes” preferidos, absolutamente genial). En el segundo capítulo de la serie ya no estaba Obeemud, aunque no se da ninguna explicación de su ausencia, siendo sustituido por Ficus Pandorata (otro de mis personajes preferidos), un rubito que pertenece a la raza de los vegetons, seres que tienen aspecto humano, pero que en realidad son vegetales. Al ser una planta, Ficus no tiene emociones, vamos, que ni siente ni padece; además, su cerebro almacena un montón de conocimientos (parece una enciclopedia andante más que una planta), y, como no comprende la forma de relacionarse de los humanos, siempre dice la verdad y conceptos como la “diplomacia” no van con él. El responsable de la base Perma Uno, encargado de coordinar todas las misiones de Quark y los demás oficiales, responde al extraño nombre de Otto Palindrome, y es el típico jefe pelota ante sus superiores, algo rastrero, dispuesto a endosarles los problemas a los demás, pero también a adjudicarse los méritos siempre que puede, un personaje tan repelente como divertido. Por encima de él en la cadena de mando espacial está el jefe supremo, la Cabeza, cuyo nombre no es nada metafórico, ya que es realmente una enorme cabeza sin cuerpo, que siempre aparece hablando a través de una pantalla, y en todos los capítulos se lamenta de sus terribles migrañas y termina sus conversaciones con la emblemática frase: “La Galaxia es infinita”.

Quark, que en España tenía el subtítulo de La escoba espacial, era una serie que se emitió en la tv en 1977. No me acuerdo si en España la pusieron ese mismo año, pero mucho más tarde no debió ser, porque la vi en algunas tardes de mi lejaníiisima infancia. Quark era una comedia de situación ambientada en el espacio, una parodia de las sagas de ciencia ficción que tanto éxito alcanzaron en aquella época, como Star Wars y Star Trek. Con sus personajes hilarantes y entrañables, sus “efectos” de cartón piedra, y su humor blanco y surrealista, el entretenimiento estaba asegurado. Entretenimiento en pequeñas dosis, porque los capítulos sólo duraban veintitantos minutos, y porque, desgraciadamente, la serie no alcanzó el éxito esperado y sólo se rodaron 8 episodios. Así que se puede calificar como una miniserie de culto. Yo tenía leves (y gratos) recuerdos de aquellos seres tan extraños y tan divertidos y aquellas historias delirantes, de las cuales, con 8 años, no entendía la mitad. Ahora he podido recuperarla más de 40 años después, y os la recomiendo para sumergiros en un viaje nostálgico al espacio más naif y setentero. Quark es sin duda una dosis de buen rollito, lo cual está muy bien en los tiempos que corren, ¿verdad?

lunes, 5 de diciembre de 2011

Eva: Drama cibernético

Hola, amigos, después de todo este tiempo alejada del mundo de los blogs, aquí estoy, escribiendo sobre una de las pelis más originales y emotivas que he visto últimamente en el cine, y que, como muchas de las que me gustan, parece que no ha tenido mucho éxito de público. Esta vez estamos en el año 2041, en el futuro, pero no es un futuro apocalíptico, sino una sociedad como la de I.A. o Yo, robot. La tecnología permite construir robots de apariencia humana y animal, que acompañan a los humanos y realizan todo tipo de tareas. Álex, un brillante ingeniero cibernético, regresa a su ciudad, Santa Irene, después de diez años fuera, dedicado a la investigación. Ha sido contratado por la Facultad de Robótica para llevar a cabo un proyecto revolucionario: construir un niño robot. A su llegada se reencuentra con su hermano, David, que se ha casado con la antigua novia de Álex, Lana. Ellos también son ingenieros cibernéticos, pero no tenían tantas ambiciones como Álex y se “conforman” con dar clase en la Facultad. Álex necesita un niño que sirva de modelo para su proyecto, y elige a Eva, la hija de David y Lana, una niña muy especial con la que pronto surge una gran relación de amistad y complicidad.

Eva es el primer largometraje de Kike Maíllo. Se trata de una película española de ciencia ficción, un género apenas tratado en nuestro cine, así que se agradece que aparezca un título de estas características en el panorama patrio; yo pertenezco al grupo de espectadores que no odia el cine español, al contrario, me gusta bastante, pero a veces está bien descansar de dramas sociales, comedias descerebradas y relatos de la Guerra Civil. Además, es una de estas películas que no parecen españolas, a pesar de que su reparto, equipo y producción son de aquí. Tampoco parece una cinta hollywoodiense. No esperéis escenas de acción; sí hay efectos especiales e imágenes visualmente impactantes que nos muestran una sociedad de tecnología avanzada, con hologramas, superordenadores, y emociones fabricadas artificialmente. También hay bonitos paisajes nevados y un ambiente melancólico. Porque esta película, francamente, es un drama romántico y sentimental. Más que nada tiene estilo de cine europeo, con ritmo pausado (pero no lento ni aburrido, o a mí no me lo pareció), factura elegante y descripción de sentimientos. El prota, Álex, es el muy carismático Daniel Brühl, fantástico, como siempre, y muy creíble como un genio introvertido, melancólico y enamorado. Los otros dos vértices del triángulo amoroso, Lana y David, son Marta Etura, que se luce bastante en un papel de científica-brillante-madre-sufridora-heroína-atractiva y también enamorada, un personaje completito, aunque un poco secundario; y Alberto Amman, que por desgracia, aquí no tiene mucha oportunidad de demostrar su talento, ya que su personaje es un poco flojito, creo yo, y sirve más que nada de apoyo para la trama sentimental. También se agradece la presencia de Lluís Homar, uno de los actores más camaleónicos que hay en el cine español, genial en el rol de un entrañable robot-mayordomo (o algo así), y que incluso llega a eclipsar al mismísimo Daniel Brühl en las escenas que comparte con él. La que no me convenció mucho fue Eva, no porque la actriz que la interpreta, Claudia Vega, lo haga mal, al contrario, está muy acertada, sobre todo en las escenas dramáticas. Lo que no me convence es el propio personaje; se supone que tiene que ser una niña con una personalidad magnética, arrolladora, compleja, y muy madura para su edad, pero a mí me pareció una cría un poco repelente, y entonces me costó más trabajo empatizar con ella. Esta peli no está durando mucho en los cines (en Madrid o Barcelona no sé, pero en mi modesta ciudad provinciana sólo ha estado unas dos semanas). Yo os recomiendo que la veáis, si queréis sumergiros en un relato futurista, intimista, con fotografía espectacular, ambiente gélido y paisajes invernales, máquinas que son más humanas que las personas, y un gato robot. Muy bonita.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Juego de tronos: Mundos medievales

Esta historia transcurre en una época indefinida, que se parece mucho a la Edad Media, y en un lugar llamado Poniente, un continente formado por siete reinos, donde las estaciones pueden durar años y el invierno es muy crudo y terrorífico. Poniente está separado de los territorios del Norte por un enorme muro de hielo, vigilado por la Guardia de la Noche, para proteger a sus habitantes de los peligros del exterior. Se dice que al otro lado viven los Otros, unos seres espectrales y feroces que caminan por la nieve y devoran a todo el que pillan a su paso (una especie de zombies de leyenda), y que cada vez están más cerca del muro. Pero no es esa la única amenaza que se cierne sobre Poniente. Se avecina una guerra por el gobierno de los Siete Reinos y el poder de sentarse en el Trono de Hierro. Hace 15 años, en una guerra civil, Robert Baratheon expulsó a la familia real, los Targaryen, y se proclamó rey de Poniente. Ahora, el heredero exiliado Viserys Targaryen, prepara un plan para recuperar el trono. Para ello, ha casado a su hermana, la joven y angelical Daenerys, de largos cabellos plateados, con Khal Drogo, el líder de los Dothrakis, una tribu de bárbaros muy bárbaros y muy brutos, para formar una alianza y conquistar Poniente. Al mismo tiempo, dentro de los reinos, se desarrollan numerosas intrigas, luchas de poder, y conspiraciones, en un ambiente de política y violencia, donde para que no te maten se necesita saber manejar la espada tanto como usar el cerebro y medir las palabras.

Juego de tronos es la adaptación a la pequeña pantalla de la primera novela de Canción de hielo y fuego, una saga literaria escrita por George R. R. Martin, que contará con siete libros, de los cuales se han publicado cinco por el momento. Lo que hemos visto hasta ahora es la primera temporada, compuesta por diez capítulos. En abril del año que viene, al parecer, se estrenará en USA la segunda, Choque de reyes, y mientras tenga éxito, se seguirá haciendo una temporada por cada novela, supongo (en el mundo de las audiencias nunca se sabe). Esta primera etapa ha tenido mucho éxito, y no es para menos; las palabras con las que mejor puedo definir esta serie son dos: adictiva y fascinante. Desde el principio me enganchó (a mí y a casi todo el mundo que la ha visto, creo yo), esta historia épica y de fantasía, un relato de caballeros y princesas donde la mayoría de los personajes muestran su naturaleza más oscura y ambigua. Porque la ambigüedad es lo que domina en el comportamiento de los protagonistas (como en la vida misma). Aquí no hay maniqueísmo y cada personaje tiene su historia, traumas y secretos confesados o inconfensados; hay patriarcas honorables, guerreros salvajes, reyes lujuriosos, reinas maquiavélicas, chicas que quieren ser princesas, niñas que juegan con espadas, príncipes psicópatas, prostitutas y damas valerosas. Hay un bastardo atormentado (y muy guapo, todo hay que decirlo), un enano cínico y carismático y una chica dragón. Hay héroes oscuros, muchos personajes ambiciosos, y algunos totalmente perturbados. Entre los protas yo destacaría a Lord Stark, que se come la pantalla con su imponente presencia; Viserys Targaryen, odioso, irascible y guapísimo; Joffrey, el niño príncipe más hijo de puta que se haya visto en la pantalla, impresionante; y el que todos estabais esperando: Tyrion Lannister, el Gnomo, interpretado por el maravilloso Peter Dinklage.














El estudio de los caracteres es tan importante como las escenas de acción y los paisajes de leyenda. Los diálogos son tan poéticos como contundentes. La fotografía, espectacular, y la música te envuelve desde los títulos de crédito iniciales. Pero aún hay más. ¿Queréis violencia, sexo y palabras malsonantes pronunciadas en los momentos más oportunos? También los hay. ¿Queréis una historia inteligente, con conspiraciones, fantasía y aventuras? Estáis de enhorabuena. Esta vez no llevo la contraria a la mayoría y me uno a las legiones de fans de Juego de tronos. Bienvenidos a Invernalia.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Cisne negro: La bailarina obsesionada

Nina Sayers es una brillante bailarina de una compañía de ballet de Nueva York, que vive totalmente obsesionada con la perfección. La compañía va a representar una nueva versión de El lago de los cisnes, y el director, Thomas Leroy, está buscando una sustituta para la bailarina principal, Beth Macintyre, que se va a retirar porque tiene ya una cierta edad (y no es que lo acepte muy bien, precisamente). Nina trabaja sin descanso para conseguir el papel protagonista, el de la Princesa Cisne, que tiene la dificultad añadida de que es un doble personaje: el Cisne Blanco, toda candor y pureza, y su reverso oscuro, el Cisne Negro. La disciplina de la bailarina es infinita y su técnica perfecta, pero Thomas opina que le faltan la pasión y la espontaneidad necesarias para interpretar al Cisne Negro, un personaje lleno de sensualidad y lujuria. Sin embargo, Lily, otra bailarina recién llegada a la compañía, sí que parece poseer dichas cualidades, por lo cual se convierte en la principal rival de Nina. Sometida a tanta presión y a la difícil convivencia con su dominante madre, la mente de Nina comienza a jugarle malas pasadas…

Cisne negro (Black swan) es el quinto largometraje de Darren Aronofsky, realizador que, hasta ahora, no sigue reglas muy comerciales y que tiene su estilo propio, por lo cual se ha convertido en director de culto para todos, o casi todos, los cinéfilos. Mi opinión sobre sus obras está dividida: algunas de las películas que he visto de él me han gustado y otras no. Cisne negro pertenece al grupo de sus películas que no me han gustado, junto con Réquiem por un sueño (sí, su obra maestra). Las dos son cintas de gran calidad, con brillantes actuaciones (Ellen Burstyn está inmensa en Réquiem por un sueño), que narran historias duras, sin concesiones, y transmiten emociones radicales y extremas. Y por eso mismo no me gustan: demasiado sufrimiento para mí, demasiado recrearse en el morbo y el drama de forma un poco gratuita (o no). Es cine de alto nivel, pero hay espectadores que no están preparados para esas dosis de la realidad más sórdida, y yo soy una de ellos. Cisne negro tiene un estilo muy parecido a Réquiem por un sueño: ambas comparten una atmósfera claustrofóbica y obsesiva y relatan el descenso a los infiernos, o más bien, la caída en picado, de sus protagonistas, a través de un sendero de locura. La forma de narrar los hechos hace que los espectadores nos veamos inmersos (demasiado inmersos para mi gusto), en ese mundo alucinado de pesadillas, sin posibilidad de vuelta atrás. Réquiem por un sueño nos muestra la caída de sus personajes en el mundo de la drogadicción, en lo que se convierten y a lo que son capaces de llegar por seguir en ese paraíso artificial. En Cisne negro, la autodestrucción de Nina se produce por el deseo de tener éxito y ser la mejor, en un ambiente de estrés y competitividad. Todo eso, unido al carácter autoexigente, autodestructivo y obsesivo-compulsivo de la bailarina, hacen de su cerebro una bomba de relojería que la lanza a la paranoia total. Y en eso se convierte la película a medida que va avanzando el metraje: en una paranoia donde no sabemos lo que es real y lo que es fruto de la mente perturbada de Nina. La cinta está plagada de pesadillas, alucinaciones, alguna escena de sexo morbosillo, otras escenas con autolesiones y objetos punzantes, junto con momentos de gran belleza y estética (sí, también hay bonitas escenas de ballet). Elementos todos que se unen para que el espectador lo pase muy bien y/o muy mal sintiendo la angustia y el desequilibrio de la pobre Nina. Natalie Portman, como sabemos, es la actriz protagonista, y como sabemos, ganó el oscar este año. La verdad es que realiza una actuación impresionante, tanto en el registro de pobre chica nerviosa, disciplinada y reprimida, como en el de alma atormentada, desequilibrada y paranoica. También aparecen Vincent Cassel, Mila Kunis y la ya vieja gloria Barbara Hershey, en papeles que les van como anillo al dedo, pero el alma de la película y la que lleva todo el peso, desde luego, es Natalie. También es de destacar la intervención de otra antigua gloria, Winona Ryder, en el personaje de Beth, la bailarina que se ve obligada a retirarse; un papel breve, pero intenso, que parece guardar algún paralelismo con su propia carrera.

Bueno, pues si queréis disfrutar, sufrir y sumergiros en los desvaríos y excesos de la mente de una pobre chica torturada por la búsqueda de la belleza, os recomiendo que veáis Cisne negro, si no la habéis visto, que seguro que sí. A mí, personalmente, estas cosas no me van, pero reconozco que la peli es original, impactante y no deja indiferente a nadie.